Repeticion Oracion · tomo XI-A
REPETICIÓN DE LA ORACIÓN SOBRE LA LECTURA EN VOZ ALTA
23 [104,XI, 150-152] REPETICIÓN DE LA ORACIÓN SOBRE LA LECTURA EN VOZ ALTA Consejos sobre la forma de leer bien en público.
Como uno de los preguntados se excusase por no haber oído bien el tema de la oración, san Vicente dijo: Es verdad; yo también me he dado cuenta de que se lee demasiado bajo.
Hermano, lee usted demasiado bajo y un poco aprisa; por favor, ponga cuidado en ello.
Demasiado baja, la lectura se oye con dificultad; demasiado rápida, cuesta entenderla, ya que la inteligencia no capta enseguida las cosas.
La semana pasada, le pedí al lector que leyera más pausadamente, para dejar tiempo a que las verdades se imprimiesen mejor en el espíritu y para dar mayor facilidad a la reflexión.
Cuando la lectura es precipitada, no se comprende nada, todo pasa y nada queda.
Por ese motivo la iglesia ordena que la lectura se haga pausadamente.
Incluso ha establecido para ello un oficio especial.
Dios ha querido que hubiera un orden para esto; estableció con su sangre un cúmulo de gracias para que el lector se haga oír bien del pueblo cuando lee la sagrada Escritura en voz alta, clara y pausadamente.
Cuando uno lee así, se diría que cada una de sus palabras golpea y conmueve el corazón.
Desgraciadamente, muchos no cumplen con esta regla; también hemos de reconocer que otros son fieles, gracias a Dios, y que su lectura conmueve a los oyentes y a mi mismo, que soy tan miserable.
Parece como si comunicaran a los que oyen el espíritu que les anima a ellos mismos.
Si sus palabras llevan la gracia, es porque son ellos los primeros en atender, escuchar y conmoverse.
¡Quiera Dios que ________ Conferencia 23.
— El día en que San Vicente dio esta repetición, de la que sólo existe una traducción italiana en los archivos de la Misión, Renato Almerás, era, al parecer, asistente de la casa madre.
Esta indicación nos permite situarla entre 1642 y 1646, o bien entre 1654 y 1660. 69
tengamos este espíritu!
Sí, ¡quiera Dios que sea así!
Pidámosle esta gracia y, para obtenerla, ofrezcámosle de antemano nuestra lectura, rogándole que la haga provechosa, a pesar de nuestros pecados, a las personas presentes y que las toque con su gracia.
Hay que leer, repito una vez más, con pausa y claramente, de forma que no se pierda nada.
De una lectura rápida no se saca ningún fruto, no queda nada.
Le pido a la compañía que adopte esta práctica, que siguen ya otros muchos; así, la palabra divina que anunciamos dará gloria a Dios y será útil a las almas.
Dirigiéndose al padre Almerás, dijo: Me parece, padre, que los sacerdotes están privados de este beneficio; en nombre de Dios, ponga orden en ello; también hemos de tomar parte en la lectura, lo mismo que en el servicio a la mesa.
Sobre todo, que la compañía quiera tener lectura en la mesa; se lee demasiado rápido, como si hubiese prisa.
Es verdad, lo reconozco, que desde hace algún tiempo los lectores son más lentos y se paran al final de las frases; pero no basta; hay que leer la frase pausadamente, lentamente, sin prisas, detenerse luego y volver a comenzar la siguiente.
¿Cómo comprender, si no se hace así?
Nuestro espíritu es como un recipiente pequeño de cuello muy estrecho; hay que echar el agua poquito a poco, en hilillo, para que no se pierda nada y se llene el recipiente; si se le echa rápidamente y de golpe, penetrará muy poco, y quizás nada.
De la misma forma, con una lectura rápida, porque entonces se queda siempre atrás y no puede pararse en ninguna parte.
Y no se saca ningún fruto.
Les ruego a todos los que lean que en adelante se fijen en esto y que eleven de vez en cuando a Dios su corazón durante la lectura, pidiéndole que grabe bien en los espíritus de los oyentes lo que se lee, y que sobre todo aproveche al lector.
El padre Vicente añadió que había diferencia entre leer lentamente y leer pausadamente. 70
24.
ALOCUCIÓN SOBRE LA CARIDAD Y LA UNIÓN (FINALES DE 1646) Sólo la unión nos permite subsistir en Jesucristo y atraer a las almas.
Estad siempre unidos y Dios os bendecirá; pero que esta unión sea por la caridad de Jesucristo, ya que toda otra unión que no esté cimentada con la sangre de este divino Salvador no puede subsistir.
Por tanto, tenéis que estar unidos entre vosotros en Jesucristo, por Jesucristo y para Jesucristo.
El Espíritu de Cristo es un espíritu de unión y de paz; ¿cómo podríais atraer a las almas a Jesucristo si no estuvieseis unidos entre vosotros y con él mismo?
De ninguna manera.
Por tanto, no tengáis más que un mismo sentimiento y una misma voluntad; si no, seríais como los caballos que, atados a un mismo carro, se pusieran a tirar los unos de un lado, los otros de otro, y acabarían por estropearlo y destrozarlo todo.
Dios nos llama para que trabajemos en su viña.
Id, pues, como si no tuvierais en él más que un solo corazón y una misma intención; de esta manera es como produciréis fruto.
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