Conferencia · tomo XI-A
EXTRACTO DE UNA CONFERENCIA 1 SOBRE LA OBRA DE LOS ORDENANDOS
25 [105,XI, 152-153] E XTRACTO DE UNA CONFERENCIA 1 SOBRE LA OBRA DE LOS ORDENANDOS Sólo por la práctica de la humildad podrá la compañía canservar la obra de los ordenandos y hacer en ella algún bien. ________ Conferencia 24.
— L.
ABELL Y, o. c., II, cap. 1, 145-146.
San Vicente se dirige a los misioneros que marchan a Irlanda: los padres Juan Bourdet, Gerardo Brin, Edmundo Barry, Francisco White, Dermot Duggan; dos clérigos, Felipe Le Vacher y quizás Tadeo Lye; dos hermanos coadjutores, Pedro Leclerc y Salomón Patriarche.
Esta alocución no figura en la edición de Coste.
Conferencia 25.
— Ms. du frère Louis Robineau. 1.
San Vicente se atribuye aquí 67 años, esta conferencia tiene que ser de 1647 o de los primeros meses de 1648. 71
Hace 67 años que Dios me soporta en la tierra; pero, después de haber pensado y repensado muchas veces para encontrar un medio de adquirir y mantener la unión y la caridad con Dios y con el prójimo, no he encontrado ningún otro que la santa humildad; es el primer medio, el segundo, el tercero, el cuarto y el último.
No conozco ningún otro: rebajarse por debajo de todo el mundo, estimarse el más malvado y miserable de todos.
Porque, fijaos, hermanos míos, el amor propio nos ciega mucho.
Vuestro hermano lee bien, pero vosotros oís mal; él lo explica bien, pero vosotros no comprendéis.
El león, con toda su fiereza, si ve que una persona se humilla ante él y se pone de rodillas, no le hará ningún daño.
Mientras nos mantengamos en el espíritu de humildad, tendremos motivos para esperar que Dios nos seguirá dando la dirección de los ordenandos; pero, si alguna vez se nos ocurre actuar con ellos como de maestro a discípulos, sin respeto ni humildad, adiós ese cargo; se lo darán a otros, y sucederá que en lugar de dirigir a otros ni siquiera podremos dirigirnos a nosotros mismos.
Sé muy bien que algunos tienen sus razones para actuar con más autoridad; pero, para la Misión, yo no creo ni veo que sea ese el espíritu con que tiene que obrar, ni que pueda producir así mucho fruto.
Si algunos de los ordenandos cometiese alguna falta, hemos de atribuirnos la causa a nosotros mismos. 26.
C ONFERENCIA SOBRE LA COMUNIÓN FRECUENTE (1648?) En otra ocasión, hablando a la comunidad sobre este mismo tema, les dijo que pidieran a Dios que les diese el deseo de comulgar con frecuencia, pues había motivos para gemir delante de Dios y entristecerse al ver cómo se enfriaba esta devoción entre los cristianos, debido en parte a las nuevas opiniones. ________ Conferencia 26.
— L.
ABELL Y, o.c., III, 77-78.
Esta conferencia no figura en la edición de COSTE.
Las ediciones de L.
A BELL Yde 1667, 1668, etc., hacen mención de ella sin reproducirla (II, 45-46).
P .
COLLET da en la edición de 1748 un extracto más corto y modifica algunas palabras (T.
II, l.
VII, P . 137.
Cfr.
Vie abrégée.
Paris, 1764. p. 388). 72
Hablando de esto con el superior de una santa compañía y con otro que era un gran director de almas, al preguntarles s; veían ahora acercarse al confesionario y recibir la comunión a tantas personas como antes, éstos le dijeron que la frecuencia y el número había disminuido mucho; que, sin embargo, la eucaristía era el pan cotidiano que nuestro Señor quiso que se le pidiese y que los primeros cristianos tenían costumbre de comulgar todos los días, pero que ciertos nuevos advenedizos habían apartado de ello a mucha gente, y que no era extraño que se les escuchase, dado que la naturaleza se complacía en ello y que los que seguían sus inclinaciones abrazaban con gusto estas nuevas opiniones, que parecían aliviarles al quitarles la preocupación y el esfuerzo que se requieren para ponerse y mantenerse en las disposiciones necesarias para recibir digna y frecuentemente la sagrada comunión.
Tomo XI-A · página PDF 55Añadió que había conocido a una señora de elevada condición y piedad, que por consejo de sus directores siguió comulgando durante mucho tiempo los domingos y jueves de cada semana, pero habiéndose puesto luego en manos de un confesor que seguía esta nueva doctrina, por no sé qué curiosidad y afectación de mayor perfección, se había apartado de esta santa práctica, comulgando al principio solamente una vez cada ocho días, luego cada quince, luego una vez al mes, etc..., y habiéndolo dejado una vez más de ocho meses, un día se puso a reflexionar en sí misma y se vio en un estado muy deplorable, muy llena de imperfecciones y expuesta a cometer un gran número de faltas, a complacerse en la vanidad, a dejarse dominar por la cólera, por la impaciencia y por las demás pasiones y, finalmente, muy distinta de como había sido antes de apartarse de la sagrada comunión.
Quedó entonces muy extrañada e impresionada, y se dijo llorando: «¡Desgraciada de mí!
¡En qué estado me encuentro ahora!
¡De dónde he caído y a dónde me llevarán todos estos desórdenes y arrebatos!
¿A qué se debe este cambio tan desdichado?
Se debe sin duda a que dejé mi primera dirección y escuché los consejos de estos nuevos directores, que son muy perniciosos, ya que producen tan malos efectos, como he podido palpar por propia experiencia». «¡Dios mío!
¡que me abres los ojos para reconocerlo, dame la gracia de separarme por completo de ellos!». 73
Se separó de sus nuevos directores y renunció a sus peligrosas máximas que la habían destrozado y casi echado a perder; siguió otros consejos más saludables y volvió a sus prácticas anteriores, frecuentando como antes los sacramentos con las disposiciones requeridas.
Y así encontró el descanso de su conciencia y el remedio para todos sus defectos.
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