Conferencia · tomo XI-A
CONFERENCIA DEL 1 DE OCTUBRE DE 1649 1 SOBRE LAS VIRTUDES DEL HERMANO SIMON BUSSON2
1 DE OCTUBRE DE 1649
27 [106,XI,153-155] C ONFERENCIA DEL 1 DE OCTUBRE DE 1649 1 SOBRE LAS VIRTUDES DEL HERMANO SIMON BUSSON2 Este hermano no tenía un solo defecto Después de haber preguntado a cinco miembros de la comunidad, el padre Vicente concluyó con estas palabras: ¡Qué cosas tan bonitas, padres míos, qué cosas tan bonitas hemos oído de nuestro hermano coadjutor, que sólo ha estado con nosotros 2 ó 3 años! 3.
¡He aquí un montón de virtudes abundantes, hermosas y divinas!
¡Dios mío!
¡Dios mío!
¡Sea siempre bendito tu santo nombre.
Este es un gran motivo de estímulo para nuestros hermanos, un gran ejemplo de edificación para nuestros clérigos y una causa de confusión para mí, miserable, que os he escuchado y que soy un gran pecador...
¡Dios mío!...
El padre Duval, que era un gran doctor de la Sorbona, grande sobre todo por la santidad de su vida, me dijo un día: «Mire, padre, cómo esas buenas personas nos disputan la puerta del cielo y nos la ganan» 4.
¿Cómo puede ser esto?
¿Es que la ciencia y las demás cualidades honorables impiden nuestra santificación?
No; son nuestras propias miserias. ________ Conferencia 27.
— Notices sur les prétres, clercs et frères défunts de la Congrégation de la Mission.
Paris 1885, 1re série, t.
Il, p. 437. 1 Conocemos el día de la conferencia por el autor de la nota biográfica del hermano Simón Busson; el año, por la carta que escribió San Vicente a Renato Almeras el 11 de septiembre de 1649. 2 Muerto el 6 ó 7 de septiembre de 1649. 3 En su carta a Renato Almeras, dice San Vicente con mayor exactitud: «dieciocho o veinte meses»; según el catálogo del personal, Simón Busson ingresó en la Congregación «por cuaresma de 1648». 4 Cfr.
Mt 21.31. 74
Lo que he de deciros con ocasión de esta conferencia, es que jamás he observado un solo defecto en este joven, ni uno solo.
Cuando le hablaba me parecía ver en él un ángel sin mancha, un hombre prevenido por la gracia, llena de humildad, de obediencia, de mortificación, de mansedumbre, de piedad, de fervor.
Todas esas virtudes las tenía, al menos en un grado más que mediano.
Entonces, un hermano que ya había hablado y quería añadir algún detalle interrumpió al padre Vicente.
Este le pidió que callara.
Hermano, pronto van a tocar a coro y hay tantas cosas que decir sobre las virtudes que hemos observado en este buen joven, que no bastaría con unas cuantas horas.
Hay aquí tantas personas que lo han conocido, que no queda tiempo para que puedan comunicarnos todo el bien que en él han observado.
Por eso no sé si convendrá dejar este tema para otra conferencia para la edificación común y para excitar nuestra frialdad; ya lo pensaremos.
Esperando que todo esto haya sido para la gloria de Dios y edificación de la congregación, le pido a Dios que nos dé la gracia de aprovecharnos del suave olor que se ha esparcido por nuestros corazones.
¡Si las virtudes pudieran verse lo mismo que se ven las plantas que brotan de la tierra, cuánto se las podría apreciar entonces en un pobre cuerpo!
Si penetrásemos más adentro, encontraríamos cosas todavía más hermosas que las que se han dicho.
Entretanto, démosle todos juntos gracias a Dios por las que concedió a este buen hermano Simón y roguémosle que nos dé la gracia de imitar sus virtudes.
In nomine Domini!
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