Conferencia · tomo XI-A

C SOBRE LA CASTIDAD

30 DE JULIO DE 1655

Tipo
Conferencia
Tomo
XI-A
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su santa gracia!

Pido a la compañía que ponga en esto especial atención, y al padre Admirault que se fije en los que faltan y tome nota para avisarles luego.

¿No os acordáis, hermanos míos, de lo que os dije en cierta ocasión?

En la música, el que aprende un motete y quiere luego aprender un segundo y un tercero, encuentra más facilidad para aprender el segundo que la que tuvo para el primero, y el tercer motete lo aprenderá todavía con mayor facilidad.

Del mismo modo, hoy nos cuesta hacer un acto de virtud, un acto de religión; la segunda vez, nos costará menos; la tercera, menos que la segunda; y así llegaremos a perfeccionarnos cada vez más.

¿No os acordáis también de lo que antes os dije?...

Pero, en fin, no quiero cansaros más; lo dejaremos aquí, si os parece.

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De forma que el padre Vicente tuvo entonces algún motivo para no acabar lo que había ya empezado; y así terminó encomendando a las oraciones de la compañía a los que lo habían pedido, y recibiendo las humillaciones de algunos que pidieron perdón a Dios por algunas faltas que habían cometido. 50 [127,XI,208-210] C ONFERENCIA DEL 30 DE JULIO DE 1655 SOBRE LA CASTIDAD El padre Vicente exhorta a los misioneros a tener mucho amor a la castidad.

Cita el ejemplo de san Ignacio y de los jesuitas.

Bien, padres, pidamos insistentemente a Dios esta virtud de la pureza.

Si tenemos esta virtud, ella nos traerá otras muchas. ________ ocasión de forma que la reverencia interior prevenga y acompañe siempre a la exterior.

Dios quiere ser adorado en espíritu y en verdad, y todos los verdaderos cristianos deben portarse de esta forma, según el ejemplo del Hijo de Dios que, postrándose rostro en tierra en el huerto de los olivos, unió a esta devota postura una humillación interior muy profunda, por respeto para con la majestad soberana de su padre».

Conferencia 50.

— Recueil de diverses exhortations, p. 84. 126

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Si no la tenemos, estamos perdidos, la Misión está perdida.

Nosotros tenemos especial necesidad de ella, ya que continuamente estamos en la ocasión.

¡C)h Salvador, concédenos la gracia de honrar esa admirable pureza que tú quisiste tener en la tierra!

Mañana celebramos la fiesta de un gran santo, san Ignacio, que poseyó de manera excelente esta virtud y la trasmitió a esa grande y santa compañía que fundó.

Al comienzo de esa compañía, todos se sentían admirados de ver vivir a aquellos jóvenes con tanta pureza, aunque continuamente en la ocasión.

Preguntaron un día a uno de sus padres qué es lo que hacían para conservarse con tan gran pureza; él respondió que llevaban sobre sí una cosa que les preservaba de caer: la sobriedad y la guarda de los sentidos exteriores.

¡Quiera la bondad de Dios hacernos partícipes de ese espíritu que tan abundantemente derramó sobre aquella santa compañía!

Procuremos imitarla en esto: sobriedad, guarda de los sentidos, y utilizar los demás medios que se han dicho para conservarnos en tan gran pureza.

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Pero el medio de los medios es recurrir frecuentemente a nuestro Señor en todas las ocasiones, a cada hora; recurrir a nuestro Señor y tener mucha devoción a su pureza y a la de la santísima Virgen.

Pidámosle esta gracia; el corazón me dice que, si insistimos en esto, nos dará su misericordia.

Los sacerdotes que no tengan una obligación particular, celebrarán mañana por esta intención; los hermanos no comulgarán mañana, pero el domingo se lo pedirán a Dios y le ofrecerán para ello su comunión, para que Dios quiera dar este precioso don a la compañía.

¡Cuánto me edificó el otro día lo que me escribió uno de nuestros hermanos, que está entre los salvajes!

Los hombres y las mujeres van casi desnudos; él está entre ellos y los ve; pero ¿qué digo?, no se atreve a verlos ni a mirarlos, y por eso se ve libre de impurezas.

¡Oh Salvador!

Se lo decía hace poco a las damas de la caridad, que se llenaron de consuelo, al ver cuán poderosamente Dios asiste en las ocasiones.

Es lo que le pediremos a Dios, si os parece bien, por intercesión de nuestra Señora, de san José, de nuestros ángeles custodios, de san Pedro y de san Ignacio. 127

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VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

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