Conferencia · tomo XI-A

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17 DE OCTUBRE DE 1655

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Conferencia
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XI-A
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mo?

Sí, los misioneros han sido enviados a evangelizar a los pobres.

¡Qué dicha hacer en la tierra lo mismo que hizo nuestro Señor, que es enseñar el camino del cielo a los pobres!

Los medios para esto consisten en tener cuidado de enderezar la intención al comienzo de cada acto que hagamos, diciéndole a Dios: «Dios mío; esto lo voy a hacer por tu amor; por tu amor voy a dejar esta cosa para hacer esta otra».

Porque fijaos, padres y hermanos míos, la buena intención que formamos al comienzo de nuestras acciones es como la forma.

Verbi gratia, lo mismo que para el bautismo no basta con echar agua al niño — que es sólo la materia — para que quede bautizado, sino que se necesita además la intención y las palabras, que son la forma; de otra manera el niño quedaría sin bautizar, del mismo modo la buena intención que formamos al comienzo de nuestras acciones, que tienen que ser hacerlas por amor a él, las eleva hasta el trono de la Majestad de Dios y las hace merecedoras de la vida eterna.

Pidámosle a Dios que nos conceda esta gracia de hacer siempre y en todas las cosas su santa y adorable voluntad y de adquirir esta práctica.

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¡Quiera Dios concedernos esta gracia! 66 [143, XI, 316-320] R EPETICIÓN DE LA ORACIÓN DEL 17 DE OCTUBRE DE 1655 No hay que sacrificar al trabajo los ejercicios de piedad.

La perfección consiste en la conformidad con la voluntad de Dios.

La práctica de esta conformidad vale más que la práctica de la presencia de Dios.

El padre Vicente, interviniendo en la repetición de la oración de Un hermano coadjutor que, poniéndose de rodillas, pidió perdón a Dios y a la compañía por el escándalo que decía haber dado a la misma compañía por haber dejado de asistir a los ejercicios de la comunidad, como la oración de la mañana, los exámenes, etc., con el pretexto de tener que trabajar, le dijo: Hermano, en adelante no deje usted de asistir a los ejercicios de la comunidad, y esté seguro de que no perderá nada con ello, ________ Conferencia 66.

— Manuscrit des répétitions d'oraison, fº 34. 210

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y que Dios suplirá el tiempo que haya usted empleado en servirle y haya permanecido en este lugar.

¿No se acuerda de lo que se dice que le pasó a san Isidro, que era labrador?

Era un criado, que labraba la tierra y que, cuando iba al campo por la mañana para labrar las tierras de su amo, dejaba su arado y se iba a oír la santa misa, cuando oía que tocaban las campanas.

Y lo que nuestro Señor hizo en favor de su siervo fue que, cuando su amo se puso a gritarle de que abandonaba de esta forma sus mulas y su arado en el campo y se iba a oír la santa misa, entonces el buen san Isidro le dijo: «Es verdad, amo, pero le ruego que se fije cómo al cabo del año he hecho tanto trabajo como los demás labradores, mis vecinos; tengo la misma tierra que labrar que ellos, trabajo sus tierras tanto como lo hacen ellos las suyas, usted no tiene más caballos que ellos y, a pesar de todo, realizo la misma obra que ellos».

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Y como aquel dueño estuviera cavilando cómo efectivamente podía hacer toda aquella faena con tanta prontitud, Dios le dio a conocer cómo él se cuidaba de que se hiciera el trabajo de su siervo mientras que él oía misa, y cómo le resultaba muy agradable aquella obra de oír la santa misa todos los días.

La perfección no consiste en éxtasis, sino en cumplir bien la voluntad de Dios.

¿Qué es la perfección?

Me parece que quiere decir una cosa a la que no le falta nada; pues bien, ¿qué hombre tiene la perfección hasta el punto de que no le falte nada, si ningún hombre es perfecto y hasta el justo peca siete veces al día? 1 Podemos figurarnos dos clases de perfecciones; una más perfecta y en el último grado de perfección, y la otra menos perfecta.

Por ejemplo, cuando vemos a un hombre bien proporcionado en todos sus miembros, con un rostro hermoso y bien formado, decimos: he aquí un rostro y un cuerpo hermoso, he aquí un hombre al que nada le falta, he aquí un cuerpo perfecto.

Por otra parte, vemos a otros a los que les falta mucho de todo esto, a unos más y a otros menos, pero todos muy distantes de la perfección del primero.

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Pues bien, eso mismo digo de la perfección de los hombres de aquí abajo en la tierra.

El Hijo de Dios hecho hombre tenía la perfección primera de la que acabo de hablar; no le faltaba nada; era perfectísimo en todo.

En ________ 1 Prov 24,16. 211

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la segunda están los hombres, que son imperfectos en muchas cosas, ya que solamente el Hijo de Dios y la santísima Virgen, su madre, han llegado a ese primer grado de perfección que acabo de mencionar.

Del religioso se dice que está en estado de perfección, no que sea perfecto; pues hay que establecer una diferencia entre estado de perfección y ser perfecto; como acabo de decir, aunque el religioso haya hecho lo que dijo nuestro Señor, esto es, vender todos los bienes y dárselos a los pobres 2, no por eso es perfecto, aunque esté en un estado de perfección.

Pues bien, ¿quién será el más perfecto de entre los hombres?

Será aquel cuya voluntad sea más conforme con la de Dios, de forma que la perfección consiste en unir nuestra voluntad con la de Dios hasta tal punto que la suya y la nuestra no sean, propiamente hablando, más que un mismo querer y no querer; el que más sobresalga en este punto, será el más perfecto.

Pues ¿qué es lo que le dijo nuestro Señor a aquel hombre del evangelio, al que quería enseñar el medio de llegar a la perfección? «Sí quieres venir detrás de mí, le dijo, renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme» 3.

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Pues bien, ¿quién renuncia más a sí mismo que el que no hace nunca su voluntad, sino que hace siempre la de Dios?

¿Y quién es el que se mortifica más?

Y si, por otra parte, se dice en la sagrada escritura que el que se une a Dios se hace un solo espíritu 4.

Os pregunto: ¿quién es el que se une más a Dios que el que no hace nunca más que la voluntad del mismo Dios, y nunca la suya propia, y no quiere ni desea otra cosa más que lo que Dios quiere o no quiere?

Decidme, por favor, padres y hermanos míos, si sabéis de alguien que se adhiera más a Dios y, por tanto, esté más unido a Dios que éste.

Pues si es verdad que nadie renuncia tanto a sí mismo ni sigue tan perfectamente a nuestro Señor como el que conforma por completo su voluntad con la de Dios, ni se une tan perfectamente al mismo Dios como el que no quiere más que lo que él quiere o no quiere, hay que concluir necesariamente que ningún hombre está tan perfectamente unido a Dios, formando un ________ 2 Cfr.

Mt 19,21. 3 Mt 16,24. 4 1 Cor 6,17. 212

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solo espíritu con él, como el que hace lo que acabo de decir.

¡Oh, padres y hermanos míos, si consideramos bien todo esto, veremos aquí un medio de adquirir en esta vida un gran tesoro de gracias!

La práctica de la presencia de Dios es muy buena, pero me parece que adquirir la práctica de cumplir la voluntad de Dios en todas nuestras acciones es todavía mejor; pues esta abraza a la otra.

Por otra parte, el que se mantiene en la práctica de la presencia de Dios puede a veces no cumplir con ello la voluntad de Dios.

Además, decidme, por favor, ¿no es estar en la presencia de Dios cumplir su voluntad y procurar enderezar nuestras intenciones para ello al comienzo de cada acción y renovarla durante la misma?

¿Quién se mantiene más en la presencia de Dios, sino aquel que, desde la mañana a la tarde, hace todo lo que hace por agradarle y por su amor?

¿No es acaso un ejercicio continuo de la presencia de Dios el cumplimiento fiel de su santa voluntad?

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Venir a la oración, es hacer la voluntad de Dios y obedecer la regla que lo ordena; ir al examen, es cumplir la voluntad de Dios; hasta el comer y el cenar y el dormir en el tiempo que la regla lo manda, todo esto es cumplir la voluntad de Dios.

Y dirigiendo la palabra a los hermanos, dijo: Sí, hermanos míos, podéis ser tan agradables a Dios trabajando en vuestras tareas de cocina o de despensa como nosotros los sacerdotes predicando y enseñando el catecismo; vosotros hacéis lo que hizo nuestro Señor durante treinta años y nosotros hacemos lo que hizo durante tres años solamente.

¡Quiera Dios darnos la gracia de adquirir esta santa práctica! 67 [163, XI, 389-392] E XTRACTO DE UNA CONFERENCIA RELATO DEL MARTIRIO DE PEDRO BORGUNY EN ARGEL, 1654-1655 Coraje y fe de este joven, que prefirió la muerte antes que abrazar el Islam. ________ Conferencia 67.

— L.

ABELL Y, o.c., l.

II, cap. 1, sec. 7, art. 5, p. 111 s. 213

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No puedo menos de expresaros los sentimientos que Dios me da ante este joven del que os he hablado, y al que han matado en la ciudad de Argel 1.

Se llamaba Pedro Borguny, natural de la isla de Mallorca, de veintiuno o veintidós años solamente.

El dueño, del que era esclavo, pensaba venderlo para enviarlo a las galeras de Constantinopla, de donde ya no habría salido jamás.

Con este temor, se fue a buscar al pachá para pedirle que tuviera piedad de él y no permitiese que le enviaran a aquellas galeras.

EL pachá prometió que así lo haría, con tal que tomase el turbante.

Para obligarle a cometer esta apostasía, utilizó todas las persecuciones que se le ocurrieron y finalmente, añadiendo las amenazas a las promesas, lo asustó de tal forma que le hizo renegar.

Pero aquel pobre muchacho conservaba siempre en su corazón los sentimientos de estima y de amor a su religión y cometió aquella falta solamente por miedo a caer en aquella cruel esclavitud y por deseo de facilitar la recuperación de su libertad.

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Incluso les declaró a algunos esclavos cristianos que le reprochaban su crimen que, si era turco por fuera, en el alma seguía siendo cristiano.

Y poco a poco, reflexionando en el grave pecado que había cometido renunciando externamente a su religión, se sintió tocado de un verdadero arrepentimiento.

Y al ver que sólo podía expiar su cobardía con la muerte, se decidió a ello, antes que vivir más tiempo en aquel estado de infidelidad.

Les manifestó a algunos este plan y para poder ejecutarlo empezó a hablar abiertamente en favor de la religión cristiana y en contra del mahometismo, y decía de este asunto todo lo que le podía sugerir una fe viva, en presencia incluso de algunos turcos, y sobre todo de los cristianos.

Seguía temiendo sin embargo la crueldad de aquellos bárbaros y, al pensar en el castigo tan riguroso que le harían sufrir, temblaba de terror. «A pesar de todo — decía — , espero que nuestro Señor me asistirá; él murió por mí; es justo que yo muera por él».

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Finalmente, impulsado por los remordimientos de su conciencia y por el deseo de reparar la injuria que le había hecho a Jesucristo, tomó la generosa resolución de ir a ver al pachá y, una vez en su presencia, le dijo: «Tú me has se________ 1 El 30 de agosto de 1654.

El relato de Felipe Le Vacher a Propaganda Fide sobre este mártir fue impreso en la Vida y martirio del siervo de Dios Pedro Borguñy, Mallorca 1820, 117-146. 214

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ducido, obligándome a renunciar a mi religión, que es la buena y la verdadera, y haciéndome pasar a la tuya, que es falsa.

Pues bien, te declaro que soy cristiano; y para mostrarte que abjuro de buena gana tu creencia y la religión de los turcos, rechazo y detesto el turbante que me has dado».

Y con estas palabras tiró por tierra el turbante y lo pisoteó, diciendo: «Sé que me harás morir, pero no me importa, porque estoy dispuesto a sufrir toda clase de tormentos por Jesucristo, mi Salvador».

Efectivamente, el pachá, irritado por aquel atrevimiento, lo condenó inmediatamente a ser quemado vivo.

Le desnudaron, dejándole solamente un calzón, le pusieron una cadena al cuello y le cargaron con un gran poste, donde sería atado y quemado.

Al salir de esta forma de la casa del pachá para ser llevado al lugar del suplicio, al verse rodeado de turcos, de renegados y hasta de cristianos, dijo en voz alta estas hermosas palabras: «¡Viva Jesucristo y triunfe para siempre la fe católica, apostólica y romana!

No hay ninguna otra en la que sea posible salvarse».

Y dicho esto, se fue a sufrir el fuego y a recibir la muerte por Jesucristo.

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Pues bien, el sentimiento mayor que me inspira esta acción tan hermosa, es que aquel valiente joven había dicho a sus compañeros: «Aunque temo la muerte, siento sin embargo algo aquí dentro (señalando entonces su frente) que me dice que Dios me dará la gracia de sufrir el suplicio que me preparen.

También nuestro Señor tuvo miedo de morir, pero aceptó voluntariamente dolores más intensos que los que yo tendré que sufrir; espero en su fuerza y en su bondad».

Le ataron al poste y encendieron fuego a su alrededor: pronto entregó a las manos de Dios su alma pura como el oro limpio en el crisol.

El padre Le Vacher, que le había seguido, estuvo presente en su martirio; aunque algo alejado, le levantó la excomunión en que había incurrido y le dio la absolución con la señal que había convenido antes con él, mientras sufría con tanta constancia.

Eso es ser cristiano; ése es el coraje que hemos de tener para sufrir y para morir, si es preciso, por Jesucristo.

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Pidámosle esta gracia y roguémosle a este santo joven que la pida para nosotros, a él que fue alumno tan aventajado de tan valiente maestro, que en tres horas de tiempo se hizo verdadero discípulo y perfecto imitador suyo, muriendo por él. 215

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