Conferencia · tomo XI-A
EXTRACTO DE UNA CHARLA , ENERO DE 1657 SOBRE EL AMOR A LOS POBRES
87 [164, XI, 392-393] EXTRACTO DE UNA CHARLA , ENERO DE 1657 SOBRE EL AMOR A LOS POBRES Servir a los más necesitados con afecto y humildad.
Dios ama a los pobres, y por consiguiente ama a quienes aman a los pobres; pues, cuando se ama mucho a una persona, se siente también afecto a sus amigos y servidores.
Pues bien, esta pequeña compañía de la Misión procura dedicarse con afecto a servir a los pobres, que son los preferidos de Dios; por eso tenemos motivos para esperar que, por amor hacia ellos, también nos amará Dios a nosotros.
Así pues, hermanos míos, vayamos y ocupémonos con un amor nuevo en el servicio de los pobres, y busquemos incluso a los más pobres y abandonados; reconozcamos delante de Dios que son ellos nuestros señores y nuestros amos, y que somos indignos de rendirles nuestros pequeños servicios. 88 [165, XI, 393-394] E XTRACTO DE UNA CONFERENCIA [ABRIL O MAYO DE 1657]. 1 SOBRE LA HUMILDAD Ejemplo de humildad del señor Olier, de san Francisco de Sales y de nuestro Señor.
Los señores sacerdotes que se reúnen aquí 2 tomaron como tema de su conferencia, el martes pasado, las virtudes que cada uno de ellos había observado en el difunto señor abad Olier 3, ________ Conferencia 87.
— L.
ABELL Y, o.c., lib.
III, cap. 11, sec. 2, p. 120.
Conferencia 88.
— L.
ABELL Y, o.c. lib.
III, cap. 13, sec. 2, p. 223. 1 Ver nota 3. 2 Los miembros de las conferencias de los martes. 3 El abad Olier murió el 2 de abril de 1657. 273
que era de su compañía; entre otras cosas que se dijeron, una de las más interesantes fue que ese gran siervo de Dios tendía ordinariamente a rebajarse en sus palabras y que, entre todas las virtudes, la que procuraba practicar de manera especial era la humildad.
Pues bien, mientras ellos hablaban, yo iba considerando los cuadros de esos santos personajes que hay en nuestra sala y decía dentro de mí mismo: «¡Señor, Dios mío!
¡Si pudiéramos penetrar debidamente en las verdades cristianas como ellos lo hicieron, y conformarnos con ese conocimiento, cuánto bien haríamos y cómo seríamos mejores de lo que ahora somos!».
Por ejemplo, deteniéndome en el retrato del bienaventurado obispo de Ginebra, pensaba que, si mirásemos las cosas del mundo con los mismos ojos con que él las miraba, si hablásemos de ellas con los mismos sentimientos con que él hablaba, y si nuestros oídos sólo estuvieran abiertos a las verdades eternas, y no más que a las mías, entonces la vanidad no tendría mucho que hacer en nuestros sentimientos y en nuestros espíritus.
Pero sobre todo, padres, si consideramos atentamente ese hermoso cuadro que tenemos ante los ojos, ese admirable original de la humildad, nuestro señor Jesucristo, ¿podríamos acaso dar entrada en nuestras almas a alguna buena opinión de nosotros mismos, viéndonos tan alejados de su prodigioso espíritu de humildad?
¿Seríamos tan temerarios que nos prefiriésemos a los demás, viendo que él fue pospuesto a un asesino? 4.
¿Tendríamos acaso miedo de que nos reconocieran como miserables, al ver al inocente tratado como Un malhechor, muriendo entre dos criminales como el más culpable? 5.
Pidámosle a Dios, padres, que nos preserve de semejante ceguera.
Pidámosle la gracia de tender siempre a nuestro rebajamiento; confesemos delante de él y delante de los hombres que por nosotros mismos no somos más. que pecado, ignorancia y malicia; deseemos que así lo crean todos, que así lo digan todos y que todos nos desprecien.
En fin, no perdamos ninguna ocasión de rebajarnos por medio de esta santa virtud.
Pero no es bastante desearlo y decidirse a ello, como muchos lo hacen; es menester hacerse violencia para llegar a la ________ 4 Cfr.
Mt 27,21. 5 Cfr.
Mt 27,28. 274
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