Introduccion · tomo XI-A
Introducción e índices del tomo
VICENTE DE PAÚL OBRAS COMPLETAS TOMO XI / 3
Tomo XI-A · página PDF 3VICENTE DE PAÚL OBRAS COMPLETAS SAN VICENTE DE PAÚL TOMO XI.
CONFERENCIAS 3 Conferencias a los Misioneros 1632 -1659 Trad. de A.
Ortiz sobre la edición crítica de P .
Coste.
Ediciones Sígueme – Salamanca : 1974. 2 Vol. [Adquiridos todos los derechos por Editorial CEME, en 1982]* ________ * Las cifras entre corchetes indican el número del documento en la edición francesa de Coste,el tomo y las páginas.
Siendo la base de la traducción española la edición de André Dodin: Entretiens spirituels aux missionnaires, Paris , Du Seuil, 1960, el orden de la edición de Coste es alterado. (N. del E.)
CONFERENCIAS 1 [83,XI, 100-102]*.
CONSEJOS EN EL RETIRO ANUAL DE 1632 Serie de recomendaciones dadas por san Vicente sobre la vida de piedad, la vida de comunidad y el trabajo de las misiones.
Entregarse enteramente a Dios para servirle en la vocación a la que ha querido llamarnos.
Estimar mucho nuestra vocación y apreciarla más que a todas las demás vocaciones del mundo, llenándonos de confusión si no la apreciamos debidamente, al ver cómo los extraños la tienen en tan gran estima y cómo nos solicitan desde varios lugares.
Tener mucho afecto a todos los reglamentos, mirándolos como medios que Dios nos presenta para perfeccionarnos en nuestra vocación.
Hacer firmes propósitos y resoluciones sólidas de guardarlos puntualmente.
Si hay algunos que quizás vayan contra nuestros sentimientos, procurar vencernos con ello y mortificarnos.
Y sobre todo tener cuidado de no demostrar en modo alguno a los demás nuestra aversión.
Buscar una tierna y cordial amistad con todos los de la casa; si por ventura le tenemos antipatía a alguien, no decírselo a na________ * La cifra entre corchetes indica el número correspondiente a la conferencia en edición francesa de Coste, el tomo y la página.
Los números de las conferencias en español coinciden exactamente con los de la edición Dodin.
N. del E.
Conferencia 1.
— Bibl. municip. de Bordeaux, ms. 803, p. 17-23.
El autor del manuscrito formaba parte de la Congregación de la Misión en 1665 (cfr. ibíd., p. 1).
Hay otra copia del siglo XVII en los Archives departamentales de l'Aube. 5.G.39. 27
die más que al superior, e intentar con toda clase de medios vencerse en esto.
Todos los que sean nombrados superiores para las misiones han de procurar seriamente que se observen con exactitud los reglamentos.
Demostrar un gran respeto a todos los que nos pongan por superiores y manifestar que estamos contentos de que nos manden y nos reprendan por nuestras faltas.
Respetarnos mucho los unos a los otros; aunque en las recreaciones hemos de portarnos alegremente, es preciso ser respetuosos; para ello, es muy conveniente no tocarse, ni tutearse, ni hablar en latín corrompido, que se presta a decir tonterías No enfadarse nunca ni reprender a los demás públicamente, sobre todo en materia de predicación, catecismo y confesiones.
No hablar nunca con los otros de las faltas o imperfecciones que hayamos observado en alguno; si se cree que la corrección puede ser de provecho, hacerla en secreto a la persona que ha faltado, con toda la caridad y mansedumbre que sea posible; y si la cosa es importante, avisar al superior.
Es muy conveniente no alabar a nadie más que muy raramente y con prudencia, al menos en presencia de él.
Tener grandes deseos de llegar a la perfección; para ello, incitarnos mutuamente en nuestras conversaciones, alabando siempre la virtud y la mortificación.
Si sentimos antipatía de alguien, nos contentaremos con decírselo al superior o director; y sobre todo no hablar nunca de ello con los demás, ni en público ni en particular, y mucho menos despreciar la virtud de los que la practican.
Ser muy mortificados y hacernos indiferentes en todo, sobre todo en lo que se refiere a la comida, cama y vestido; si se tiene necesidad de algo, le podremos avisar a quien se cuide de ello, y éste al superior.
Nunca hay que hablar de si se come bien o mal, de si uno tiene buena o mala habitación, de si está bien o mal vestido.
Observar inviolablemente en las misiones todo lo siguiente: 1.º levantarse a las cuatro y acostarse a las nueve; 2.º hacer la oración; 3.º rezar el oficio con los demás; 4.º ir a la iglesia y salir de ella con los demás; 5.º decir la misa por turno; 6.º no 28
salir de la iglesia sin permiso, diciéndole el motivo al superior; 7.º tener lectura durante la comida; 8.º tener capítulo todos los viernes; 9.º no hablar nunca en público de la confesión ni proponer ningún caso de conciencia sobre ella, sin haber hablado antes con el superior.
Cuando se presente alguna diferencia que resolver o haya alguna dificultad especial, no hacer nada sin habérselo comunicado antes al superior, para hacer lo que a él le parezca.
Cuando se le pida algo al superior, estar preparado para la negativa y aceptarla con agrado cuando nos la dé; guardarse de murmurar o de mostrar algún resentimiento, y no decir que en adelante ya no le pediremos nada. 2 [84,XI,103-104].
C ONSEJOS DURANTE EL RETIRO ANUAL DE 1635 Otra serie de consejos, como la anterior, sobre la piedad, la vida de comunidad y las reglas y métodos de trabajo en las misiones.
Someterse con gusto e indiferentemente a todos los superiores que nos asignen, sobre todo en las misiones.
Honrar la pobreza de vida de nuestro Señor; contentarse con lo que disponga el superior; no quejarse nunca de ello ni mucho menos admitir conversaciones sobre ese punto.
Evitar como una peste de la comunidad toda clase de alianzas, partidismos y amistades particulares.
No hablar nunca de la dirección de los asuntos de la casa ni de la de los particulares.
Estimar los reglamentos y ser fieles en su cumplimiento.
No omitir nunca en las misiones la lectura en la mesa, ni en todo ni en parte, ni siquiera después de haber terminado y clausurado la misión. ________ Conferencia 2.
— Bibl. municip. de Bordeaux, ms. 803, p. 24-27.
Archives départementales de l'Aube, 5.G.39. 29
No hablar de las predicaciones, catecismos o confesiones para alabar o criticar a nadie, por haber tenido en ellos algún éxito o fracaso.
No intentar establecerse en los espíritus, evitando para ello las visitas y el trato con las personas de calidad, ni buscando que nos escriban, a no ser por asuntos de la Caridad o para el mantenimiento de la juventud en la devoción.
No emprender ninguna avenencia difícil, o que pida algún tiempo, sin órdenes del superior.
Demostrar mucho honor y respeto a los señores párrocos y vicarios de los lugares adonde vayamos; no emprender nada contra su gusto, ni incluso sin habérselo dicho, sobre todo en las cosas importantes, como son la fundación de la Caridad, la comunión de los niños, la procesión y las avenencia de importancia, sin su aprobación.
No ir nunca a comer a casa de otros durante la misión, ni tampoco fuera de ella, a no ser por gran necesidad y con el permiso del superior.
No convidar ni admitir nunca a nadie en nuestra mesa durante la misión, a no ser a los señores párrocos, y ello muy pocas veces.
No recibir ningún regalo de nadie, por pequeño o grande que pueda ser.
No comentar las dificultades que se presenten para resolver, sino hablar de ello con el superior, el cual se conformará en esto con las normas de la Misión y según Dios le inspire.
Huir de las pompas y de la aparatosidad extraordinaria en las procesiones y comuniones de la juventud.
Sufrir de buen grado que nos quiten las predicaciones y catecismos que hubiéramos comenzado en una misión, para que hablen otros en nuestro lugar; e incluso, en el pequeño catecismo, dejar que nos interrumpan y que otro ocupe nuestro sitio, si le parece bien al superior.
Cuando haya que confesar a mujeres o señoritas, acercarse a ellas lo menos posible y, para ello, hacer que se retiren todos los que estén alrededor.
Además del cuidado que cada uno tendrá que tener en este punto, el superior irá de vez en cuando a ver si lo observan y poner orden en ello. 30
Amonestarse caritativa y humildemente los unos a los otros de las faltas que se hayan observado.
Y que esta práctica se mantenga en vigor y florezca entre nosotros. 3 [85,XI,105-107].
C APITULO DEL 29 DE OCTUBRE DE 1638 Respeto debido al señor prior.
Avisos en el capítulo.
Condescendencia con los ejercitantes.
Puntualidad.
Guardar secreto sobre lo que se diga en el capítulo.
Huir del espíritu de murmuración.
A propósito de la acusación de un hermano por haber hablado con cierta insolencia al señor prior 1, el padre Vicente dijo que esta falta extrema (así la llamó) no había sido la única y que seguramente la habrían precedido otras muchas faltas de respeto y palabras irreverentes a los de casa, antes de llegar a esos extremos.
Le dio mucha importancia a esa falta, añadiendo que debíamos considerar al señor prior como a nuestro padre.
Al acusarse otro de haber dado ciertos avisos en algunas cosas que le interesaban, el padre Vicente dijo primeramente que eso era una buena señal; el que da avisos es porque desea avanzar en la virtud, y que esto era una virtud, pero que la virtud consiste en el medio, ya que los dos extremos son viciosos.
Dijo que había observado que, si había espíritus discordes, rebeldes y poco mortificados en una comunidad, eran precisamente los que nunca daban avisos, por miedo a recibirlos también ellos.
Dijo también que era peligroso avisar de demasiadas cosas; para ello, dio la norma de que no se avisara nunca a una persona más de dos veces y que incluso no se hiciera la segunda advertencia sin haberlo madurado antes seriamente y sin haber hecho un amplio examen de la acción o de la cosa que se quería avisar.
Para examinar esa amonestación y hacerla legítimamente, dijo que había que observar estas circunstancias: 1.º si había antipatía, y si esa antipatía era quizás la causa del aviso que damos; 2.º si tenemos ________ Conferencia 3.
— Recueil de diverses exhortations, p. 1. 1 Adriano Le Bon. 31
o no interés en esa cosa; 3.º ver si es una falta verdadera, y si es de cosas poco importantes, asegurarse de si no lo habrán hecho por precipitación; si sólo lo han hecho una o dos veces, no decirles nada: no hay ningún santo, por muy grande que sea, que no cometa alguna falta; 4.º ver si no se trata de un movimiento de desquite, para replicar a nuestro hermano por alguna amonestación que él nos haya hecho.
Dijo también que a veces no había que amonestar a uno por tener cara triste, pues puede ser que no sea más que recogimiento lo que a nosotros nos parece tristeza.
Dijo además que deberíamos tener cuidado de no mentir, cuando le decimos a nuestro hermano que le avisamos por espíritu de humildad y de caridad, pues puede suceder que falte alguna de esas cuatro condiciones.
Pues bien, amonestar con espíritu de humildad y de caridad, es juzgarse más criminal que aquel a quien acusamos, o contra el que damos testimonio advirtiéndole sus faltas, y hacerlo con el deseo de mirar por su perfección.
A propósito de uno que se acusó de haber despedido a un ejercitante para otro día distinto de aquel en que había deseado empezar sus ejercicios, con el pretexto de que ya había demasiados, el padre Vicente dijo que había que honrar la gran bondad de nuestro Señor, que acogía a todos los penitentes en cualquier tiempo que se presentasen.
Dijo que era una santa falta de educaciónel dejar una compañía cuando la campana nos llamaba a algún ejercicio, de cualquier calidad que fueran las personas con las que entonces tratásemos.
El padre Vicente recomendó que no se hablase, ni dentro ni fuera, de lo que se había dicho en el capítulo, aunque antiguamente lo hicieran los primeros cristianos, declarando públicamente sus faltas.
Pero después de que, por desgracia, surgió algún escándalo por ello, se ordenó que todos se confesasen en privado a oídos del confesor; y dijo que la forma de vivir en comunidad era la imagen de la forma de vida de los primeros cristianos que, para ser recibidos en la iglesia, dejaban sus bienes y los traían a los pies de los apóstoles.
Dijo además que había que guardarse del espíritu de murmuración, totalmente contrario al de la caridad, que ata entre sí a los corazones con el afecto de 32
Tomo XI-A · página PDF 14la cordialidad, y que ese espíritu había sido la causa de todo el desorden que nos había traído el pecado de Adán. 4 [86,XI, 107-109].
CONFERENCIA DEL 29 DE OCTUBRE DE 1638 SOBRE LA PERSEVERANCIA EN LA VOCACIÓN El padre Vicente indica los motivos para afirmarse en la vocación, junto con los medios para conseguir este fin. 1.º Es Dios es el que nos ha llamado y el que desde toda la eternidad nos ha destinado para ser misioneros, no habiéndonos hecho nacer ni cien años antes ni cien años después, sino precisamente en el tiempo de la institución de esta obra; por consiguiente, no hemos de buscar ni esperar descanso, contentamiento ni bendiciones más que en la Misión, ya que es allí donde Dios nos quiere, dejando desde luego por sentado que nuestra vocación es buena, que no está basada en el interés ni en el deseo de evitar las incomodidades de la vida, ni en cualquier clase de respeto humano. 2.º Nosotros somos los primeros llamados.
Se dice que son los primeros de una congregación aquellos que entran en ella durante el primer período de su fundación, que es ordinariamente de cien años.
Así pues, si somos nosotros los primeros elegidos para devolver al aprisco a las ovejas extraviadas, ¿qué pasará si huimos?
¿dónde creemos que podremos refugiarnos?
Quo ibo a spiritu tuo et quo a facie tua fugiam? 1.
Si un rey hubiera escogido a algunos soldados entre los demás para que dieran el primer asalto, ¿no sería este honor para ellos un poderoso motivo para superar todo deseo de huir? 3.º En esta vocación vivimos de modo muy conforme a nuestro Señor Jesucristo que, al parecer, cuando vino a este mundo, escogió como principal tarea la de asistir y cuidar a los po________ Conferencia 4.
— Recueil de diverses exhortations, p. 3. 1.
Sal 138,7. 33
bres.
Misit me evangelizare pauperibus 2, y si se le pregunta a nuestro Señor: «¿Qué es lo que has venido a hacer en la tierra?»
— «A asistir a los pobres»
— «¿A algo más?»
— «A asistir a los pobres», etc.
En su compañía no tenía más que a pobres y se detenía poco en las ciudades, conversando casi siempre con los aldeanos, e instruyéndolos.
¿No nos sentiremos felices nosotros por estar en la Misión con el mismo fin que comprometió a Dios a hacerse hombre?
Y si se le preguntase a un misionero, ¿no sería para él un gran honor decir como nuestro Señor: Misit me evangelizare pauperihus ?
Yo estoy aquí para catequizar, instruir, confesar, asistir a los pobres.
Y ¿qué es lo que supone esta forma de vivir como nuestro Señor, más que nuestra predestinación?
Nam quos praescivit et praedestinavit conformes fieri imaginis Filii sui 3. si abandonamos nuestra vocación, hay motivos para creer que es la carne o el diablo lo que nos aparta de ella.
¿Acaso les obedeceremos?
Si Dios nos ha llamado a esta vida, no será él seguramente el que nos quiera separar de la misma.
Dios no se contradice.
Sin embargo, no conocemos los secretos de Dios y no queremos juzgar a nadie, aunque siempre diremos que esa retirada es sospechosa y dudosa.
Medios.
— 1.º Hay que pedirle a Dios esa confirmación o firmeza en nuestra vocación; se trata de un don de Dios. 2.º Hay que sentir mucha estima de nuestra vocación. 3.º Guardar puntualmente todos los reglamentos de la casa, pues, aunque haya pocos, no hay ni uno solo que no sea importante. 4.º No permitir que se hable ni contra los superiores ni contra las maneras de obrar o de gobernar la casa. 5.º Vivir juntos con mucha caridad y cordialidad.
Para animar a los hermanos coadjutores en su vocación añadió que ellos llevaban, lo mismo que los sacerdotes, una vida conforme con la de nuestro Señor y que imitaban la vida oculta de Jesucristo, durante la cual él se ocupó en faenas corporales, trabajando en el taller de un carpintero y en casa como un criado; de esta forma ellos imitaban una vida de treinta años. mien________ 2 Lc 4,18. 3 Rom 8,29. 34
tras que los sacerdotes, en sus funciones, sólo imitaban una de tres años y medio; que ellos honraban la vida de siervo de nuestro Señor, y los padres su sacerdocio; de este modo, la conformidad con nuestro Señor se encontraba en ambas vocaciones; por lo demás, gracias a la unión que hay entre los miembros de un mismo cuerpo, lo que un miembro hace es también obra de todos los demás; por eso, los hermanos confiesan con los confesores, predican con los predicadores, evangelizan a los pobres con los sacerdotes misioneros que los evangelizan y, por tanto, viven en esa conformidad con nuestro Señor Jesucristo. 5 [87,XI, 110-112].
C APÍTULO DEL 17 DE DICIEMBRE DE 1638 Suspiros y gemidos proferidos durante los ejercicios de piedad.
No avisar en el capítulo de cosas buenas en sí, a no ser que haya habido excesos.
No invitar sin permiso a los extraños a comer en el refectorio.
Rezar para conocer nuestros defectos.
Habiéndose acusado un hermano de verse inclinado a lanzar suspiros, el padre Vicente dijo que los suspiros provenían de tres o cuatro causas; hay suspiros que provienen de un movimiento del Espíritu Santo por la santa compunción que inspira al alma ante la visión de sus faltas, del infierno, del cielo, etc., y éstos no hay que reprobarlos; otros provienen de cierta enfermedad del bazo, que él llamó flatulencia; otros provienen de algún hábito contraído por suspiros producidos en el calor y fervor de la oración y devoción; otros promueven adrede estos suspiros para excitarse a la piedad.
Añadió que se podía avisar y acusarse de los suspiros de estas tres últimas clases en el capítulo, pero siempre después de haber tratado de ello con el superior; y además, que no se hiciera esto más que cuando el que los produce lo hace con demasiada frecuencia.
Dijo además que se podía invitar y excitar a los demás a decir alguna cosa edificante; y esto a propósito de una amonesta________ Conferencia 5.
— Recueil de diverses exhortations, p. 5. 35
ción que se hizo de que un hermano decía al llegar otro hermano: «¡He aquí a nuestro hermano N. que nos dirá alguna cosa buena!»; y añadió que el saludo ordinario de los antiguos padres del desierto y de los primeros cristianos, era decirse unos a otros: Dic nobis verbum aedificationis.
Puso como norma que no se hiciesen amonestaciones sobre cosas que eran sustancialmente buenas, a no ser por su cantidad de exceso, su excesiva frecuencia o por ser fuera de propósito.
Al acusarse uno de haberse tomado la libertad de dar de comer a un extraño en el refectorio por su autoridad privada, el padre Vicente comentó esta falta y dijo que quería ir quitando poco a poco este abuso, que se había introducido en la comunidad, de convidar y dar de comer tan fácilmente a los extraños en la casa, y que esto no se practicaba en ninguna casa religiosa ni particular; que no había costumbre de ello y que esta gran facilidad les había dado a algunos extraños el atrevimiento de meterse ellos mismos en el refectorio, y luego se habían burlado; las rentas, nos dijo, no han sido donadas por los fundadores para este fin y, ya que nosotros no somos más que los administradores, hemos de dar cuenta a Dios.
Dijo que un hijo se cuidaría mucho de invitar a nadie a comer y a beber sin haber pedido y obtenido el permiso de su padre; que era presumir de amos introducir a los extraños con tanto atrevimiento e inconsideración e indicó algunas razones por las que creía que las demás comunidades no toleraban semejante abuso.
La primera, que estar así, fuera de hora, en el refectorio, con cualquier pretexto, para hacer que comieran allí otros, era convertirlo en una fonda, y esto es escandaloso.
La segunda, que esto molesta a los encargados, que tienen otras cosas que hacer y se ven obligados a dejarlas para atender a los que se presentan.
La tercera que, como están reguladas las porciones y su número, a veces no hay nada preparado y hay que retirar de la comida de la comunidad para esas personas.
El padre Vicente concluyó diciendo que había que acabar con aquella costumbre, que no debería haberse introducido y que se había mantenido por abusar de la facilidad de los superiores o por la propia temeridad de los de casa.
Dijo que, cuando tuviésemos ganas de conocer nuestros defectos para corregirnos de ellos, nos dirigiésemos interiormente 36
a la corte celestial, pidiéndole a nuestro señor Jesucristo, a su santa madre, a nuestro ángel de la guarda, a nuestros patrones, que nos avisasen de nuestras faltas; y añadió que esta práctica era excelente y sería muy eficaz. 6 [88,XI, 112-113].
C APÍTULO DEL 19 DE ENERO DE 1642 Dios mide sus gracias por las necesidades de cada uno.
Lectura diaria de un capítulo del Nuevo Testamento.
Dios nos concede sus gracias según las necesidades que de ellas tenemos.
Dios es una fuente de la que cada uno saca el agua según sus necesidades.
Como una persona que necesita seis cubos de agua, saca seis; si necesita tres, tres; un pájaro que sólo necesita un sorbo, no hace más que sorber; un peregrino en el hueco de su mano saca para saciar su sed: lo mismo pasa con nosotros cuando acudimos a Dios.
Hemos de tener mucho interés en ser fieles a la lectura del capítulo del Nuevo Testamento, haciendo al comenzar los actos: 1.º de adoración, adorando la palabra de Dios y su verdad; 2.º entrar en los sentimientos con que las pronunció nuestro Señor y aceptar esas verdades; 3.º resolverse a la práctica de esas mismas verdades.
Por ejemplo, cuando lea: «Bienaventurados los pobres de espíritu» 1 me resolveré y me entregaré a Dios para practicar esa verdad en tal y tal ocasión.
Lo mismo cuando lea: «Bienaventurados los mansos» 2, me entregaré a Dios para practicar la mansedumbre.
Sobre todo hay que evitar leerlo por estudio, diciendo: «Este trozo me servirá para tal predicación», sino leerlo sólo para nuestro provecho espiritual.
No hay que desanimarse si, después de haberlo leído varias veces durante un mes, dos meses, seis meses, no se siente uno tocado.
Llegará alguna ocasión en que tengamos una pequeña luz, otro día tendremos otra mayor, y otra todavía mayor cuando la necesitemos. ________ Conferencia 6.
— Recueil de diverses exhortations. p. 7. 1 Mt 5,3. 2 Mt 5,4. 37
VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.