Conferencia · tomo XI-B

C ONFERENCIA DE /1659/ 1 PRIVACIONES QUE IMPONE A LA COMUNIDAD LA HELADA DE LAS VIÑAS

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Conferencia
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XI-B
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¡Oh Salvador de nuestras almas, que nos has llamado al seguimiento de tus máximas y a la imitación de tu vida humilde y despreciada!

Pon en nosotros las disposiciones necesarias para sufrir, de la manera que tú deseas, las persecuciones que tengas a bien enviarnos.

Afírmanos en ese estado bienaventurado que has prometido a las personas afligidas y perseguidas.

Haz que nos mantengamos firmes en la persecución, sin huir ni doblegarnos ante los ataques del mundo.

Te lo pido por el mérito de tus sufrimientos. 132 [209,XII, 286- 288] C ONFERENCIA DE /1659/ 1 PRIVACIONES QUE IMPONE A LA COMUNIDAD LA HELADA DE LAS VIÑAS El padre Vicente pone el ejemplo de las ciudades sitiadas y de los barcos en apuros, donde se reduce el alimento y la bebida.

Anuncia a la comunidad que la ración de vino se reducirá a un cuarto de litro y la invita a someterse a la voluntad de la providencia.

Un día, habiéndose helado los trigos y las viñas con los fríos tardíos, el santo habló a los suyos y terminó su discurso con estas palabras: Hemos de gemir bajo la carga de los pobres y sufrir con los que sufren; si no, no somos discípulos de Jesucristo.

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¿Qué vamos a hacer?

Los habitantes de una ciudad asediada miran de vez en cuando los víveres de que disponen.

¿Cuánto trigo tenemos?

Tanto.

¿Cuántas bocas?

Tantas.

Y según esto tasan el pan que debe tener cada uno y dicen: “Con dos libras por ________ Conferencia 132.

— L.

ABELL Y, o.c., lib.

III, cap. 24, sec. 2, p. 356. 1 L.

Abelly no indica la fecha; pero dice que “la helada había estropeado los trigos y las viñas”.

Esta frase hace pensar en el año 1659. 573

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día, podemos tirar hasta tal fecha”.

Y cuando ven que el asedio puede durar más y que los víveres van disminuyendo, se limitan a una libra de pan, a diez onzas, a seis o a cuatro onzas para resistir más tiempo e impedir ser conquistados por el hambre.

Y en el mar, ¿qué es lo que hacen cuando un barco ha sido arrojado por la tempestad y detenido mucho tiempo en algún rincón?

Cuentan las galletas, toman nota del agua que queda y, si hay poco para poder llegar adonde desean ir, disminuyen la ración; y cuanto más tardan, más la racionan.

Pues bien, si los gobernadores de las ciudades y los capitanes de los barcos obran de ese modo, y si la prudencia misma requiere que obren con esa precaución, ya que de otra forma podrían perecer, ¿por qué no vamos a hacer nosotros lo mismo?

¿Acaso los demás ciudadanos no recortan también su presupuesto y las mejores casas no miden también su vino, al ver que este año no se podrá vendimiar y quizás resulte difícil encontrar vino el año que viene?

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Ayer mismo, algunas personas de la ciudad de buena posición, que vinieron a verme, me decían que en la mayor parte de las casas tendrían que privar totalmente de vino a sus sirvientes; les dirán: “Buscadlo vosotros; aquí no hay vino más que para el dueño”.

Todo esto, hermanos míos, nos ha hecho pensar en lo que teníamos que hacer; ayer reuní a los sacerdotes antiguos de la compañía para pedirles su parecer; hemos creído conveniente reducir el vino a un cuarto de litro por comida, por este año.

Esto les disgustará a algunos que creen necesitar un poco más; pero como están acostumbrados a someterse a las órdenes de la providencia y a superar sus apetitos, sabrán aceptar este contratiempo, lo mismo que hacen cuando se trata de otra clase de mortificación, que no se quejan.

Quizás algunos se quejen por estar apegados a sus propias satisfacciones: espíritus carnales, hombres sensuales e inclinados a sus placeres, que no quieren perder ninguno y que murmuran de todo lo que no les sale a su gusto.

¡Oh Salvador, líbranos de este espíritu de sensualidad!. 574

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VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

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