Conferencia · tomo XI-B
E XTRACTO DE UNA CONFERENCIA SOBRE LA OBRA DE LOS ORDENANDOS
mostrándonos ingeniosos en atender y servir a sus necesidades!
Los edificaremos si obramos así.
Hemos de pedirle esta gracia a nuestro Señor; ruego a los sacerdotes que celebren la santa misa, y a nuestros hermanos que la oigan, por esta intención. 152 [7,XI, 11-12] E XTRACTO DE UNA CONFERENCIA SOBRE LA OBRA DE LOS ORDENANDOS Rezar por los ordenandos.
Los que les exhortan deben ser modestos, humildes, piadosos.
Han de pedirle a Dios que aparte de sus personas todo lo que pueda obstaculizar al espíritu de Dios.
Enseñar una moral concreta.
Ya está cerca la ordenación; le pediremos a Dios que dé su espíritu a los que tengan que hablar a esos señores en las charlas y en los conferencias.
Que cada uno intente sobre todo edificarles con su humildad y su modestia 1.
Pues no se les ganará por ciencia ni por las cosas bonitas que se les digan; son más sabios que nosotros: muchos son bachilleres y algunos licenciados en teología, otros doctores en derecho, y hay pocos que no sepan la filosofía y parte de la teología; todos los días se ejercitan en la discusión.
Casi nada de lo que se les diga aquí es nuevo para ellos; ya lo han leído u oído; ellos mismos dicen que no es esto lo que les impresiona, sino las virtudes que aquí ven practicar.
Seamos humildes, hermanos míos, en una ocupación tan honorable, como es la de ayudar a que sean buenos sacerdotes; pues, ¿acaso hay algo más excelente?
Seamos humildes pensando en nuestra ruindad, ya que somos pobres de ciencia, pobres de ingenio, pobres de condición 2, ¡Ay!
¿Cómo nos habrá escogido Dios para una cosa tan grande?
Es que de ordinario se sirve de instrumentos más bajos para las obras extraordinarias de su ________ Conferencia 152.
— L.
ABELL Y, o.c., lib.
II, cap. 2, sec. 4, p. 228. 1 Cfr.
Flp. 4,5. 2 Cfr. 1 Cor 6,26-29. 706
gracia: como en los sacramentos, donde se sirve del agua y de la palabras para conferir sus gracias.
Recemos a Dios por estos señores; pero recemos también por nosotros, para que aparte todo lo que pueda ser causa de que ellos rechacen los efectos de la gracia de Dios, que él parece comunicar a la compañía para esta tarea.
¿Habéis ido alguna vez en peregrinación a algún lugar de devoción?
Muchas veces, al entrar allí, se siente uno como fuera de sí, viéndose unos de pronto elevados hasta Dios, otros llenos de devoción, impresionados ante el respeto y reverencia que se palpa en aquel lugar sagrado, y otros con diversos sentimientos.
¿De dónde proviene todo esto?
De que el espíritu de Dios está allí, haciéndose sentir de aquellas formas.
Pues bien, hemos de pensar que ocurrirá lo mismo con esos señores, si reside aquí el espíritu de Dios.
Hay que conseguir que la moral les resulte familiar, y bajar siempre a los detalles, para que la entiendan y comprendan bien; hay que buscar siempre eso, que los oyentes pueden referir todo lo que han oído en la charla.
Pongamos mucho cuidado para que el maldito espíritu de la vanidad no se apodere de nosotros, empeñándonos en hablarles de cosas altas y elevadas; esto no haría más que destruir, en vez de edificar.
Pues bien, se quedarán con todo lo que se les ha dicho en la charla, si se les inculcan las ideas sencillamente, y si se les habla solamente de eso, y no de otras cosas, tal como conviene hacerlo por muchas razones. 153 [8, XI, 13-14] E XTRACTO DE UNA CONFERENCIA SOBRE LA OBRA DE LAS CONFERENCIAS ECLESIASTICAS Las conferencias eclesiásticas para tratar de las virtudes son una novedad.
Responsabilidad de la compañía.
Emoción del padre Vicente.
Si hay en el mundo algunas personas que están obligadas a servirse y aprovecharse de las conferencias, me parece que son ________ Conferencia 153.
— L.
ABELL Y, o.c., lib. n, cap. 3, sec. 2, p. 253. 707
los sacerdotes de la congregación de la misión, porque son ellos a los que Dios se ha dirigido para introducir en el mundo, entre los eclesiásticos, esta forma de conversar sobre las virtudes particulares.
Cuando vine a París, nunca había visto semejantes conferencias, al menos sobre las virtudes propias de su estado especial y para vivir debidamente en su condición; es verdad que había academias, en las que se trataba de algunos puntos doctrinales y, en algunos lugares, de casos de conciencia.
Hace unos cincuenta años que el señor cardenal de Sourdis introdujo en su diócesis de Burdeos esta forma de tratar algunos puntos de teología moral, reuniendo a los párrocos y demás sacerdotes para ofrecerles el medio de instruirse mejor; tuvo mucho éxito; pero nunca se había visto hasta nosotros que se hablara de las virtudes propias de su estado entre los eclesiásticos del clero; al menos no lo he visto ni he oído hablar de ello.
Es cierto que muchos santos religiosos observan esta práctica, y que así lo hicieron los antiguos monjes; pero, sea lo que sea, es a esta pobre compañía a la que Dios ha querido dirigirse en este siglo para establecerla fuera, no sólo como un antídoto adecuado para los buenos sacerdotes que están expuestos, por el servicio de las almas, al aire corrompido del mundo, sino también para ayudarles a perfeccionarse en su profesión.
Así pues, ha sido a la congregación de la Misión a la que Dios ha inspirado excitarse y aficionarse, tal como lo hacemos, en el ejercicio de las virtudes por medio de las conferencias.
Se trata allí de los motivos para adquirir esas virtudes, de su naturaleza, de sus actos particulares, de los medios para practicarlas, y finalmente de las obligaciones de nuestro estado, tanto para con Dios como para con el prójimo.
Esta es la finalidad de las conferencias.
Pues bien, ¿qué sería de nosotros si fuéramos los primeros en descuidarlas?
¡Qué cuenta tendríamos que dar a Dios, si llegásemos a despreciar unos medios tan útiles y tan eficaces, que aquellos antiguos padres y anacoretas abrazaban con tanta avidez, tal como nos lo refiera Casiano en el libro que sobre ello compuso!
He de confesar que por propia experiencia que no hay nada tan impresionante, nada que me conmueva tanto, ninguna cosa de las que oigo, leo o veo, que penetre tanto en mi alma como estas conferencias. 708
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