Conferencia · tomo XI-B
EXTRACTO DE UNA CONFERENCIA SOBRE LA HUMILDAD
183 [39,XI,59-60] EXTRACTO DE UNA CONFERENCIA SOBRE LA HUMILDAD Medios para mantenerse en la humildad: considerar los propios defectos.
Sólo Dios puede obrar el bien.
El padre Vicente decía un día: “No hemos de poner nunca los ojos ni fijarnos en lo bueno que haya en nosotros, sino procurar conocer lo que hay de malo y de defectuoso, pues éste es un gran medio para conservar la humildad”.
Y añadía que “ni el don de convertir a las almas, ni todos los demás talentos exteriores que hay en nosotros, son nuestros, pues sólo somos sus depositarios, y con todo ello podemos condenarnos; por tanto, que nadie puede sentirse orgulloso ni complacerse en sí mismo, ni concebir ninguna estima de sí, al ver que Dios realiza grandes cosas por su medio; sino que es entonces cuando más hay que humillarse y reconocerse como un ruin instrumento del que Dios se digna servirse, lo mismo que la vara de Moisés, que realizaba prodigios y milagros, sin ser más que una vara vulgar y una caña frágil” 1. 184 [40,XI, 60] EXTRACTO DE UNA CONFERENCIA SOBRE LA HUMILDAD La humildad colectiva, consecuencia lógica de la humildad individual.
No es extraño que se piense que los individuos de una congregación, como Pedro, Santiago y Juan, tengan que huir de los ________ Conferencia 183.
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III cap. 13, sec. 2, p. 226. 1 Cfr.
Ex 4,17.
Conferencia 184.
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III, cap. 13, p. 200. 746
honores y buscar el desprecio; pero la congregación y la comunidad, ¿tienen que adquirir y conservar el aprecio y el honor en el mundo?
Pensad un poco, ¿pueden Pedro, Santiago y Juan amar y buscar con sinceridad y verdad el desprecio, mientras que la congregación, que no está compuesta más que de Pedro, Santiago, Juan y otros cuantos individuos, tiene que amar y buscar el honor?
No queda más remedio que reconocer y confesar que estas dos cosas son incompatibles; por tanto, los misioneros tienen que sentirse contentos, no sólo cuando encuentren alguna ocasión de desprecio o de humillación en particular, sino también cuando se desprecie a su compañía; esa será una señal de que son verdaderamente humildes. 185.
S OBRE LA HUMILDAD Somos como los mozos de carga de los obreros apostólicos.
Seamos, hermanos míos, como aquel aldeano que llevaba la carga de san Ignacio y de sus compañeros cuando iban de viaje y que, cuando veía que se ponían de rodillas al llegar a algún lugar para detenerse allí, también él se arrodillaba; cuando les veía rezar, también él rezaba; y como aquellos santos varones le preguntaran una vez por qué lo hacía, les contestó: “Le pido a Dios que haga lo que vosotros le pedís; soy como un pobre animal que no sé hacer oración y le ruego que os escuche a vosotros; me gustaría decirle lo que le decís, pero no sé, y por eso le ofrezco vuestras oraciones”.
Padres y hermanos míos, hemos de considerarnos como los mozos de carga de esos dignos obreros, como unos pobres idiotas que no saben decir nada, y que son el desecho de los demás, como esos pequeños espigadores que van detrás de los grandes segadores Demos gracias a Dios de que acepte nuestros humildes servicios.
Ofrezcámosle con nuestras pobres espigas las grandes cosechas de los demás y estemos siempre dispuestos a hacer todo lo ________ Conferencia 185.
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III, p. 103. 747
que podamos por el servicio de Dios y la ayuda del prójimo.
Si Dios le dio tan hermosa idea y tan poderosa gracia a aquel pobre aldeano, que por eso mereció que hablara de él la historia, esperemos que, si hacemos lo posible, como él lo hizo, para contribuir a que Dios sea honrado y servido, su divina bondad recibirá en gran parte nuestras oblaciones y bendecirá nuestros humildes trabajos. 186.
S OBRE LA HUMILDAD Pedir la inteligencia y el deseo de humillarnos.
Fijaos en la recomendación que nuestro Señor nos hizo con estas palabras: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” 1, y suplicadle que os dé la inteligencia de las mismas.
Si conseguimos solamente que nos dé el deseo de las humillaciones, será ya bastante, aunque no lleguemos a conocer esta virtud como nuestro Señor, que sabía la relación que guarda con las perfecciones de Dios, su Padre y con la bajeza del hombre pecador.
Es verdad que nosotros sólo veremos esto muy oscuramente en nuestra vida, pero hemos de tener, incluso en medio de las tinieblas, la confianza de que, si nuestro corazón se aficiona a las humillaciones, Dios nos dará la humildad, nos la conservará y la aumentará en nosotros por los actos que nos hará hacer.
Pues un acto de virtud bien hecho dispone para hacer otro, y el primer grado de humildad sirve para subir al segundo, y el segundo al tercero y así sucesivamente. ________ Conferencia 186.
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III, p. 219-220.
A continuación viene un fragmento de la conferencia del 18 de abril de 1659 sobre la humildad. 1 Mt 11,29. 748
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