Consejo · tomo XI-B

R ESUMEN DE ALGUNOS CONSEJOS SOBRE LA MANSEDUMBRE

Tipo
Consejo
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
XI-B
Extensión
722 palabras
Página inicial
250 (PDF)
Asunto principal
La Mansedumbre
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193 [47,X,66-67] R ESUMEN DE ALGUNOS CONSEJOS SOBRE LA MANSEDUMBRE Prever las ocasiones de enfado; detestar este vicio, no obrar ni hablar cuando uno está enfadado.

Saber dominarse.

La mansedumbre todo lo alcanza. 1.º Prever las ocasiones en que se puede faltar contra la mansedumbre; imaginarse los motivos capaces de provocar en nosotros movimientos de ira y hacer de antemano en nuestro espíritu los actos de mansedumbre que hay que practicar en todas esas ocasiones. ________ 1 2 Tim 2,24.

Conferencia 193.- L.

ABELL Y, o.c. lib.

III, cap. ]2, p. 179. 753

Tomo XI-B · página PDF 250

2.º Detestar el vicio de la cólera como desagradable a dios sin incomodarnos ni enfadarnos por vernos sujetos a ella, puesto que hay que odiar este vicio y amar la virtud contraria, no porque aquél nos disguste y ésta nos agrade, sino solamente por amor de Dios, a quien le agrada esta virtud y le desagrada este vicio.

Entonces, el dolor que sintamos por las faltas cometidas contra esta virtud será manso y tranquilo. 3.º Cuando nos sintamos llenos de ira, dejar de actuar, e incluso de hablar, y sobre todo saber controlarnos hasta que se haya calmado esta pasión, puesto que las acciones hechas con esa agitación no van plenamente dirigidas por la razón, y por consiguiente no son nunca perfectas. 4.º Durante esta emoción, esforzarnos en dominarnos, hasta el punto de no dejar que se vislumbre nada en nuestro rostro.

Tomo XI-B · página PDF 251

En esto no hay nada que vaya contra la sencillez, ya que uno lo hace, no para parecer distinto de lo que es, sino por su deseo sincero de que la virtud de la mansedumbre, que está en la parte superior del alma, se trasparente en el rostro, en la lengua y en las acciones exteriores, para agradar a Dios, y al prójimo por amor de Dios. 5.º Dominar especialmente la lengua mientras dure la agitación del corazón y, a pesar de todos los asaltos de la cólera y de todos los brotes de celo que tengamos, no pronunciar más que palabras mansas y agradables para ganar a los hombres para Dios. “A veces basta una sola palabra mansa para convertir a un empedernido; por el contrario, una palabra dura es capaz de desolar a un alma y de causarle una amargura que podría hacerle mucho daño?”.

Tomo XI-B · página PDF 251

El padre Vicente indicó varias veces que él no había utilizado “más que tres veces en su vida palabras duras para reprender y corregir a los demás, por creer que tenía cierta razón para obrar de ese modo; pero que luego se había arrepentido, porque no había conseguido nada con ello, mientras que por el contrario había conseguido siempre con la mansedumbre todo lo que había querido”. 754

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194.

IDEAS SOBRE LA PACIENCIA El estado de pena y de aflicción no es un estado malo de suyo; Dios nos pone en él para ejercitarnos en la virtud de la paciencia y para enseñarnos la composición con los demás.

El mismo quiso probar este estado, para que tuviésemos un pontífice capaz de compadecer nuestras miserias y de animarnos con su ejemplo a la práctica de esta virtud 1.

Una de las señales más ciertas de que Dios tiene grandes planes sobre una persona es cuando le envía desolación tras desolación y pena tras pena; el verdadero tiempo para reconocer el provecho espiritual de un alma es el de la tentación y tribulación, va que como uno se porta en esas pruebas, se portará también luego de ordinario.

En un solo día de tentación podemos adquirir más méritos que en muchos otros de tranquilidad. 195.

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S AN FRANCISCO DE SALES , EJEMPLO DE MANSEDUMBRE Contaba a propósito de la mansedumbre el ejemplo del bienaventurado Francisco de Sales, del que decía que había sido el hombre más manso y más afable que había conocido; y que la primera vez que lo vio, reconoció en seguida en su aspecto, en la serenidad de su rostro, en su manera de conversar y de hablar, una imagen muy clara de la mansedumbre de nuestro señor Jesucristo, que le había ganado el corazón. ________ Conferencia 194.

— L.

ABELL Y, o.c., lib.

III, p., 325.

A continuación viene un fragmento sacado de una repetición de oración de 1645 sobre las tentaciones, que nos presenta Coste, t.

IX, p. 150: “El agua de la marea, por estar siempre en reposo...”. 1 Cfr.

Hebr 5,2.

Conferencia 195.

— L.

A BELL Y, o.c., lib III, p. 180. 755

Tomo XI-B · página PDF 252

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