Conferencia · tomo XI-B
RESUMEN DE UNA CONFERENCIA SOBRE EL ESPIRITU DE COMPASION
216.
INDULGENCIA CON LAS FALTAS DE LOS DEMAS “No hay que extrañarse de que los demás cometan algunas faltas, pues lo mismo que es propio de los cardos y de las zarzas tener espinas, así en el estado de naturaleza caída lo propio del hombre es faltar, pues ha sido concebido y ha nacido en pecado; el mismo justo, como dice Salomón, cae siete veces, esto es, muchas veces al día” 1.
Añadía: “El espíritu del hombre tiene también sus achaques y sus enfermedades como el cuerpo, y en vez de turbarse y descorazonarse, lo que tiene que hacer es reconocer su condición miserable y humillarse diciéndole a Dios, como David después de su pecado: Bonum mihi quia humiliasti me, ut discam justiticationes tuas 2: está bien que me hayas humillado, para que así aprenda tu justicia.
Hemos de soportarnos a nosotros mismos en nuestras debilidades e imperfecciones, aunque trabajando por levantarnos de ellas”.
También decía: “Si está prohibido juzgar mal a los demás, mucho menos se permite hablar mal de ellos, ya que es propio de la caridad, como dice el santo apóstol, cubrir la muchedumbre de los pecados 3; Y también el sabio: Audisti verbum adversus proximum tuum?
Commoriatur in te 4: si habéis oído algo contra vuestro prójimo, apagad esas palabras y hacedlas morir en vosotros”. 217 [61,XI, 77] RESUMEN DE UNA CONFERENCIA SOBRE EL ESPIRITU DE COMPASION Cuatro oficios de la compasión: 1.º Sentir aflicción por las penas de otro; 2.º Expresar esta pena; ________ Conferencia 216.
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ABELL Y, o.c., lib.
III, p. 184. 1 Prov. 24,16. 2 Sal 118,71. 3 1 Ped 4,8. 4 Eclo 19,10.
Conferencia 217.
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III, cap. 11, sec. 2, p. 123. 770
3.º Usar palabras compasivas; 4.º Socorrerlo y asistirle.
El Hijo de Dios, al no poder tener sentimientos de compasión en el estado glorioso que posee desde toda la eternidad en el cielo, quiso hacerse hombre y pontífice nuestro, para compadecer nuestras miserias 1.
Para reinar con él en el cielo, hemos de compadecer, como él, a sus miembros que están en la tierra 2.
Los misioneros, más que los demás sacerdotes, deben estar llenos de este espíritu de compasión, ya que están obligados, por su estado y su vocación, a servir a los más miserables, a los más abandonados y a los más hundidos en miserias corporales y espirituales.
Y en primer lugar, han de verse tocados en lo más vivo y afligidos en sus corazones por las miserias del prójimo.
Segundo, es menester que esta compasión y misericordia aparezca en su exterior y en su rostro, a ejemplo de nuestro Señor, que lloró sobre la ciudad de Jerusalén, por las calamidades que la amenazaban 3.
Tercero, hay que emplear palabras compasivas que le hagan ver al prójimo cómo nos interesamos por sus penas y sufrimientos.
Finalmente, hemos de socorrerle y asistirle, en la medida en que podamos, en todas sus necesidades y miserias, procurando librarle de ellas en todo o en parte, ya que la mano tiene que hacer todo lo posible por conformarse con el corazón. 218 [62,XI,78] E XTRACTO DE UN CONFERENCIA SOBRE LA OBEDIENCIA A LOS PODERES CIVILES Siguiendo el ejemplo de los primeros cristianos, hemos de obedecer siempre con fidelidad y sencillez a los reyes, sin quejarnos nunca de ellos, ni murmurar por ningún motivo contra ellos.
Y aunque tuviéramos que perder nuestros bienes y nues________ 1 Cfr.
Hebr 5,2. 2 Cfr.
Rom 8,17. 3 Cfr.
Lc 19,41.
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III, cap. 14, p. 232. 771
tras vidas, entreguémoslo con este espíritu de obediencia antes que ir en contra de sus deseos, cuando no se oponga a ello la voluntad de Dios; pues los reyes representan en la tierra el poder soberano de Dios 1. 219.
SOBRE LA INDIFERENCIA Primera lección y primera clase de nuestro Señor.
Pero en cuanto al primer estado (estado en que Dios pone una persona), que proviene de la voluntad de Dios, hemos de aceptarlo, sea el que sea, y resignarnos con el beneplácito de Dios, para sufrir todo lo que le plazca y mientras le plazca.
Esta es, padres y hermanos míos, la gran lección del Hijo de Dios, y los que son dóciles y se la aprenden bien 1 son los primeros de la clase de este divino Maestro.
No sé yo que haya nada tan santo ni perfecto como esta resignación, cuando nos lleva a un desprendimiento total de nosotros mismos y a una verdadera indiferencia ante toda clase de estados, de cualquier forma que hayamos sido puestos en ellos, excepto el pecado.
Quedémonos aquí y pidamos a Dios que nos conceda la gracia de permanecer continuamente en esta indiferencia. 220 [63,XI, 78] E XTRACTO DE UNA CONFERENCIA SOBRE LA VIRTUD DE LA POBREZA Habéis de saber, hermanos míos, que esta virtud de la pobreza es el fundamento de esta congregación de la Misión; esta lengua que os habla, gracias a Dios, no ha pedido nunca ninguna ________ 1 Cfr.
Rom 13,1.
Conferencia 219.
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III, p. 42. 1 Cfr.
Lc 8,15.
Conferencia 220.
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III, cap. 18, p. 275. 772
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