Conferencia · tomo XI-B

EXTRACTO DE UNA CONFERENCIA SOBRE EL APEGO A LOS BIENES TEMPORALES

Tipo
Conferencia
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
XI-B
Extensión
392 palabras
Página inicial
79
Asunto principal
El Apego A Los Bienes Temporales
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221 [64,XI,79] E XTRACTO DE UNA CONFERENCIA SOBRE EL APEGO A LOS BIENES TEMPORALES Los bienes temporales matan el celo y desarrollan la avaricia.

¡Desgraciado, padres y hermanos míos, sí, desgraciado el misionero que quiera apegarse a los bienes perecederos de esta vida!

Pues se verá apresado por ellos, clavado por estas espinas y atado por las ligaduras; y si esta desgracia cayera sobre toda la compañía, ¿qué es lo que se diría de ella y cómo se viviría en ella?

Se diría: “Tenemos tantos miles de renta; podemos estar tranquilos; ¿por qué ir a corretear por las aldeas?

¿por qué trabajar tanto?; dejemos a esos pobres campesinos; que cuiden de ellos sus párrocos, si quieren; vivamos tranquilamente sin tantas preocupaciones”.

De esta forma la ociosidad vendrá tras el espíritu de avaricia; sólo se pensará en conservar y aumentar los bienes temporales y en buscar las propias satisfacciones; y entonces habrá que decir adiós a todos los ejercicios de la Misión y a la Misión misma, pues dejará de existir.

Tomo XI-B · p. 79

No hay más que repasar la historia para ver una infinidad de ejemplos de cómo las riquezas y la abundancia de bienes temporales han causado la pérdida, no sólo de muchas personas eclesiásticas, sino también de comunidades y de órdenes enteras, por no haber sido fieles a su primer espíritu de pobreza. ________ Conferencia 221.

L.

ABELL Y, o.c. lib., III, cap. 18, p. 275. 773

Tomo XI-B · p. 79

222.

CONVERSACION CON UN SACERDOTE SOBRE LA POBREZA Uno de sus sacerdotes le hacía ver un día la pobreza de su casa; él le preguntó: — “Padre, ¿qué hace usted, cuando le falta algo de lo necesario para la comunidad?

¿Recurre a Dios?

— Sí, a veces, respondió el sacerdote.

— Bien, le replicó; eso es lo que hace la pobreza: nos hace pensar en Dios y elevar a él nuestro corazón, mientras que si estuviéramos bien provistos, quizás nos olvidaríamos de Dios.

Por eso siento una gran alegría al ver que la pobreza voluntaria y real se practica en todas nuestras casas.

Debajo de esa pobreza hay oculta una gracia que no conocemos.

— Pero, le replicó el sacerdote, ¿atiende usted a los demás pobres y no piensa en los suyos?

— Le ruego a Dios, le dijo el padre Vicente, que le perdone esas palabras; me doy cuenta de que las ha dicho sin pensar; sepa usted que nunca seremos tan ricos como cuando nos parezcamos a nuestro Señor”.

Tomo XI-B · página PDF 271

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