Conferencia · tomo XI-B

REPETICIÓN DE ORACION SOBRE LA ORACION

Tipo
Conferencia
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
XI-B
Extensión
452 palabras
Página inicial
278 (PDF)
Asunto principal
La Oracion
Ver tomo

229 [70,XI,87-88] R EPETICION DE ORACION SOBRE LA ORACION Importancia de los propósitos.

Seguir haciéndolos a pesar de su aparente inutilidad.

Aunque uno haya sido infiel en el cumplimiento de sus propósitos, no por eso ha de dejar de hacer otros nuevos en la oración; lo mismo que, aunque parezca que no aprovecha el alimento que se toma, no por eso se deja de comer.

Pues ésa es una de las partes principales, e incluso la más importante de la oración: hacer buenos propósitos.

Por eso hemos de detenernos especialmente en ellos, más que en el razonamiento o en el discurso.

El fruto principal de la oración consiste en resolverse bien, en resolverse con decisión, en basar bien nuestros propósitos, en convencerse profundamente, en prepararse bien para ________ Conferencia 229.

— L.

ABELL Y, o.c., lib.

III, cap. 7, sec. 1, p. 63. 781

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cumplirlos y en prever los obstáculos para superarlos.

Pero no es eso todo, ya que en el fondo nuestros propósitos no son de suyo más que acciones físicas o morales; y aunque sea conveniente formarlos debidamente en nuestro corazón y afianzarnos en ellos, hemos de reconocer que todo lo que tienen de bueno, sus prácticas y sus efectos, vienen de Dios.

¿Y por qué creéis que faltamos de ordinario a estos propósitos?

Porque nos fiamos demasiado de nosotros mismos, estamos seguros de nuestros buenos deseos, nos apoyamos en nuestras propias fuerzas, y por eso no sacamos ningún fruto.

Por tanto, después de tomar algunas resoluciones en la oración, hay que rezar mucho a Dios y pedirle insistentemente su gracia, desconfiando mucho de nosotros mismos, para que quiera comunicarnos las gracias necesarias para que fructifiquen estos propósitos; y aunque luego lleguemos a faltar de nuevo, no sólo una o dos veces, sino en muchas ocasiones y por largo tiempo, e incluso aunque no los hayamos cumplido ni una sola vez, nunca hemos de cansarnos de renovarlos y de recurrir a la misericordia de Dios, implorando la ayuda de su gracia.

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Las faltas pasadas tienen que humillarnos mucho, pero no hacer que perdamos los ánimos; aunque caigamos en alguna falta, no por eso hay que disminuir la confianza que Dios quiere que tengamos en él, sino tomar siempre una nueva resolución de levantarnos y evitar nuevas caídas, con la ayuda de su gracia, que hemos de pedirle.

Aunque los médicos no noten ningún efecto en los remedios que aplican a una enfermedad, no dejan por eso de proseguir y repetir sus intentos, mientras haya alguna esperanza de vida.

Por tanto, si ellos siguen aplicando remedios a las enfermedades del cuerpo, aunque sean largas y duras, aunque no ven ninguna mejoría, con mayor razón hemos de hacer lo mismo con las enfermedades del alma en las que, cuando Dios quiere, hace maravillas la gracia. 782

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