Consejo · tomo XI-B
CONSEJOS A UNOS MISIONEROS CONDUCTA QUE HAY QUE OBSERVAR DE VIAJE
237 [78,XI,95] CONSEJOS A UNOS MISIONEROS CONDUCTA QUE HAY QUE OBSERVAR DE VIAJE Seguir con los ejercicios de piedad, tener catecismo.
El padre Vicente me ordenó marchar con otro sacerdote de la compañía a una provincia lejana; el día antes de salir, por la tarde, nos tuvo a los dos bastante rato en su habitación, indicándonos lo que teníamos que hacer durante el viaje, que iba a ser de once a doce días, junto con el correo de Toulouse, que llevaba consigo a otras muchas personas de diversa condición.
Entre otras cosas nos recomendó especialmente cuatro: la primera, que no dejáramos nunca de hacer la oración mental, incluso a caballo, si no teníamos tiempo para hacerla en otra ocasión; la segunda, que celebráramos todos los días la santa misa si era posible; la tercera, que mortificásemos la vista por ei campo, pero sobre todo por las ciudades, y que guardásemos sobriedad en las comidas entre las personas del mundo; y la cuarta, que tuviésemos el catecismo con los sirvientes y con las criadas de las posadas, y sobre todo con los pobres. 238 [79,XI,96-97] E XTRACTO DE UNA CONFERENCIA SOBRE LAS AMONESTACIONES Necesidad de las amonestaciones para evitar la ruina de la compañía.
El padre Vicente invita a los demás a que le amonesten.
Os aseguro que los que no advierten al superior de los defectos que han notado en algunos de la compañía, en detrimen________ Conferencia 237.
— L.
ABELL Y, o.c., t.
III, cap. 24, p. 338.
Conferencia 238.
— Manuscrit du frère Robineau, p. 135. 789
to y desorden de la misma compañía, son ellos mismos culpables de esta ruina y desorden y partícipes del pecado de los otros.
Hemos de ver con agrado que el superior conozca nuestros defectos por medio de los otros, para que nos corrija, bien en privado o bien en público.
Esto no sólo no está en contra de la ley y de la palabra de Dios, sino que está en conformidad con esta ley y esta palabra divina, tal como ha declarado el papa, asistido de varios doctores, a petición de san Ignacio de Loyola.
El mismo Jesucristo corrigió y reprendió a veces públicamente a los que le seguían 1.
Yo mismo he de ver bien que me amoneste mi asistente, que es el padre Portail y que, si no me corrijo, mi superior proceda contra mí; pues bien, mi superior es toda la compañía reunida.
Sí, si no me corrijo de algo escandaloso y que vaya en daño y destrucción de la compañía, si enseño algo contrario a la doctrina de la Iglesia, la compañía tiene que reunirse y castigarme luego con todo el rigor que sea necesario, incluso expulsándome de ella, avisando al señor obispo de París o escribiendo a Roma, al papa, que son también mis superiores, para que pongan remedio.
Hemos de hacer siempre todo lo que podamos para llevar siempre la virtud hasta lo más alto que sea posible y a lo que la compañía pueda llegar, no ya por nuestro esfuerzo, sino con la ayuda de Dios y nuestras frecuentes oraciones. 239 [80,XI,97-98] R ESUMEN DE UNA REPETICION DE LA ORACION SOBRE LA ENVIDIA La envidia está en el origen del mal; merece el infierno.
Ocasiones de envidia.
Remedios: humildad y mortificación.
Dijo el padre Vicente que este vicio bastaba para arruinar a toda la compañía; los acontecimientos externos y los ataques del ________ 1 Cfr.
Mt 15,23; Mc 9,33-37.
Conferencia 239.
— Recueil de diverses exhortations, p. 31. 790
diablo no podrían abrir brecha en ella; que era de temer que en la Iglesia se formase un cisma, por causa de la envidia; que esto podía ser causa de que nuestro Señor retirase su espíritu de los clérigos para comunicárselo a los laicos; que había que combatir ese vicio con la humildad y con la caridad, haciendo que las virtudes de los otros sean nuestras por medio del amor; mientras que los que tienen virtudes y se sienten orgullosos de ellas son como esos mulos que van cargados de oro y de hermosos tapices, pero que son para los demás.
Tomo XI-B · página PDF 288Motivos: 1.º Las dos causas de la muerte de Jesús fueron la envidia del diablo y la envidia de los judíos. 2.º Ser envidioso es estar en contra de lo ordenado por Dios; en efecto, si uno le sabe mal que otro tenga mejores dotes, no se pone en contra del que tiene esas ventajas, sino más bien en contra de quien se las dio; por eso Dios nos puede decir: An oculus tuus nequam est, quia ego bonus sum? 1 3.º Tener envidia es entristecerse de que no sea inútil la sangre de Jesucristo, ya que a él se le deben todas las gracias, tanto espirituales como naturales, mientras que por nuestros pecados merecemos el infierno. 4.º En la Iglesia hay comunicación de buenas obras.
Un comerciante que estuviera asociado con otro, ¿se sentiría molesto de que el otro sacase grandes ganancias, si esto le aprovecha también a él?
¿Se incomodaría una parte del cuerpo porque las demás gozan de buena salud?
Las causas y las ocasiones de esta envidia son: si veo, por ejemplo, a uno que sirve para algo, mientras que yo no sirvo; si el otro camina ligero y yo no puedo seguirle; si canta bien y lo hace delante de mí, sin poder yo hacerlo como él; si al otro le conceden algún favor o privilegio y yo me entristezco por ello, etcétera.
Remedios: La humildad y la mortificación.
Para ello pensar en llevar la cruz de nuestro Señor y en lo que él nos dijo: Si quis te angariaverit mille passus, fac et adhuc decem cum eo 2, etcétera. ________ 1 Mt 20,15. 2 Mt 5,41 791
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