Novena de Navidad 2024- Camino Sinodal en Esperanza

Novena de Navidad 2024- Camino Sinodal en Esperanza

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INTRODUCCIÓN

El Adviento y la Navidad son momentos propicios, íntimos y reveladores de nuestra fe. En estos tiempos descubrimos la grandeza de Dios manifestada en lo pequeño, en lo pobre, en lo sencillo.

Es en medio de una familia donde Dios pone la gran señal de su alianza, no necesariamente en los palacios construidos para los poderosos, sino en el hogar preparado para los que no ocupan un puesto importante en la mesa donde se sientan a banquetear los que oprimen y marginan.

Para la Iglesia, estos tiempos son desafiantes. Parece que las olas estremecen con mucha fuerza contra la barca de San Pedro, pero existe la plena conciencia de que Jesús está en ella, que con ternura sigue acompañando los avatares de la existencia humana. El Papa ha tenido a bien hablarnos en el año que se aproxima a la luz de dos realidades: 1. No es posible avanzar en el mundo de manera egoísta e independiente; todos debemos reconocer la necesidad de caminar juntos. 2. Ese camino que emprendemos en comunidad no es un sinsentido; no caminamos hacia el abismo, caminamos con la cabeza erguida porque sabemos que nuestro futuro está lleno de una esperanza renovadora en Cristo Jesús.

Con estas motivaciones y esta peculiar invitación a vivir la Navidad en sintonía con el sínodo y con el año jubilar de la esperanza, que en comunidad podamos vivir una feliz Navidad y un bendecido 2025.

P. Andrés Felipe Rojas Saavedra, CM
Misionero Vicentino

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Benignísimo Dios de infinita caridad que tanto amaste a los hombres, que les diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciera en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. En retorno a él te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu Hijo humanado; suplicándote por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén. (Se reza tres veces Gloria al Padre).

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VÍRGEN

Soberana María, que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiera por madre suya, te suplico que tú misma prepares y dispongas mi alma, y la de todos los que en este tiempo hicieran esta novena, para el nacimiento espiritual de tu adorado Hijo. ¡Oh dulcísima Madre!, comunícame algo del profundo recogimiento y divina ternura con la que aguardaste para que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén. (Se reza tres veces el Avemaría).

ORACIÓN A SAN JOSÉ

¡Oh Santísimo José!, esposo de María y padre adoptivo de Jesús, infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Te ruego, por el amor que tuviste al Divino Niño, me abrases en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén (Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria).

ORACIÓN AL NIÑO JESÚS

Acuérdate ¡oh dulcísimo Niño Jesús! que dijiste a la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento y por ella a todos tus devotos estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”. Llenos de confianza en ti, ¡oh Jesús, que eres la misma verdad!, venimos a exponerte toda nuestra miseria. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos por los méritos de tu encarnación y de tu infancia la gracia de la cual

necesitamos tanto. Nos entregamos a ti, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza y de que en virtud de tu divina promesa acogerás y despacharás favorablemente nuestra súplica. Amén.

GOZOS NAVIDEÑOS

Dulce Jesús mío, mi niño adorado
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano,
que a infantil alcance te rebajas sacro!

¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos
la prudencia que hace verdaderos sabios!

¡Oh, Adonai potente que Moisés hablando,
de Israel al pueblo diste los mandatos!

¡Ah, ven prontamente para rescatarnos,

y que un niño débil muestre fuerte el brazo!

¡Oh, raíz sagrada de Jesé que en lo alto
presenta al orbe tu fragante nardo!

Dulcísimo Niño que has sido llamado
Lirio de los valles, Bella flor del campo.

¡Llave de David que abre al desterrado
las cerradas puertas de regio palacio!

¡Sácanos. Oh Niño con tu blanca mano,
de la cárcel triste que labró el pecado!

¡Oh, lumbre de Oriente, sol de eternos rayos,
que entre las tinieblas tu esplendor veamos!

Niño tan precioso, dicha del cristiano,
luzca la sonrisa de tus dulces labios.

¡Espejo sin mancha, santo de los santos,
sin igual imagen del Dios soberano!

¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado
y en forma de niño, da al mísero amparo!

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro,
De Israel anhelo Pastor del rebaño!

¡Niño que apacientas con suave cayado
ya la oveja arisca, ya el cordero manso!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto
bienhechor rocío como riego santo!

¡Ven hermoso Niño, ven Dios humanado!

¡Luce, Dios estrella! ¡Brota, flor del campo!

¡Ven, que ya María previene sus brazos,
do su niño vean, en tiempo cercanos!

¡Ven, que ya José, con anhelo sacro,
se dispone a hacerse de tu amor sagrario!

¡Del débil auxilio, del doliente amparo,
consuelo del triste, luz del desterrado!

¡Vida de mi vida, mi dueño adorado,
mi constante amigo, mi divino hermano!

¡Ven ante mis ojos, de ti enamorados!

¡Bese ya tus plantas! ¡Bese ya tus manos!

¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún más que mis frases, te dice mi llanto!

¡Ven Salvador nuestro por quien suspiramos
Ven a nuestras almas, Ven, no tardes tanto!

Día 1:
El llamado a caminar juntos

  • Signo:

Organizar una pequeña procesión o caminar juntos como familia o comunidad, mientras se ora por la unidad y se ofrece una intención especial. Al final del recorrido, colocar una imagen de Jesús en el centro del espacio.

  • Texto bíblico:

“Así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos tienen la misma función, así también nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está al servicio de los otros. Así pues, tenemos diferentes dones, según la gracia que se nos ha dado: si el don es de profecía, úsese según la medida de la fe; si es de servicio, en servir; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, hágalo con generosidad; el que preside, con solicitud; el que practica la misericordia, con alegría” (Romanos 12, 4-8).

  • Reflexión:

La sinodalidad es el caminar juntos de los cristianos con Cristo y hacia el Reino de Dios, en unión con toda la humanidad; orientada a la misión, implica reunirse en asamblea en los diferentes niveles de la vida eclesial, la escucha recíproca, el diálogo, el discernimiento comunitario, llegar a un consenso como expresión de la presencia de Cristo en el Espíritu, y la toma de decisiones en una corresponsabilidad diferenciada. En esta línea entendemos mejor lo que significa que la sinodalidad sea una dimensión constitutiva de la Iglesia. En términos simples y sintéticos, podemos decir que la sinodalidad es un camino de renovación espiritual y de reforma estructural para hacer a la Iglesia más participativa y misionera, es decir, para hacerla más capaz de caminar con cada hombre y mujer irradiando la luz de Cristo» (cfr: n. 28 Documento Conclusivo del Sínodo de la Sinodalidad).

Al nacer, Jesús eligió hacerse cercano, caminar junto a la humanidad como Dios con nosotros. Esta es la esencia de la sinodalidad: una Iglesia que camina unida, respetando la diversidad de sus miembros y escuchando al Espíritu Santo. La Navidad nos invita a redescubrir este caminar juntos como familia, comunidad y pueblo de Dios.

Preguntas:

  • ¿Qué significa para nuestra comunidad «caminar juntos»?
  • ¿Qué actitudes necesitamos para escuchar y acompañar a los demás?


Orientación práctica: Realizar un gesto simbólico de caminar juntos en familia o comunidad mientras se medita una oración por la unidad.

Día 2:
Cristo, la luz que guía

  • Signo:

Encender una vela en un espacio central. Cada miembro de la comunidad o familia puede tomar una pequeña vela de esta luz y colocarla alrededor, simbolizando la misión de llevar a Cristo al mundo.

  • Texto bíblico:

“En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo fue hecho por ella, y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron” (Juan 1, 1-5).

  • Reflexión:

«Cristo es la luz de los pueblos y esta luz brilla en el rostro de la Iglesia, aunque esté marcada por la fragilidad de la condición humana y la opacidad del pecado. Recibe de Cristo el don y la responsabilidad de ser fermento eficaz de los vínculos, las relaciones y la fraternidad de la familia humana, testimoniando en el mundo el sentido y la meta de su camino. La Iglesia asume esta responsabilidad en un tiempo dominado por una concepción individualista de la felicidad y de la salvación. Su vocación y su servicio profético consisten en dar testimonio del designio de Dios de unir a toda la humanidad en libertad y comunión” (cfr: n. 20 Documento Conclusivo del Sínodo de la Sinodalidad).

Jesús es la luz que ilumina nuestro caminar y da sentido a nuestra misión. En la Navidad celebramos que esta luz no solo nos guía, sino que nos transforma, enviándonos a ser portadores de su luz en un mundo necesitado de esperanza.

Preguntas:

  • ¿De qué manera ponemos a Cristo en el centro de nuestras decisiones y relaciones?
  • ¿Cómo podemos ser portadores de su luz en nuestras comunidades?

    Orientación práctica: Encender una vela y compartir cómo cada uno puede reflejar la luz de Cristo.

Día 3:
Escucha y discernimiento

Signo:

Colocar un espacio de silencio. Dejar una Biblia abierta en el centro y permitir que todos escriban en papel sus inquietudes o preguntas a Dios, colocando luego estos papeles en una canasta como ofrenda.

  • Texto bíblico:

“Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad; porque no hablará por cuenta propia, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que ha de venir. Él me glorificará, porque tomará de lo mío y se lo anunciará a ustedes” (Juan 16, 13-14).

  • Reflexión:

« La conversación en el Espíritu es una herramienta que, aun con sus limitaciones, resulta fructífera para permitir una escucha auténtica y discernir «lo que el Espíritu dice a las Iglesias» (Ap 2,7). Su práctica ha provocado alegría, asombro y gratitud y se ha experimentado como un camino de renovación que transforma a las personas, a los grupos y a la Iglesia. La palabra «conversación» expresa algo más que un mero diálogo: entrelaza armoniosamente pensamiento y sentimiento y genera un mundo de vida compartido. Por eso puede decirse que en la conversación está en juego la conversión. Es un dato antropológico que se encuentra en pueblos y culturas diferentes, unidos por la práctica de reunirse solidariamente para debatir y decidir sobre cuestiones vitales para la comunidad. La gracia lleva a término esta experiencia humana: conversar «en el Espíritu» significa vivir la experiencia de compartir a la luz de la fe y en la búsqueda de la voluntad de Dios, en un clima auténticamente evangélico en el que el Espíritu Santo puede hacer oír su voz inconfundible.» (Cfr: n. 45).

En la Navidad, Dios nos habla en el silencio del pesebre. La escucha profunda nos invita a detenernos y discernir cómo responder a su llamado de amor y comunión.

Preguntas:

  • ¿Qué tan atentos somos a la voz del Espíritu y a las necesidades de los demás?
  • ¿Qué espacios podemos crear para dialogar y discernir juntos?

Orientación práctica: Tener un momento de silencio y oración comunitaria para escuchar al Espíritu.

Día 4:
Comunidad como signo de unidad

Signo:

Compartir un pan entre los presentes, acompañándolo con una oración por la unidad y la fraternidad en la comunidad.

  • Texto bíblico:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo” (Juan 6, 51).

  • Reflexión:

« Quiso Dios santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que lo confesara en verdad y le sirviera santamente» (LG 9). El Espíritu suscita en el pueblo de Dios, iluminado por el Evangelio y la Eucaristía, la fuerza de la caridad, «porque hay un solo pan, nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos participamos de un solo pan» (1 Co 10,17). La Iglesia, iluminada por el sacramento del Cuerpo del Señor, es constituida como su Cuerpo (cf. LG 7). «Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno según su parte, sus miembros» (1Cor 12,27). Vivificados por la gracia, es el Templo del Espíritu Santo (cf. LG 17): es Él, en efecto, quien lo anima y construye, haciendo de todos nosotros las piedras vivas de un edificio espiritual (cf. 1Pe 2,5; LG 6).

El proceso sinodal nos ha hecho experimentar el «sabor espiritual» (EG 268) de ser Pueblo de Dios, reunido de todas las tribus, lenguas, pueblos y naciones, viviendo en contextos y culturas diferentes. Nunca es la mera suma de los bautizados, sino el sujeto comunitario e histórico de la sinodalidad y de la misión, todavía peregrino en el tiempo y ya en comunión con la Iglesia del cielo. En los diversos contextos en los que están arraigadas cada una de las Iglesias, el Pueblo de Dios anuncia y testimonia la Buena Nueva de la salvación; viviendo en el mundo y para el mundo, camina junto a todos los pueblos de la tierra, dialoga con sus religiones y culturas, reconociendo en ellas las semillas de la Palabra, avanzando hacia el Reino. Incorporados a este Pueblo por la fe y el Bautismo, somos sostenidos y acompañados por la Virgen María, «signo de esperanza segura y de consuelo» (LG 68), por los Apóstoles, por aquellos que han dado testimonio de su fe hasta dar la vida, por los santos de todo tiempo y lugar.” (Cfr: n. 16- 17).

En la Navidad celebramos que Dios ha querido hacerse alimento para nuestra vida. Así como compartimos el pan, estamos llamados a ser testigos de la comunión que Cristo nos regala en la Eucaristía.

Preguntas:

  • ¿Qué nos une como comunidad parroquial y familiar?
  • ¿Qué gestos de reconciliación necesitamos para crecer en unidad?

Orientación práctica: Realizar un gesto de reconciliación o fraternidad (por ejemplo, compartir alimentos).

Día 5:
Vocaciones y carismas al servicio

Signo:

Cada participante escribe en un papel un don o talento que tiene. Luego, lo ofrece en una caja que simbolice el pesebre. Al final, se puede orar por esos dones para que den fruto al servicio de los demás.

  • Texto bíblico:

“Ahora bien, hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor. Y hay diversidad de actividades, pero un mismo Dios que realiza todo en todos. A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común. Uno recibe del Espíritu el don de sabiduría; otro, el don de ciencia, según el mismo Espíritu; otro, el don de fe, por el mismo Espíritu; y otro, carismas de curaciones por el único Espíritu” (1 Corintios 12, 4-9).

  • Reflexión:

«Los cristianos, personalmente o en forma asociada, están llamados a hacer fructificar los dones que el Espíritu concede con vistas al testimonio y al anuncio del Evangelio. «Hay carismas diversos, pero uno es el Espíritu; hay ministerios diversos, pero uno es el Señor; hay actividades diversas, pero uno es Dios, que todo lo obra en todos. A cada uno le es dada una manifestación particular del Espíritu para el bien común» (1 Co 12, 4-7). En la comunidad cristiana, todos los bautizados están enriquecidos con dones para compartir, cada uno según su vocación y condición de vida. Las diferentes vocaciones eclesiales son, de hecho, expresiones múltiples y articuladas de la única llamada bautismal a la santidad y a la misión. La variedad de carismas, que tiene su origen en la libertad del Espíritu Santo, tiene como finalidad la unidad del cuerpo eclesial de Cristo (cf. LG 32) y la misión en los diversos lugares y culturas (cf. LG 12). Estos dones no son propiedad exclusiva de quienes los reciben y ejercen, ni pueden ser motivo de reivindicación para sí mismos o para un grupo. Están llamados a contribuir tanto a la vida de la comunidad cristiana, también mediante una adecuada pastoral vocacional, como al desarrollo de la sociedad en sus múltiples dimensiones.” (n. 57).

En Navidad recordamos que Dios nos da talentos y dones para servir. Así como los pastores y los Reyes Magos ofrecieron lo mejor de sí mismos al Niño Jesús, estamos llamados a poner nuestros carismas al servicio de la misión.

Preguntas:

  • ¿Reconocemos los dones y carismas de los demás?
  • ¿Cómo usamos nuestros dones para servir?


Orientación práctica: Identificar un don en un miembro de la familia o comunidad y agradecérselo.

Día 6:
La Iglesia, casa de los pobres

  • Signo:

Organizar una colecta solidaria en familia o comunidad (ropa, alimentos, dinero). Ofrecerla como signo concreto de amor hacia los más vulnerables, recordando el ejemplo de Jesús.

  • Texto bíblico:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la liberación a los cautivos, y la vista a los ciegos; para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lucas 4, 18-19).

  • Reflexión:

«En el corazón de Dios hay un lugar preferente para los pobres» (EG 197), los marginados y excluidos, y por tanto también en el de la Iglesia. En ellos la comunidad cristiana encuentra el rostro y la carne de Cristo, que, de rico que era, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8,9). La opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica. Los pobres tienen un conocimiento directo de Cristo sufriente (cf. EG 198) que los convierte en herederos de una salvación recibida como don y en testigos de la alegría del Evangelio. La Iglesia está llamada a ser el hogar de los pobres, que a menudo son la mayoría de los fieles, y a escucharlos, aprendiendo juntos a reconocer los carismas que reciben del Espíritu, y a ofrecerlos, asociándolos desde ya a sus propias opciones apostólicas y de evangelización.” (n. 19).

El nacimiento de Jesús en un humilde pesebre nos recuerda que el amor de Dios se manifiesta en la sencillez y cercanía. Somos invitados a ser una Iglesia abierta y solidaria, especialmente con los más necesitados.

Preguntas:

  • ¿Cómo acogemos a los más vulnerables en nuestras comunidades?
  • ¿Qué acciones concretas podemos emprender en esta Navidad por los más necesitados?

Orientación práctica: Organizar un acto solidario en familia o parroquia.

Día 7:
Conversión de las relaciones

  • Signo:

Tener un gesto de reconciliación en familia o comunidad (un abrazo, una disculpa, o compartir un mensaje de perdón).

  • Texto bíblico:

“Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes unos a otros. En esto reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros” (Juan 13, 34-35).

  • Reflexión:

« El deseo de relaciones más auténticas y significativas no sólo expresa la aspiración a pertenecer a un grupo cohesionado, sino que corresponde a una profunda conciencia de fe: la calidad evangélica de las relaciones concretas es decisiva para el testimonio que el Pueblo de Dios está llamado a dar en la historia. «En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13,35). Las relaciones renovadas por la gracia y la hospitalidad ofrecida a los últimos según la enseñanza de Jesús son el signo más elocuente de la acción del Espíritu Santo en la comunidad de los discípulos. Ser Iglesia sinodal exige, pues, una verdadera conversión relacional. Debemos aprender de nuevo del Evangelio que el cuidado de las relaciones no es una estrategia o una herramienta para una mayor eficacia organizativa, sino que es la forma en que Dios Padre se ha revelado en Jesús y en el Espíritu. Cuando nuestras relaciones, incluso en su fragilidad, dejan traslucir la gracia de Cristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu, confesamos con nuestra vida nuestra fe en Dios Trinidad.” (n. 50).

La Navidad nos invita a reconciliarnos, a reconstruir los vínculos rotos y a transformar nuestras relaciones en signos del amor de Cristo. En el pesebre, encontramos un ejemplo perfecto de unidad y humildad en las relaciones familiares.

Preguntas:

  • ¿Cómo están nuestras relaciones familiares y comunitarias?
  • ¿Qué podemos hacer para fortalecer la confianza y el amor mutuo?
  • Orientación práctica: Un compromiso personal o comunitario para mejorar una relación.

Día 8:
María, modelo de sinodalidad

  • Signo:

Hacer un altar sencillo a la Virgen María y rezar un misterio del Rosario en familia, pidiendo por las necesidades de la comunidad.

  • Texto bíblico:

“Entonces María dijo: Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque ha mirado con bondad la pequeñez de su sierva. Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el Todopoderoso ha hecho grandes cosas en mí. Su nombre es santo” (Lucas 1, 46-49).

  • Reflexión:

«En la Virgen María, Madre de Cristo, de la Iglesia y de la humanidad, resplandecen a plena luz los rasgos de una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa. Ella es, en efecto, la figura de la Iglesia que escucha, ora, medita, dialoga, acompaña, discierne, decide y actúa. De ella aprendemos el arte de la escucha, la atención a la voluntad de Dios, la obediencia a su Palabra, la capacidad de captar las necesidades de los pobres, la valentía de ponerse en camino, el amor que ayuda, el canto de alabanza y la exultación en el Espíritu. Por eso, como afirmaba san Pablo VI, «la acción de la Iglesia en el mundo es como una prolongación de la solicitud de María» (MC 28).” (n. 29).

María nos enseña que la verdadera grandeza está en la humildad y en la obediencia a Dios. En esta Navidad, que su ejemplo nos inspire a responder al llamado de Dios con generosidad y alegría.

Preguntas:

  • ¿Qué podemos aprender de María para caminar juntos?
  • ¿Cómo podemos decir «sí» al proyecto de Dios en nuestra vida?


Orientación práctica: Orar un Rosario o un misterio en familia, ofreciendo la jornada.

Día 9:
Navidad, fiesta de comunión y misión

  • Signo:

Compartir un gesto misionero: visitar a un enfermo, llamar a un amigo o vecino que necesite apoyo, o realizar una actividad en favor de la comunidad.

  • Texto bíblico:

“Jesús se acercó y les habló diciendo: ‘Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo’” (Mateo 28, 18-20).

  • Reflexión:

« La sinodalidad no es un fin en sí misma, sino que apunta a la misión que Cristo ha confiado a la Iglesia en el Espíritu. Evangelizar es «la misión esencial de la Iglesia […] es la gracia y la vocación propia de la Iglesia, su identidad profunda» (EN 14). Estando cerca de todos, sin diferencia de personas, predicando y enseñando, bautizando, celebrando la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación, todas las Iglesias locales y toda la Iglesia responden concretamente al mandato del Señor de anunciar el Evangelio a todas las naciones (cf. Mt 28, 19-20; Mc 16, 15-16). Valorando todos los carismas y ministerios, la sinodalidad permite al Pueblo de Dios anunciar y testimoniar auténtica y eficazmente el Evangelio a las mujeres y a los hombres de todo lugar y tiempo, haciéndose «sacramento visible» (LG 9) de la fraternidad y unidad en Cristo querida por Dios. Sinodalidad y misión están íntimamente ligadas: la misión ilumina la sinodalidad y la sinodalidad impulsa a la misión.” (n. 32).

En la Navidad celebramos que Dios se encarnó para salvarnos. Este don de amor nos impulsa a ser testigos de su alegría y esperanza, llevando su mensaje de paz a todas partes.


Preguntas:

  • ¿Cómo podemos anunciar la Buena Nueva en esta Navidad?
  • ¿Qué cambios podemos realizar para ser más misioneros?


Orientación práctica: Compartir la alegría de la Navidad visitando a alguien que lo necesite o invitando a un vecino a la celebración.

ORACIONES NOVENA DE NAVIDAD

Para reemplazar las tradicionales:

ORACIÓN INICIAL

Padre misericordioso que nos amas tanto y nos  demuestras tu amor enviándonos a tu hijo Jesucristo para que hecho hombre en las    entrañas de una mujer humilde nazca en un pesebre para   ser nuestro salvador.

Te damos gracias por tan MARAVILLOSO REGALO. En torno a ti ofrecemos, Padre, el esfuerzo sincero de trabajar por hacer de nuestras familias, de nuestra comunidad y de la región un mundo más fraterno, más justo y más humano.

Acoge nuestros deseos sinceros de reconciliación y de paz. Concédenos tomar siempre la iniciativa de decir y vivir en la verdad, practicar la misericordia y la solidaridad, promover al marginado y trabajar decidida y responsablemente por crear un clima de fraternidad, de diálogo, de reconciliación, de justicia y de paz. Para que Jesús habite en cada uno de nosotros los que en este tiempo nos reunimos para hacer esta novena de navidad.

Te lo pedimos Padre por Jesucristo tu hijo amado. Amén.

Padre Nuestro…

ORACIÓN PARA LA FAMILIA

Señor haz de nuestro hogar un sitio de tu amor. Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión. Que no haya amargura porque Tú nos bendices. Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas. Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón. Que no haya abandono porque Tú estás con nosotros. Que sepamos marchar hacia ti en tu diario vivir. Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio. Que cada noche nos encuentre con más amor. Haz Señor con nuestras vidas, que quisiste unir, una página llena de ti. Haz Señor de nuestros hijos lo que anhelas, ayúdanos a educarlos, orientarlos por tu camino. Que nos esforcemos en el apoyo mutuo. Que hagamos del amor un motivo para amarte más. Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro nos conceda el hallarnos unidos para siempre en ti. Amén.

ORACIÓN A LA VIRGEN

María madre de Dios y madre nuestra, que por tus grandes     virtudes fuiste la elegida para ser la madre de nuestro Salvador, te pedimos por todas nuestras familias; haz que cada hogar de nuestra patria sea un lugar de comprensión, de justicia y de paz.

Que la fiesta de navidad, por la encarnación de nuestro señor Jesucristo, tu hijo, nos una en el amor, nos haga olvidar las ofensas, nos anime a trabajar por la justicia y la paz, nos de la sencillez y la humildad de reconocer y corregir nuestros errores para iniciar así una vida nueva. Amen

Dios te salve María…

Gloria al Padre…

ORACIÓN A SAN JOSÉ

Santísimo San José esposo de María y padre adoptivo del Señor, tú fuiste escogido para hacer las veces de padre en el hogar de Nazaret. Ayuda a los padres de familia; que ellos sean siempre en su hogar imagen del padre celestial, a ejemplo tuyo; que cumplan cabalmente la gran responsabilidad de educar y formar a sus hijos, entregándoles, con un esfuerzo continuo, lo mejor de sí mismos. Ayuda a los hijos a entender y apreciar el abnegado esfuerzo de sus padres. San José modelo de esposos y padres intercede por nosotros. Amén.    

Padre Nuestro…

Consideración del día

GOZOS

Nota: Los gozos se pueden cambiar por aquellas cosas gozozas que hemos vivido durante el año a nivel personal, familiar o comunitario. Ejemplo: el nacimiento de un (a) bebé, los logros de algún miembro de la familia o de algo importante logrado en la comunidad.

Dios de los cristianos, único Señor, no queremos ídolos que nos alienen, ni dinero injusto ni poder tirano, ni drogas ni armas que nos aniquilen.

Dulce Jesús mío mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

La persona humana se ha menospreciado, no nos comprendemos y hasta nos matamos, haz que, con tu amor, ¡oh! Niño Adorado, todos entendamos que somos hermanos.

Que el frío egoísmo se termine ya, que no se oiga llantos, que haya bienestar, que todos gocemos en la Navidad, vecinos y amigos con santa amistad.

Así las personas, lo mismo el hogar, cambiarán muy pronto la comunidad, reinará la dicha, reinará la paz, reinará en nosotros el Dios del portal.

No profanaremos más tu Nombre Santo con hechos nefastos de crueldad y espanto. De todas las armas haremos arados, en paz nuestros campos serán cultivados.

Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestro suelo tu amor y tu paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un amor sincero que nos una más.

ORACIÓN AL NIÑO DIOS

Señor, Navidad es el recuerdo de tu nacimiento entre nosotros, es la presencia de tu amor en nuestra familia y en nuestra sociedad. Navidad es certeza de que el Dios del cielo y de la tierra es nuestro padre, que tú, Divino Niño, eres nuestro hermano.

Que esta reunión junto a tu pesebre nos aumente la fe en tu bondad, nos comprometa a vivir verdaderamente como hermanos, nos dé valor para matar el odio y sembrar la justicia y la paz. Oh Divino Niño, enséñanos a comprender que donde hay amor y justicia, allí estás tú y allí también es Navidad. Amén.

Gloria al Padre….

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4 comentarios

  1. Sor Aura Lia Calderón P.

    Gracias padre Felipe por permitirme entrar en tónica eclesial actualizada con la Novena de Navidad. Sin duda que su esfuerzo tendrá muchos frutos. Que la alegría que trae Jesús Niño llegué a nuestras vidas.

  2. Diácono Carlos Ceballos

    Las gracias que nos vienen en el vivir esta novena de aguinaldos con la comunidad, harán crecer más la fe en Dios Uno y Trino, y especialmente invitarán con brazos abiertos a experimentar y gozar la sinodalidad de nuestra iglesia en esperanza activa.
    Gracias padre Felipe.

  3. P. JUAN JOSE MARTINEZ

    Muchas gracias P. Felipe por esta excelente aportación a la catequesis navideña, con tu permiso compartiré la Novena en mi comunidad.
    Dios te bendiga.
    P. Juanjo

  4. Martha García Gomez (Catequista)

    Gracias,gracias ,es primera vez que voy a realizar una novena de Navidad y tiene todos los elementos,para reflexionar,meditar y tiene la Alegría de los gozos que debemos ofrecer a Nuestro Salvador
    Espero hacerlo bien

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