Santa Luisa de Marillac (1591–1660) fue una mujer francesa cofundadora, junto a San Vicente de Paúl, de las Hijas de la Caridad. Nacida en París en el seno de una familia aristocrática (Huérfana de madre, educada por su padre Louis de Marillac), contrajo matrimonio con Antoine Le Gras en 1613 y tuvo un hijo (Michel, nacido 1614). Viuda a los 34 años (1625), consagró su vida a Dios y el servicio a los pobres. Guiada primero por el obispo Juan José Camus y luego por San Vicente de Paúl, desarrolló un carisma innovador: formar “hermanas del pueblo” no encerradas en claustro sino al servicio directo de los necesitados.
En la misión con los enfermos y marginados, Luisa puso un “toque femenino” y maternal a las obras de caridad de Vicente de Paúl. Con un grupo inicial de jóvenes humildes estableció la primera casa de la comunidad en París en 1633–1634, impregnándolas de espiritualidad mariana y eucarística. En la fiesta de la Anunciación (25 de marzo) de 1634 (según fuentes) tomó los primeros votos en compañía de tres discípulas. Bajo la dirección de Vicente, redactaron reglas prácticas enfocadas en la obligación de servicio activo a los pobres (“una habitación alquilada” como “convento”, “las calles” como “claustro”). Para 1655, el cardenal Retz aprobó canónicamente la congregación (registrada en Parlamento en 1657) y San Vicente anunció: “De hoy en adelante llevaréis el nombre de Hijas de la Caridad”. Con ellas fundó hospitales, orfanatos y asilos en al menos treinta ciudades de Francia y Polonia, llevando asistencia en guerras y epidemias.
Santa Luisa murió el 15 de marzo de 1660 en París. La Iglesia católica valoró su vida de virtudes heroicas: fue proclamada Venerable en 1911 y beatificada el 9 de mayo de 1920 por el Papa Benedicto XV en la Basílica de San Pedro (ceremonia marcada por la lectura del Breve apostólico respectivo). Se reconocieron tres milagros atribuidos a su intercesión (curaciones en 1894, 1905 y 1911). Finalmente, el 11 de marzo de 1934 el Papa Pío XI la canonizó, incorporándola al catálogo de santos. Es patrona de los trabajadores sociales y cuidadores (título otorgado por Juan XXIII en 1960). Sus reliquias incorruptas descansan en la Capilla de la Medalla Milagrosa (casa general de las Hijas de la Caridad en París).

Biografía
Santa Luisa nación el 12 de agosto de 1591 en París, hija de Louis de Marillac (noble de la Corte francesa). Su madre murió poco después, y quedó a cargo de su abuelo Guillaume y luego de su tío Michel (futuro Canciller de Francia). Recibió educación privilegiada (con formación religiosa y humanística) y mostró desde joven piedad y amor al prójimo. A los 15 años deseó entrar en un convento de capuchinas, pero su delicada salud lo impidió. Su padre falleció cuando ella tenía 15 años, y por consejo de la familia se casó en 1613 con Antoine Le Gras, caballero de la corte. En su matrimonio, Luisa fue “un dechado de esposa cristiana”: vivieron unidos en la fe, compartiendo todo incluso la oración, logrando suavizar el carácter recio de su esposo. Tuvieron un hijo llamado Michel (n.1614), al que amó profundamente, experiencia que más tarde enriqueció su sensibilidad maternal en la obra caritativa.
En 1625 enviudó —su esposo murió piadosamente en sus brazos—, quedando sola con su hijo (de 10 años). Desde entonces, Luisa decidió entregarse totalmente a Dios y a los pobres. Su director espiritual fue inicialmente el obispo Jean-Joseph Camus de Belley, quien la vinculó al apostolado de San Vicente de Paúl. En esa época, ambos recorrieron los arrabales de París animando cofradías de caridad y visitando enfermos. Su encuentro con San Vicente en 1625 (o 1628) fue decisivo: ella aportó “el corazón maternal” que Vicente necesitaba para llegar a los más desamparados. Junto a él adquirió experiencia organizativa en hospitales y fundaciones benéficas. En 1632, durante un retiro espiritual, Luisa discernió su vocación definitiva: fundar un instituto secular de servicio directo a los pobres, quedándose en el “mundo” pero consagrada en vida religiosa. Comunicó su proyecto a Vicente, quien inicialmente dudó pero luego colaboró activamente.
Fundación de las Hijas de la Caridad
En 1633–1634, Luisa de Marillac reunió en su casa de París a las primeras jóvenes interesadas (cuatro mujeres humildes) para formarlas en el servicio cristiano a enfermos y pobres. Bajo su dirección (y la guía de Vicente), redactaron unas reglas basadas en el Evangelio que enfatizaban la humildad, la pobreza y el servicio activo sin clausura conventual. El 25 de marzo de 1634 (fiesta de la Anunciación, según ciertos autores) Luisa y tres compañeras pronunciaron sus primeros votos como Hijas de la Caridad (otras fuentes señalan 1642 para el mismo compromiso análogo). Estas primeras Hermanas vestían hábito sencillo y cornette blanco, y se instalaron como “hermanas del pueblo”: decían que su convento era la casa de los enfermos y su clausura, las calles.
Con la expansión de las necesidades (peste, campos de batalla, pobreza urbana), la obra creció rápidamente. Luisa estableció comunidades en casas de caridad por toda Francia. Bajo su liderazgo y carisma se organizó el servicio a los enfermos en el Hôtel-Dieu de París, a huérfanos, a ancianos, enfermos mentales y víctimas de la Guerra de los Treinta Años. En 1642 cuatro hermanas emitieron sus votos anuales de pobreza, castidad y obediencia. Finalmente, a principios de 1655, la congregación fue reconocida canónicamente: el cardenal Juan Francisco de Gondi (arzobispo de París) aprobó el instituto y en 1657 lo registró en Parlamento. San Vicente leyó las Reglas a las Hermanas y proclamó solemnemente: “De hoy en adelante llevaréis el nombre de HIJAS DE LA CARIDAD”. Hasta casi la septuagésima primavera Luisa dirigió la congregación, viajando por Francia para fundar nuevas casas (cerca de 30 en Francia y Polonia) y consolidar las comunidades.
El carisma de la congregación, inspirado en Santa Luisa, se centraba en ver a Cristo en los pobres y atenderlos “como a Nuestro Señor”. Las Hijas de la Caridad no usaban hábitos monásticos tradicionales, sino un sencillo uniforme gris con cornette, símbolo de identificación con los necesitados (“la Congregación no es un convento, sino una red de caridad en las ciudades”). La regla de 1655 (redactada por Vicent y aprobada por la Santa Sede) destacaba la obediencia a la visitadora provincial y la formación continua. En esencia, la congregación es un instituto activo, sin clausura, comprometido con la asistencia directa a enfermos y marginados. Como dijo San Vicente: no era monjas encerradas, sino “hermanas del pueblo” con un convento que fuera «la casa de los enfermos» y un claustro, «las calles de la ciudad».
Principales obras y servicios fundados
Bajo la dirección de Santa Luisa, las Hijas de la Caridad emprendieron grandes obras sociales. En París organizaron el servicio en hospitales como el Hôtel-Dieu (donde establecieron protocolos de atención). Salieron a las calles para cuidar enfermos en epidemias y enfermeras llevaban asistencia a domicilio. Fundaron asilos para niños huérfanos y ancianos desamparados; atendieron presos enfermos en cárceles; abrieron dispensarios en regiones de guerra. Su actividad se extendió a ciudades como Angers, Nantes, Nantes, Fontainebleau, Calais, Narbona, Metz y muchas otras. Notablemente, en 1633 Luisa misma viajó a Angers con tres hermanas para reorganizar su hospital público, implicando a médicos y autoridades locales en la obra conjunta. También crearon orfanatos para niñas abandonadas y hogares de acogida. Gracias a su impulso, la orden surgió en Europa y luego en misiones americanas y asiáticas (siglos XIX–XX). Con su énfasis en la compasión, transformó prácticas asistenciales: por ejemplo, retiró a los prisioneros enfermos de los galeones (tal como las Hijas de la Caridad solían cuidar a los galeotes durante la peste de 1636).
Relación con la Iglesia y autoridades civiles
Desde el inicio, Luisa se apoyó en el respeto a las autoridades eclesiásticas. Su espiritualidad fue dirigida primero por obispos (Salesio de Bellegarde, luego Camus de Belley) y confirmada por Vicente de Paúl. La fundación de las Hijas de la Caridad fue bendecida por San Vicente (Superior General de la Misión) y los obispos locales. En 1655 el cardenal Retz, como representante eclesiástico máximo en París, colocó a la congregación bajo la jurisdicción de la Congregación de la Misión (fundada por Vicente en 1625). Además, las Hijas de la Caridad fueron registradas en el Parlamento de París en 1657, lo que les garantizaba cierta aprobación civil para sus bienes y operaciones. Durante la Revolución Francesa el instituto sufrió disolución temporal, pero la devoción a Santa Luisa perduró y sobrevivió en el siglo XIX. En el siglo XX la Iglesia universal ratificó su importancia: por ejemplo, Pío XII elogió en 1957 el heroísmo cotidiano de las Hijas de la Caridad, y Pablo VI (1963) y Juan Pablo II (1987) resaltaron la vigencia de su carisma vicentino.
No hay registros históricos de enfrentamientos con autoridades civiles en vida de Luisa; al contrario, sus gestiones se hicieron en armonía con la jerarquía católica. San Vicente de Paúl, consciente de su misión común, cuidó de no violar ninguna norma eclesiástica en la fundación y pidió a las Hermanas evitar culto prematuro a su fundadora hasta que la Sede apostólica lo autorizara. Sólo tras la muerte de Luisa, las Hijas de la Caridad elevaron la petición formal a Roma para su beatificación, siguiendo el proceso establecido por la Iglesia.
Legado y devoción popular
Santa Luisa dejó un legado espiritual y social duradero. Conocida como la “Madre de las Hijas de la Caridad”, su ejemplo de amor a los pobres inspiró a laicos vicencianos (Conferencias de San Vicente de Paúl, Jóvenes Vicencianos) y motivó la fundación de numerosas obras caritativas en todo el mundo. Se le venera como patrona de los trabajadores sociales, las gentes de misericordia y las viudas (título proclamado en 1960 por San Juan XXIII). Cada 9 de mayo se celebra su memoria litúrgica (antes se conmemoraba el 15 de marzo).
Su tumba incorrupta es objeto de devoción: el cuerpo de la Santa reposa en una hermosa urna ubicada en la Capilla de la Medalla Milagrosa, en la Rue du Bac de París. Muchos fieles peregrinan a esa capilla para rezar ante sus restos, considerados un signo tangente de su santidad. Asimismo, numerosas iglesias y hospitales llevan su nombre en Francia y en América Latina. Su festividad se recuerda con misas solemnes y testimonios de caridad en su honor.
El cuerpo de Santa Luisa de Marillac descansa incorrupto en la Capilla de la Médaille Miraculeuse (París), convirtiéndose en foco de peregrinaciones y devoción familiar. Su recuerdo perdura en emblemas como la corona de flores y la paloma (símbolo del Espíritu Santo) en las celebraciones litúrgicas.
Proceso de beatificación y canonización
La causa de canonización de Luisa de Marillac siguió los trámites clásicos de la Iglesia. Tras siglos de veneración popular, en el siglo XIX se reunió toda la documentación necesaria: en 1894 un decreto papal declaró lícitos sus escritos y virtudes. El 10 de junio de 1895 el Papa autorizó introducir oficialmente la causa (“título de Venerable” para Luisa). El 19 de julio de 1911 se hizo público el decreto que reconoció heroicas sus virtudes, equiparándola jurídicamente a los beatos (declaración de venerabilidad).
Para la beatificación se presentaron tres milagros atribuidos a su intercesión: la curación instantánea de José María Héleut en 1894 (otitis purulenta con perforación timpánica); la sanación de Rosa Curlo en 1911 (una úlcera crónica); y el milagro de la Hija de la Caridad Sor María Ferrer y Nin en 1905 (cura repentina de una mielitis postraumática). Cada caso fue investigado rigurosamente: testigos presenciales (médicos y feligreses) declararon ante tribunales eclesiásticos en España, Francia e Italia, y la curación se objetivó mediante dictámenes médicos. En 1919 la Sagrada Congregación de Ritos examinó los expedientes y aprobó la autenticidad de estos tres milagros.
El 6 de julio de 1919, en presencia del Papa Benedicto XV, se leyó en el Vaticano el decreto de beatificación (debido a la consideración de los milagros y virtudes). El 9 de mayo de 1920 (una audiencia especial en San Pedro) se celebró la ceremonia solemne donde Benedicto XV proclamó a Luisa “Bienaventurada”, leyendo el Breve Apostólico respectivo. Los actos incluían la presentación de los símbolos del martirio espiritual (la Corona de flores que alzó Lucien Le Buffe) y la entronización de su imagen entre los beatos. Durante la ceremonia cantaron miles de asistentes, incluyendo Hijas de la Caridad de todo el mundo y los postuladores de la causa (por ejemplo, Mons. Rafael Virili).
Para la canonización fue necesario un milagro adicional tras la beatificación. Siguiendo el procedimiento, se sometió otro caso a estudio vaticano; pero al haberse dispensado un milagro previamente (práctica reservada a fundadores), el Papa Pío XI procedió a la canonización con las gracias anteriores. El 11 de marzo de 1934, en la Basílica de San Pedro, Pío XI proclamó solemne a Santa Luisa de Marillac como “santa de la Iglesia Católica”. Con este acto se confirmaron todos los decretos anteriores y se extendió su culto público. La bula pontificia de canonización (publicada aquel día) reafirmó su modelo de caridad y citó los milagros ya reconocidos. Durante esta ceremonia el Papa pronunció una homilía sobre la caridad vicenciana y declaró honorables a los Institutos fundados por ella y San Vicente. Desde entonces, la Iglesia celebra su memoria cada 9 de mayo, y San Vicente mismo recomendó a sus hijas rezar a Santa Luisa como intercesora.
Cronología de hitos
| Fecha | Acontecimiento |
| 12 ago 1591 | Nace en París Luisa de Marillac, futura fundadora vicenciana. |
| 1613 | Se casa en París con Antoine Le Gras; nace su hijo Michel (1614). |
| 15 mar 1625 | Fallece su esposo Antoine Le Gras; Luisa (34 años) queda viuda y consagra su vida a Dios y a los pobres. |
| 1625–1632 | Se une a San Vicente de Paúl; colabora en cofradías de caridad y hospitales de París. |
| 1632 | Durante retiro espiritual, discierne su vocación fundacional; emprende formación de mujeres serviciales. |
| 25 mar 1634 | En la fiesta de la Anunciación, Luisa y tres compañeras hacen sus primeros votos como Hijas de la Caridad. |
| 1655 | Aprobación canónica de la congregación por el cardenal de Retz, arzobispo de París. |
| 15 mar 1660 | Fallece Santa Luisa de Marillac en París, a los 68 años. |
| 10 jul 1894 | Decreto vaticano declara lícitos los escritos y virtudes de Luisa; se prepara la causa de beatificación. |
| 29 mar 1905 | Exhumación de los restos de Luisa para reconocimiento (experiencia eclesiástica y médica). |
| 19 jul 1911 | Decreto de heroicidad de virtudes: Luisa es declarada Venerable por la Iglesia. |
| 9 mar 1919 | Decreto aprobado de tres milagros en su intercesión (1894, 1905, 1911). |
| 6 jul 1919 | Decreto papal autoriza solemnizar la beatificación de la Sierva de Dios Luisa de Marillac. |
| 9 may 1920 | Beatificación en Roma por el Papa Benedicto XV; lectura del Breve Apostólico y ceremonias en San Pedro. |
| 11 mar 1934 | Canonización en Roma por el Papa Pío XI, proclamando a Luisa como santa de la Iglesia. |
| 9 may 1960 | Juan XXIII declara a Santa Luisa patrona de trabajadores sociales y cuidadores. |
| 2016 | Cambia la memoria litúrgica al 9 de mayo (día de su beatificación) para evitar Cuaresma. |

