Para san Vicente de Paúl, la devoción a la Santísima Trinidad no fue una idea abstracta, sino el corazón mismo de la misión. La Trinidad debía ser adorada, enseñada y reflejada en la vida comunitaria. En sus escritos aparece unida al misterio de la Encarnación, porque para él la fe cristiana se concentra en estos dos grandes misterios: Dios uno y trino, y el Hijo de Dios hecho hombre para salvarnos.
San Vicente ve en la ignorancia de la Santísima Trinidad una de las grandes pobrezas espirituales del pueblo. En el documento relativo a la aprobación pontificia de la Congregación de la Misión se dice que muchos campesinos “ignoran los principales artículos de la fe que se refieren a la santísima Trinidad y al sagrado misterio de la Encarnación, sin los cuales no puede haber salvación” (Tomo X, p. 321). Por eso la misión vicentina nace como una respuesta de caridad doctrinal: enseñar a los pobres lo necesario para conocer, amar y servir a Dios.
La Congregación de la Misión recibe desde sus orígenes este sello trinitario. En la Bula de Erección se afirma que los misioneros “promoverán también el culto especial a la santísima Trinidad, al sagrado misterio de la encarnación y a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios” (Tomo X, pp. 307-308). Es decir, la Trinidad no ocupa un lugar secundario: está en el programa espiritual y apostólico de la Compañía.
San Vicente lo convirtió también en regla de vida. En las Reglas Comunes se lee: “debemos venerar de una manera especialísima los inefables misterios de la Santísima Trinidad y de la Encarnación” (Tomo X, p. 507). Y concreta tres prácticas: “hacer frecuentemente y de lo íntimo del corazón actos de fe y de religión sobre estos misterios”; “ofrecer todos los días en su honor algunas oraciones y buenas obras”; y trabajar para que “estos misterios sean conocidos y venerados por todos los pueblos” (Tomo X, p. 507). Así, la devoción trinitaria es oración, ofrecimiento diario y catequesis misionera.
Dónde san Vicente declara a la Santísima Trinidad patrona de la Comunidad
El lugar explícito está en la Repetición de la oración del 23 de mayo de 1655, titulada “Sobre la fiesta de la Santísima Trinidad”, dirigida a los misioneros. Allí san Vicente dice claramente: “Además de la obligación que tenemos como cristianos de honrar esta fiesta, tenemos nosotros un motivo especial, ya que un papa, en las bulas de aprobación de la compañía, nos ha dado como patrono a la santísima Trinidad” (Tomo XI, p. 104).
Conviene notar que el texto dice “patrono”, aunque se refiere a “la santísima Trinidad”; el índice del Tomo XII resume esta referencia como “la Sma. Trinidad, patrona de la CM” (Tomo XII, p. 532). Por tanto, la declaración vicentina se encuentra en Tomo XI, página 104, y la base jurídica que él invoca son las bulas de aprobación de la Compañía, especialmente la Bula de Erección que manda promover el culto especial a la Trinidad.
Para san Vicente, tener a la Santísima Trinidad como patrona/patrono de la Compañía exige una consecuencia práctica: “Esto nos tiene que animar mucho a todos, en la medida de nuestras posibilidades, a celebrar con gran devoción esta fiesta, así como también aficionarnos mucho a no dejar pasar ni una sola ocasión de enseñar este misterio” (Tomo XI, p. 104).
Esta devoción se traduce en celo por los pobres. San Vicente añade que todos, incluso los hermanos no sacerdotes, deben enseñar este misterio cuando encuentren a un pobre que lo ignore: “debéis, cuando os encontréis con algún pobre, enseñarle este misterio, si no lo sabe” (Tomo XI, p. 105). También alaba a las Hijas de la Caridad: “Nuestras pobres hermanas de la caridad hacen esto con mucha gracia y bendición en las aldeas en que están” (Tomo XI, p. 105).
La pedagogía de san Vicente es sencilla y popular. Para explicar la Trinidad usa una comparación tomada de san Agustín: “De la misma manera que en el sol hay tres cosas y esas tres cosas no hacen tres soles, también en la santísima Trinidad hay tres personas, pero esas tres personas no hacen más que un solo Dios” (Tomo X, pp. 201-202).
Finalmente, la Trinidad es modelo de vida comunitaria. San Vicente pide a las Hijas de la Caridad que se conformen a ella: “me gustaría que las hermanas se conformasen en esto a la santísima Trinidad, que como el Padre se entrega totalmente al Hijo y el Hijo se entrega totalmente al Padre, de donde procede el Espíritu Santo, de la misma manera ellas sean totalmente la una de la otra para producir las obras de caridad” (Tomo X, p. 766).
En conclusión, la devoción de san Vicente a la Santísima Trinidad tiene cuatro rasgos: es adoración del misterio central de la fe; es obligación propia de la Congregación de la Misión; es catequesis para salvar a los pobres de la ignorancia religiosa; y es modelo de unión, entrega y caridad fraterna. Para Vicente, honrar a la Trinidad es vivir para la gloria de Dios y para el servicio humilde de los pobres.
