Kamar Galíndez quedó sepultado bajo los escombros de un hotel en La Guaira. Mientras una viga presionaba su pecho y tenía un brazo fracturado, se aferró a la oración. Después de ser rescatado, encontró su Medalla Milagrosa enganchada misteriosamente en el cierre de su pantalón.
En medio de la devastación provocada por los terremotos que sacudieron Venezuela, una historia de fe, supervivencia y esperanza ha conmovido a miles de personas.
Su protagonista es Kamar Galíndez, un abogado venezolano de 53 años que logró salir con vida de los escombros del Hotel Chipi’s Beach, ubicado en Playa Grande, estado La Guaira. Para él, haber sobrevivido no fue simplemente cuestión de fortuna: está convencido de que Dios escuchó su oración y de que la Virgen María lo acompañó maternalmente durante aquellos momentos de angustia.
Cuando todo comenzó a derrumbarse
La tarde del miércoles 24 de junio de 2026, Kamar se encontraba en el último piso del hotel, preparándose para comenzar su entrenamiento en el gimnasio.
De repente, las máquinas comenzaron a desplazarse violentamente. El suelo se partió y una parte del edificio empezó a inclinarse. En cuestión de segundos, la zona donde se encontraba se desplomó verticalmente.
Kamar sintió que perdía el suelo bajo sus pies. Después llegaron los golpes, el estruendo del concreto y la oscuridad de los escombros. Había quedado sepultado bajo los restos del edificio.
En ese instante, cuando humanamente parecía no existir ninguna posibilidad de escapar, una imagen vino a su mente: la de Jesús de la Divina Misericordia.
Su oración fue sencilla, pero llena de fe:
“Señor, ten misericordia”.
Una viga sobre el pecho y un brazo fracturado
Kamar nunca perdió el conocimiento. Sintió cada golpe durante el derrumbe y, cuando finalmente pudo comprender lo sucedido, descubrió que su cuerpo estaba casi completamente enterrado.
Una enorme viga presionaba su pecho y le impedía respirar con normalidad. Su brazo izquierdo estaba fracturado y apenas podía moverse. Su cabeza, sin embargo, había quedado libre, permitiéndole contemplar entre los restos del edificio los últimos rayos de luz de aquella tarde.
A su alrededor escuchaba los gritos de otras personas que también habían quedado atrapadas.
El miedo era profundo, pero Kamar comprendió que necesitaba serenarse. Nuevamente se dirigió a Dios:
“Papá Dios, ayúdame a salir. Dame calma y dime qué tengo que hacer”.
Su primera petición no fue únicamente ser liberado, sino recibir la paz necesaria para pensar, actuar y no dejarse vencer por la desesperación.
Una oración convertida en esperanza
Como pudo, comenzó a realizar señales y a pedir auxilio. No sabe con exactitud cuánto tiempo permaneció bajo los escombros; para él, aquellos minutos parecieron una eternidad.
Finalmente, un hombre que había logrado subir sobre la montaña de concreto, ladrillos y metal escuchó sus señales y consiguió localizarlo. Poco después, Kamar fue liberado y logró bajar del edificio colapsado.
Estaba herido, cubierto de polvo y profundamente conmocionado, pero había recibido nuevamente el regalo de la vida.
La Medalla Milagrosa apareció en su bolsillo
Kamar llevaba al cuello una pequeña cadena con un crucifijo y una Medalla de la Virgen Milagrosa. Durante el derrumbe, la cadena se rompió y él pensó que había perdido ambos objetos entre los escombros.
Después del rescate, unos jóvenes comenzaron a prestarle los primeros auxilios. Como necesitaban inmovilizar su brazo fracturado, Kamar pidió que guardaran su reloj en uno de los pequeños bolsillos de su pantalón corto.
Fue entonces cuando descubrieron algo que lo dejó profundamente impresionado.
Enganchados en el pequeño cierre del bolsillo se encontraban un fragmento de la cadena rota y la Medalla Milagrosa.
Kamar no podía explicar cómo habían llegado hasta allí. En medio del violento desplome, la cadena se había desprendido de su cuello, pero la medalla permaneció junto a él.
Para este devoto de la Virgen María, aquel hallazgo se convirtió en un signo personal e inolvidable de protección maternal.
“Esa fue la que me salvó”, afirmó al recordar el momento.
Kamar asegura no tener dudas de que haber sobrevivido fue una gracia alcanzada por la misericordia de Dios y la intercesión de la Santísima Virgen.
La medalla no es un amuleto
El testimonio de Kamar debe comprenderse desde la fe y no desde la superstición. La Medalla Milagrosa no es un objeto mágico ni un amuleto que garantice que quien la lleve estará libre de todo sufrimiento.
Las medallas forman parte de las expresiones de piedad popular reconocidas por la Iglesia. Estos signos ayudan al creyente a recordar la presencia de Dios, a renovar su oración y a confiar en la intercesión de la Virgen y de los santos. Siempre deben conducir a Cristo y a una vida comprometida con el Evangelio.
Por eso, el verdadero centro de esta historia no está únicamente en un objeto material, sino en la fe de un hombre que, mientras todo se derrumbaba, recordó que no estaba solo.
La medalla fue para Kamar un signo visible de una realidad espiritual más profunda: la cercanía de una Madre que acompaña a sus hijos en la prueba y los conduce hacia la misericordia de Jesús.
“Tengo el mayor don que Dios me regaló: la vida”
Tras contemplar la magnitud de la destrucción, Kamar comprendió aún más el valor de estar vivo. Su casa también había quedado destruida y muchas personas permanecían bajo los escombros.
Su supervivencia no borró el dolor de la tragedia, pero transformó profundamente su manera de mirar la existencia.
Para él, cuando las cosas más sencillas parecen imposibles y, aun así, se recibe una nueva oportunidad, el corazón aprende a reconocer que la vida es un regalo.
Hoy, su testimonio se convierte en una invitación a vivir con mayor humildad, gratitud y confianza en Dios. También recuerda que, aun en las situaciones más oscuras, una oración puede sostener el alma y abrir un espacio para la esperanza.
Hasta el momento, esta experiencia ha sido presentada como el testimonio personal de fe de Kamar Galíndez, y no como un milagro oficialmente reconocido por la Iglesia. Sin embargo, para él, haber salido con vida y encontrar la medalla junto a su cuerpo constituye una señal que jamás podrá olvidar.
Una oración por Venezuela
Mientras Venezuela continúa afrontando el dolor, la pérdida y las consecuencias de los terremotos, la historia de Kamar nos invita también a elevar nuestra oración por quienes murieron, por las personas heridas, por las familias que perdieron sus hogares y por quienes trabajan entre los escombros para ayudar a los demás.
Que la Virgen María cubra con su manto al pueblo venezolano y fortalezca a quienes sienten que todo se ha derrumbado a su alrededor.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti. Amén.
