Corazón de Paúl presenta una nueva entrega de su Colección Formativa de los Sacramentos, dedicada esta vez al Sacramento de la Unción de los Enfermos.
Bajo el título “El Sacramento de la Unción de los Enfermos: Consuelo, fortaleza y esperanza en Cristo”, esta nueva cartilla quiere ayudar a redescubrir uno de los sacramentos más hermosos y, al mismo tiempo, uno de los más desconocidos de la vida de la Iglesia.
Durante mucho tiempo, muchos cristianos han relacionado la Unción casi exclusivamente con los últimos momentos de la vida. Incluso hoy algunas familias evitan llamar al sacerdote porque temen que su presencia signifique que “ya no hay nada que hacer”.
Pero la Iglesia enseña algo mucho más profundo.
La Unción de los Enfermos no es un anuncio de muerte.
Es presencia de Cristo en la enfermedad.
Es consuelo.
Es fortaleza.
Es oración de la Iglesia.
Es gracia sacramental para atravesar la fragilidad humana sostenidos por Dios.
Jesús nunca permaneció indiferente ante el enfermo
Para comprender este sacramento debemos comenzar mirando a Jesús.
Los Evangelios muestran continuamente a Cristo acercándose a quienes sufren.
Se detiene ante los ciegos.
Toca a los leprosos.
Escucha a quienes gritan desde el camino.
Entra en las casas donde hay enfermedad.
Se conmueve ante el dolor.
Y devuelve dignidad a quienes muchas veces habían quedado relegados por la sociedad.
La enfermedad nunca es para Jesús simplemente un problema físico.
Detrás de cada enfermedad hay una persona.
Un rostro.
Una historia.
Una familia.
Un miedo.
Una esperanza.
Por eso, la Iglesia continúa esta cercanía de Cristo mediante la oración, la comunidad, la visita pastoral y, de manera particular, mediante el Sacramento de la Unción de los Enfermos.
“¿Está enfermo alguno de ustedes?”
Uno de los textos bíblicos fundamentales para comprender este sacramento se encuentra en la Carta de Santiago:
“¿Está enfermo alguno de ustedes? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor.”
Desde las primeras comunidades cristianas encontramos, por tanto, la oración de la Iglesia sobre los enfermos acompañada por la unción con óleo.
No se trata únicamente de un gesto humano de consuelo.
Es una acción sacramental en la que Cristo continúa acercándose a quienes atraviesan la enfermedad.
No es solamente para quien está muriendo
Esta es una de las aclaraciones más importantes de la cartilla.
La Unción de los Enfermos puede recibirse cuando una persona comienza a encontrarse seriamente afectada por una enfermedad o por la fragilidad propia de una edad avanzada.
No es necesario esperar a que llegue la agonía.
También puede recibirse nuevamente cuando el enfermo se recupera y posteriormente vuelve a enfermar gravemente, o cuando durante una misma enfermedad su condición empeora notablemente.
Por eso, esperar hasta el último momento puede privar al enfermo de la posibilidad de vivir conscientemente la celebración, escuchar la Palabra, orar con su familia, recibir el perdón sacramental cuando sea posible y experimentar la cercanía de la comunidad cristiana.
¿Qué hace la Unción de los Enfermos?
La Unción no debe entenderse como una especie de fórmula automática de curación física.
Dios puede conceder también la recuperación de la salud corporal cuando ello conviene para la salvación de la persona, pero el centro del sacramento es mucho más profundo.
La Iglesia reconoce entre sus frutos una gracia especial de fortaleza, paz y ánimo para enfrentar las dificultades propias de la enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez.
El enfermo es unido de manera especial a la pasión de Cristo.
Su sufrimiento, sin dejar de ser doloroso, puede ser vivido en comunión con Jesús.
El sacramento también fortalece la unión del enfermo con toda la Iglesia y, cuando la persona no ha podido recibir el Sacramento de la Penitencia, puede conceder el perdón de los pecados conforme a las condiciones previstas por la Iglesia.
La Unción proclama algo profundamente cristiano:
la enfermedad no separa al creyente del amor de Dios.
¿Quién puede administrar este sacramento?
La Iglesia enseña con claridad que todo sacerdote y solamente el sacerdote puede administrar válidamente la Unción de los Enfermos.
Ni los diáconos ni los ministros extraordinarios de la Comunión pueden realizar la unción sacramental.
Esto no disminuye el extraordinario valor de su servicio.
Los diáconos, religiosos, agentes de pastoral, ministros de la Comunión y laicos pueden visitar, escuchar, rezar, acompañar y llevar la Eucaristía a los enfermos según las normas de la Iglesia.
Pero la Unción sacramental corresponde al sacerdote.
Por eso es tan importante que las familias no esperen a una situación extrema para ponerse en contacto con la parroquia.
Confesión, Unción y Viático: no son lo mismo
Otro de los objetivos de esta cartilla es ayudar a distinguir realidades que con frecuencia se confunden.
La Confesión reconcilia sacramentalmente al cristiano con Dios y con la Iglesia.
La Unción de los Enfermos comunica una gracia especial ante la enfermedad grave o la fragilidad.
El Viático es la Sagrada Eucaristía recibida por quien se encuentra próximo a pasar de esta vida al Padre.
En las situaciones de final de vida, estos sacramentos pueden formar juntos un hermoso itinerario espiritual.
La Eucaristía como Viático se convierte entonces en alimento para el último camino.
Cristo acompaña al creyente hasta el final.
El Óleo de los Enfermos
Uno de los signos más importantes del sacramento es el óleo bendecido para los enfermos.
El sacerdote unge al enfermo mientras pronuncia la oración sacramental establecida por la Iglesia.
El aceite posee una profunda tradición bíblica.
Era utilizado para aliviar heridas, fortalecer el cuerpo y expresar cuidado.
Dentro del sacramento se convierte en signo de una realidad mucho mayor: Cristo fortalece a quien está herido por la enfermedad.
No es el aceite por sí mismo el que sana.
Es Cristo quien actúa sacramentalmente por medio de su Iglesia.
Una pastoral que no culpabiliza al enfermo
La enfermedad genera muchas preguntas.
“¿Por qué me ocurrió esto?”
“¿Dios me está castigando?”
“¿Qué hice para merecerlo?”
Una catequesis cristiana responsable debe evitar convertir la enfermedad en culpa.
Jesús mismo rechazó la interpretación automática que asociaba toda enfermedad o sufrimiento con un pecado personal.
La fe no nos permite conocer todas las razones del sufrimiento.
Pero sí nos permite saber algo fundamental:
Dios no abandona a quien sufre.
El cristianismo no propone explicar cada dolor.
Propone acompañarlo.
La pregunta cristiana no es solamente “¿por qué ocurre esto?”, sino también:
¿cómo podemos amar a quien está atravesando este dolor?
La medicina y la fe no son enemigas
Recibir la Unción de los Enfermos no significa abandonar los tratamientos médicos.
La oración no reemplaza la medicina.
La medicina tampoco vuelve innecesaria la oración.
El cristiano puede recibir atención médica, tratamiento, acompañamiento psicológico, cuidados paliativos y, al mismo tiempo, recibir la ayuda espiritual y sacramental de la Iglesia.
La persona humana posee una unidad profunda.
Cuerpo, mente, relaciones y espíritu necesitan ser cuidados.
Por eso, la pastoral de la salud debe aprender también a dialogar con médicos, enfermeros, psicólogos, cuidadores y profesionales de cuidados paliativos.
Cuando llega el final de la vida
La cartilla dedica también un espacio especial al acompañamiento cristiano en el final de la vida.
Morir forma parte de nuestra condición humana, aunque nuestra cultura muchas veces intente esconder esta realidad.
La Iglesia está llamada a acompañar este momento con enorme delicadeza.
No se trata únicamente de “llamar al sacerdote”.
Se trata de acompañar.
Escuchar.
Reconciliar.
Orar.
Tomar una mano.
Respetar silencios.
Facilitar encuentros familiares.
Evitar la soledad.
Recibir los sacramentos cuando corresponda.
Y permitir que la persona pueda vivir sus últimos momentos rodeada de dignidad, cuidado y amor.
Los cuidados paliativos tienen aquí una enorme importancia porque buscan aliviar el sufrimiento y acompañar integralmente a la persona cuando una enfermedad ya no puede ser curada.
La enfermedad también interpela a la comunidad
La pastoral de la salud no puede reducirse al sacerdote.
Toda la comunidad cristiana tiene responsabilidad.
Hay enfermos que necesitan una visita.
Ancianos que pasan días enteros sin hablar con nadie.
Familias agotadas después de meses de cuidar a una persona dependiente.
Cuidadores que también necesitan ser cuidados.
Personas hospitalizadas lejos de su hogar.
Enfermos crónicos que comienzan a sentirse una carga.
La pregunta para una parroquia debería ser también:
¿Sabemos quiénes están enfermos dentro de nuestra comunidad?
Y todavía más:
¿Quién los acompaña?
San Vicente de Paúl: servir a Cristo en el enfermo
Como publicación de Corazón de Paúl, esta cartilla desarrolla también ampliamente la dimensión vicentina de la pastoral de la salud.
La experiencia de San Vicente de Paúl nos ayuda a comprender que la atención al enfermo no puede quedarse en buenos sentimientos.
En Châtillon, Vicente encontró una familia en una situación de gran necesidad y descubrió algo que marcaría profundamente su obra: muchas personas podían querer ayudar, pero la caridad necesitaba organizarse.
De aquella experiencia surgió una de las grandes intuiciones de su vida:
la caridad debe ser afectiva y efectiva.
No basta compadecerse.
Hay que servir.
Visitar.
Alimentar.
Organizar.
Acompañar.
Garantizar continuidad.
Esta sensibilidad atravesaría posteriormente la experiencia de las Cofradías de la Caridad y de las Hijas de la Caridad.
Para la espiritualidad vicentina, el enfermo no es simplemente destinatario de una obra asistencial.
Es un hermano.
Y en él podemos encontrar a Cristo.
¿Qué contiene esta nueva cartilla?
Esta nueva publicación ofrece un recorrido amplio para comprender y vivir el sacramento.
Entre sus contenidos se encuentran:
los fundamentos bíblicos de la Unción;
Jesús y los enfermos;
la Carta de Santiago;
historia y desarrollo del sacramento;
enseñanza del Concilio Vaticano II;
Catecismo y Derecho Canónico;
el Óleo de los Enfermos;
materia, forma y ministro;
efectos del sacramento;
quién puede recibirlo;
cuándo puede repetirse;
qué hacer ante una operación;
qué sucede cuando el enfermo está inconsciente;
Confesión, Unción y Viático;
acompañamiento hospitalario;
enfermedad crónica;
ancianidad;
demencia y pérdida de conciencia;
sufrimiento psíquico;
cuidados paliativos;
acompañamiento al final de la vida;
pastoral de la salud;
espiritualidad vicentina;
San Vicente de Paúl y los enfermos;
orientaciones para familias;
guía para ministros extraordinarios de la Comunión;
orientaciones para agentes pastorales;
preguntas frecuentes;
casos pastorales;
talleres;
oraciones y propuestas para trabajar comunitariamente.
No esperemos demasiado
Quizá uno de los mayores cambios pastorales que necesitamos sea muy sencillo:
llamar al sacerdote a tiempo.
No cuando la persona ya no pueda escuchar.
No únicamente cuando todos piensen que morirá en minutos.
La Unción puede convertirse en un verdadero momento de gracia para el enfermo y su familia.
Puede haber Palabra de Dios.
Oración.
Reconciliación.
Eucaristía.
Silencio.
Lágrimas.
Esperanza.
Y una certeza:
Cristo está aquí.
Una Iglesia que permanece junto a quien sufre
La Unción de los Enfermos nos revela algo profundamente hermoso sobre Dios.
Cuando somos fuertes, Dios está.
Pero cuando somos débiles, también.
Cuando podemos caminar.
Y cuando necesitamos que alguien nos levante.
Cuando tenemos respuestas.
Y cuando sólo quedan preguntas.
Cuando recuperamos la salud.
Y cuando debemos comenzar a prepararnos para el encuentro definitivo con Él.
El sacramento no promete que nunca sufriremos.
Promete algo todavía más profundo:
que no tendremos que atravesar solos el sufrimiento.
Con esta nueva publicación, Corazón de Paúl continúa desarrollando su Colección Formativa de los Sacramentos, ofreciendo recursos que permitan conocer mejor la fe, celebrarla con profundidad y convertirla en vida y servicio.
Porque la Unción se celebra en un momento.
Pero la compasión cristiana debe acompañar todo el camino.
