LECTURAS Y
REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS DE TODOS LOS DÍAS
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Dia 8 Novena en Honor a Santa Luisa de Marillac

ORACION PARA TODOS LOS DIAS
Señor Dios, Padre de misericordia, que en tu infinita providencia quisiste formar en Santa Luisa de Marillac un corazón dócil a tu Espíritu y ardiente en la caridad hacia los más pobres, te bendecimos porque en ella nos has revelado que el amor verdadero no es solo sentimiento, sino participación en la misma vida de tu Hijo, que se hizo siervo para la salvación del mundo.
Concédenos, por tu gracia, ser configurados con Cristo humilde y obediente, para reconocerlo vivo y presente en los que sufren, en los olvidados y en los pequeños. Derrama en nosotros el Espíritu Santo, para que, como Santa Luisa, no busquemos nuestras seguridades, sino que vivamos abandonados a tu voluntad, sirviendo con ternura, creatividad y fidelidad allí donde la caridad sea más urgente.
Haz que nuestras manos prolonguen las tuyas, que nuestra mirada sea transparente a tu compasión, y que nuestra vida entera se convierta en signo visible de tu amor providente.
Que, siguiendo su ejemplo, aprendamos a unir contemplación y servicio, descubriendo en cada acto de amor un camino real de santificación y una participación en el misterio pascual de tu Hijo.
Te lo pedimos por Jesucristo, Siervo y Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN DE ABANDONO
(Obras Completas, Marillac, pág. 673)
Te adoro, ¡oh mi buen Dios! y reconozco haber recibido de ti mi conservación; y por el amor que te debo, me abandono enteramente a las disposiciones de tu Santa Voluntad; y aunque llena de flaquezas y de motivos de humillación por mis pecados, me confío a tu misericordia y te suplico, por el amor que tienes a tus criaturas, la asistencia de tu Espíritu Santo, para el total cumplimiento del designio que, desde toda la eternidad, ha tenido tu Santa Voluntad sobre mi alma y sobre todas las que han sido redimidas por la sangre de Jesucristo tu Único hijo.
Padre nuestro, Ave María y Gloría.
Se dice el día correspondiente.
DÍA 8:
LA FIDELIDAD A LOS REGLAMENTOS COMO SALVAGUARDA
1. Signo
En el lugar dispuesto para la oración, colóquese un pequeño libro abierto (que evoca el Evangelio o las Constituciones) y sobre él un ancla firme, acompañada de una lámpara de aceite encendida. Este signo nos ilustra una profunda verdad espiritual: las reglas y los compromisos no son cadenas que nos atan, sino el ancla que nos sostiene en medio de las tormentas de la inconstancia, y el cauce seguro para que el aceite de nuestro amor no se derrame en vano, sino que mantenga viva la luz de Cristo.
2. Comentario inicial
Hermanos y hermanas, nos acercamos al final de nuestra novena meditando en este octavo día sobre una dimensión que la mentalidad contemporánea suele rechazar: la obediencia a una regla de vida. Hoy en día, a menudo confundimos la libertad con la ausencia de compromisos, viendo cualquier norma como una amenaza a nuestra autonomía. Sin embargo, la sabiduría de los santos nos enseña lo contrario. Las reglas, cuando nacen del Evangelio, son el abrazo protector de Dios frente a nuestra propia fragilidad. Santa Luisa de Marillac, recogiendo la enseñanza de San Vicente de Paúl, nos invita a descubrir que ser fieles a nuestros deberes cotidianos y a nuestras promesas no es una carga pesada, sino la mayor de las salvaguardas para no perder el rumbo del corazón.
3. Inspiración bíblica
Lectura del Santo Evangelio según San Juan (Jn 15, 9-14)
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando»».
Palabra del Señor.
4. Reflexión
En este pasaje sublime, el Señor Jesús desarticula por completo la falsa oposición entre amor y ley. Para Cristo, guardar los mandamientos no es un frío legalismo, sino el hábitat natural donde florece y se preserva el verdadero amor. La obediencia fiel es el camino para que «la alegría llegue a plenitud», pues nos libra de la esclavitud de nuestros estados de ánimo cambiantes.
Santa Luisa de Marillac comprende esta dinámica evangélica a la perfección y se la transmite a sus hijas espirituales como un tesoro inestimable. En su carta a las Hermanas de Angers, recuerda una máxima que es todo un tratado de pedagogía espiritual:
«Supongo que se acuerdan de la promesa que nos hizo al respecto nuestro Muy Honorable Padre [San Vicente de Paúl] en una Conferencia, cuando nos dijo que si guardamos nuestras reglas, ellas nos guardarán. Es mucho decir, porque tenemos necesidad de ser guardadas en varias cosas. Ya ven el poder que tenemos en nuestras manos. Ruego a Nuestro Señor nos conceda la gracia de saber aprovecharlo bien…» (Carta 645, pág. 603).
«Si guardamos nuestras reglas, ellas nos guardarán». Qué profunda humildad encierran las palabras de Santa Luisa al añadir: «tenemos necesidad de ser guardadas en varias cosas». Ella conoce la naturaleza humana; sabe que el fervor inicial se enfría, que el cansancio en el servicio a los pobres acecha, y que las tensiones comunitarias pueden apagar la caridad. En esos momentos de desierto espiritual o de tentación de abandono, no es la emoción la que nos salva, sino la fidelidad al compromiso asumido. La regla de vida —ya sea en la vida consagrada, en las promesas matrimoniales, o en los deberes del cristiano de a pie— actúa como un escudo. Cuando las fuerzas fallan, la fidelidad al deber cotidiano y a las pequeñas normas es el hilo de gracia que nos mantiene unidos a Dios y nos protege de caer en la tibieza.
5. Preguntas para la reflexión
- ¿Cómo vivo mis deberes cotidianos, mis compromisos familiares, laborales o espirituales? ¿Los veo como una carga agobiante que limita mi libertad, o como el cauce seguro donde Dios quiere santificarme?
- Cuando me asalta el cansancio, la apatía espiritual o el deseo de abandonar mis buenas resoluciones, ¿me refugio en la fidelidad a la obediencia y a mis promesas, o me dejo arrastrar por el estado de ánimo del momento?
- ¿Reconozco con humildad, como afirmaba Santa Luisa, que «tengo necesidad de ser guardado/a», y pido a Dios la gracia de perseverar en las pequeñas fidelidades de cada día?
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
(Obras completas, Marillac. pág. 827)
Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, ven a purificar y embellecer mi alma para que sea agradable a mi Salvador y que yo pueda recibirle para gloria suya y mi salvación. Con todo mi corazón te deseo ¡oh Pan de los Ángeles, no mires mi indignidad que me aleja de ti, sino tu Amor que tantas veces me ha invitado a acercarme. Te ruego que te des todo a mí, Oh Dios mío! y que tu preciosísimo Cuerpo, tu Alma santa y tu gloriosa Divinidad a quien adoro en este Santísimo Sacramento, tomen entera posesión de mi misma. ¡Oh dulce Jesús, oh buen Jesús, mi Dios y mi Todo! Ten piedad de todas las almas rescatadas con tu preciosísima Sangre, hiérelas fuertemente con un dardo de tu Amor para tornarlas agradecidas al Amor que te ha hecho darte a nosotros en este Santísimo Sacramento, por el cual te ofrezco la gloria que tienes desde toda la eternidad en ti mismo, todas las gracias de que has colmado a la Santísima Virgen y a los Santos y la gloria que ellos te tributarán eternamente por ese mismo Amor.
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
(de Santa Luisa de Marillac Santísima)
Virgen, creo y confieso tu Santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Purísima Virgen!, por tu pureza virginal, tu Inmaculada Concepción y tu gloriosa cualidad de Madre Dios, alcánzame de tu amado Hijo: la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, cuerpo y espíritu, la perseverancia en mi vocación, el don de oración, una santa vida y una buena muerte.
GOZOS
Santa Luisa de Marillac,
sierva fiel del Señor,
ruega por nosotros
y enséñanos a amar.
Dios te llamó en tu historia,
en medio de tu fragilidad,
y en Cristo hallaste el camino
de entrega y fidelidad.
Aprendiste a esperar en Dios,
sin adelantarte a su querer,
confiando en su Providencia
que todo lo sabe disponer.
Descubriste en el pobre
el rostro de Cristo Señor,
y en el servicio sencillo
hiciste vida el amor.
En la vida cotidiana
fuiste signo de comunión,
con paciencia y mansedumbre
edificaste la unión.
Aceptando con fe la cruz
y las pruebas del caminar,
te uniste a Cristo paciente
en su entrega pascual.
En la obediencia viviste
la libertad de los hijos de Dios,
buscando en todo momento
cumplir su santa voluntad.
En la pobreza aprendiste
a confiar sin reservas,
dejando que Dios condujera
los caminos de tu vida.
Tu caridad fue concreta,
hecha servicio y verdad,
signo del amor de Cristo
presente en la humanidad.
Ahora gozas en la gloria
junto al Señor que seguiste,
intercede por tu Iglesia
que en el mundo peregrina.