Carta · tomo I

AL DUQUE DE ATRI 1

16 de abril de 1638

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
I
Extensión
1.907 palabras
Página inicial
470
Ver tomo

332 [321,I,470-474] AL DUQUE DE ATRI 1 [Por marzo de 1638] 2 Monseñor: El señor conde de Bourlemont 3 y su hijo el señor abad 4 me han ________ 2.

Lamberto aux Couteaux escribió al cardenal de Richelieu el 16 de abril de 1638 para darle cuenta de los felices resultados de la misión.

Su carta está en el Arch. del ministerio de Asuntos Extranjeros de Francia, Mémoires et Documents, 830, f.º 105. 3.

Bárbara Angiboust.

La partida de la hermana se retrasó hasta octubre.

Carta 332.

— Reg. 1, f.º 7 v.º.

El copista tomó el texto de la minuta escrita por el propio san Vicente. 1.

Escipión de Acquaviva de Aragón, duque de Atri, esposo de Genoveva Doni de Attichy, que era, por su madre Valencia de Marillac, prima hermana de Luisa de Marillac.

Para castigarle por haber servido a Francia, el gobierno español lo despojó de todos sus bienes, que pasaron a manos de sus hijos.

Su hijo José Francisco murió en 1643, sin dejar herederos.

Su hija María entró en el Carmelo; la otra hija, María Angélica, es de la que aquí se habla. 2.

Véase nota 14. 3.

Tomo I · p. 470

Claudio de Anglure, príncipe de Amblise, marqués de Sy, conde de Bourlemont, vizconde de Forest y barón de Busancy.

Se casó con Angélica Diacette, hija de Ana de Acquaviva de Aragón, duquesa de Atri. 4.

Carlos-Francisco de Anglure, abad de la Crète, de Béchamp y de Saint-Pierremont, muerto el 25 de diciembre de 1669.

Ocupó sucesiva471

Tomo I · p. 470

hecho el honor de decirme que le agradaría a vuestra grandeza que yo le diese cuenta del estado de vuestra hija, la señorita de Atri 5, para que de ese modo pueda vuestra grandeza juzgar lo que sea más conveniente; yo les prometí que así lo haría con tanto mayor gusto, mi señor, cuanto que debo a una especial bendición de Dios la ocasión de servir a vuestra grandeza.

Hace 3 ó 4 meses que recibí la orden del señor provisor de París de visitar a vuestra hija, a causa de que el señor conde de Maure 6 le había pedido permiso para hacerla exorcizar, según el parecer que le habían dado varias personas de grave piedad, temiendo que esa buena niña estuviese agitada por alguna posesión u obsesión maligna.

El motivo que tenían para creerlo así era la aversión que esa buena joven tenía de las cosas de Dios, que había llegado hasta tal punto desde su infancia, estando en Villé-l'Eveque 7 con la señorita de Longueville 8, que hacía tres años que no rezaba a Dios, y cerca de dos años que la habían tenido encerrada en una habitación en Port-Real 9, sin oír la santa misa.

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Ese fue, pues, el motivo de que esas buenas ________ mente las sedes episcopales de Aire, Castres y Toulouse.

Uno de sus hermanos, Luis, que desempeñó cierto papel en la diplomacia, fue obispo de Fréjus y arzobispo de Burdeos. 5.

María Angélica de Atri. 6.

Luis de Rochechouart, conde de Maure, es conocido sobre todo por su oposición a la política de Mazarino.

Cuando todos temblaban ante el poderoso ministro, llegó a la corte el 20 de marzo de 1649 y pronunció una arenga en pleno consejo para pedir su expulsión.

Combatió en el partido de los príncipes hasta el día en que, herido en la cabeza y en el brazo en un combate que tuvo lugar en Libourne en 1652, fue apresado por las tropas del rey.

Murió en sus tierras de Essai, junto a Alençon el 9 de noviembre de 1669, a los 67 años de edad, sin dejar descendencia (cfr.

C ONDE DE ROCHECHOUART , Histoire de la maison de Rocbechouart.

París 1859, en 4.º, t.

II, 81-88). 7.

En la parroquia de santa Magdalena de la Ville-l'Eveque, en París. 8.

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María de Orleans, nacida el 5 de marzo de 1625 de Enrique de Orleans II y de Luisa de Borbón, casada el 22 de mayo de 1657 con Enrique de Saboya II, duque de Nemours, enviudó el 14 de enero de 1659.

Tras la muerte de sus hermanos, sucedió en todos los bienes de su casa.

Murió sin dejar hijos el 16 de junio de 1707.

Era, dice Saint-Simon (Mémoires, París 1879-1914, 26 vol. en 8.º, t.

II, 225), una «mujer muy alta, extraordinaria, de gran espíritu, que se mantenía bien fuerte en su propia casa del palacio de Soissons, donde no veía muy buena compañía, inmensamente rica y magnífica vividora». 9.

El hecho de este encarcelamiento es tan extraño que podríamos preguntarnos si ha leído bien el copista del reg. 1; ¿no habrá que leer había estado encerrada, en vez de la habían tenido encerrada?

Quizás la 472

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almas se forjasen esa opinión y la razón por la que me pareció conveniente ir a verla.

Al principio ella me mostró su estado con juicio y con candor; pues tiene un entendimiento muy bueno y sólido, incomparablemente más que el común de las niñas, pero un poco melancólico.

Mi pensamiento fue al principio que se trataba sólo de ese humor melancólico que la afectaba.

Sin embargo, el respeto que les debía a los que creían que había allí alguna obsesión maligna, hizo que sometiese mi juicio al suyo y que, al presentar mi relación al señor provisor, le dijese que yo creía que no había inconveniente en que el señor Charpentier — un eclesiástico de insigne piedad en esa ciudad 10 — le hiciese algunos exorcismos secretos, mansamente y sin provocar al espíritu maligno desde afuera, más bien por imprecación que por execración, como era la opinión del reverendo Padre general del Oratorio 11, lo cual no se llevó a cabo debido a la enfermedad de dicho señor Charpentier.

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Entretanto plugo a Dios enviar a vuestra hija una enfermedad bastante grave y peligrosa, en la que se abrió su espíritu; y los señores condes de Maure 12, temiendo por su salud, la trajeron a confesarse conmigo; hizo una confesión general de toda su vida pasada, con la mayor exactitud que jamás había visto, pues empleó tres o cuatro horas en varias veces; y fue en esa acción donde yo me confirmé en la opinión que tenía anteriormente; y habiendo sido un poco larga la enfermedad y con una especie de debilidad, me pareció que había entrado de nuevo en aquella situación del mismo humor.

Pues bien, como se curó, se vio totalmente liberada, de forma que pidió volver a confesarse conmigo y comulgar, lo cual no había hecho durante su enfermedad, y realizó esas acciones con libertad de espíritu, como habría hecho cualquier otra persona.

Poco tiempo después, pidió ser religiosa y que la recibieran en Port-Réal.

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Cuando me lo dijo, yo le respondí que no era tiempo todavía y que necesitaba estar al menos un año con su señora tía 13 Y que la llevase a tomar el aire de los campos, antes de pensar ________ señorita de Atri se entregaba durante la santa misa a algunas excentricidades impías; y en ese caso, podría creerse el texto auténtico. 10.

Huberto Charpentier, graduado en Teología por la Sorbona, nació en Coulommiers el 3 de noviembre de 1565.

Después de haber contribuido a la fundación de Notre-Dame de Garaison, fundó dos establecimientos para honrar la cruz del Salvador: uno en Bétharram y otro en Mont-Valerien, junto a París.

Murió en París el 10 de diciembre de 1650. 11.

Carlos de Conchen. 12.

Texto del manuscrito: «y el cuidado del señor».

Así construida, la frase carece de sentido. 13.

La condesa de Maure. 473

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en la ejecución de ese designio; y esto mismo he dicho siempre que el señor y la señora condesa de Maure y ella misma me han hecho el honor de hablarme de ese asunto.

Esto, sin embargo, no le ha impedido buscar secretamente su entrada en religión, ni alegar gran cantidad de razones, fundadas en parte en los juicios de Dios, y en parte en que no podía soportar las maneras de obrar del mundo.

Habiéndolo sabido los señores de Bourlemont, y habiéndoles dado a entender al señor y a la señora condesa de Maure que la intención de vuestra grandeza era que entrase en religión, después de algunas dificultades por una parte y por otra, han accedido a ello, aunque con gran pena, con el miedo de que esa buena señora recayese en el mismo humor; y yo, tras haber indicado a dichos señores de Bourlemont el peligro en que se la ponía, pasando ellos por encima de todas estas dificultades, creyendo que era esa vuestra intención, la han puesto no en Port-Réal, sino en un monasterio de jacobinas 14. ________ 14.

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Aunque más de una vez habla en sus cartas de la pretendida posesión y curación de la señorita de Atri, la madre Angélica Arnauld pasa en silencio la intervención de san Vicente.

Le escribía a M.

Maquet el 29 de junio de 1637: «No olvide a la señorita de que he hablado, que sigue en el miserable estado de antes» (Lettres de la Rérvérende Mere Marie-Angelique Arnauld, abbesse et réformatrice de Port-Royal.

Utrecht 1742, 3 vol., en 12º, t.

I, 106); la misma recomendación a santa Juana Francisca de Chantal: «Le suplico muy humildemente que ruegue a Dios por la liberación de una pobre posesa» (Comunicación de M.

Gazier). «Es la historia más digna de lástima del mundo», volvía a escribir a la santa el 22 de diciembre, pidiéndole algunas reliquias de san Francisco de Sales para echar al demonio (Lettres 1, 132) La curación no se hizo esperar, ya que la madre Angélica podía añadir el 17 de enero de 1638: «La señorita que tanto le había encomendado... se vio libre después de dos horas de haber puesto a su cuello la imagen de madera de la santísima Virgen que nos ha dado la buena madre».

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Las disposiciones de la señorita de Atri cambiaron tanto que se vio inclinada a la vida religiosa y lo habría hecho sin la oposición de su familia (Lettres I, 136).

Un mes más tarde, la madre Angélica recomendaba a M.

Macquet la mayor discreción sobre esta maravillosa conversión. «Le suplico, en nombre de Dios, que no se hable de ese milagro de la Santísima Virgen que usted sabe.

Está de moda, y es el humor de las jóvenes, no querer honrar a Dios, a su santa Madre y a los santos más que por milagros y discursos....

Hice mal en decíroslo, y veo que no ha sido por el espíritu de Dios, ya que en vez de producir en sus hijas una confianza nueva, secreta e interior en la santa Virgen, no hace más que ruido.

Estoy segura de que ninguna le habrá rogado a continuación que la libre de sus imperfecciones.

Más vale que no hablen nunca de los milagros antes que hablar de esa manera: la santa Virgen prefiere el silencio» (Lettres I, 138).

¿Cómo conciliar el relato de la madre 474

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Eso es, mi señor, lo que ha pasado en este asunto y lo que los señores de Bourlemont han creído conveniente que yo escribiese a vuestra grandeza; le corresponderá a vuestra grandeza, mi señor, juzgar al presente lo que ha de ser mejor para el porvenir de esa vuestra hija.

Siento tener que entreteneros con esta clase de discursos; pero he creído. mi señor, que estaba obligado a ello según mi conciencia, y que no le resultará desagradable, mi señor, ya que existe el peligro de la salud de la señorita vuestra hija.

Quiera Dios hacerme digno de hacer a vuestra grandeza algún servicio más agradable; ya sabe su divina bondad que tengo un gran deseo de ello y que no hay nadie en el mundo sobre el que Nuestro Señor le haya dado a vuestra grandeza más poder que sobre mí, que soy en el amor de Nuestro Señor...

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