Carta · tomo I
A FRANCISCO DU COUDRAY, SACERDOTE DE LA MISION, EN ROMA
12 de enero de 1632
79 [73,I,115-116] A FRANCISCO DU COUDRAY, SACERDOTE DE LA MISION, EN ROMA 1631 Es preciso que haga entender que el pobre pueblo se condena, por no saber las cosas necesarias para la salvación y no confesarse. ________ Carta 78.
— Reg. 2, 1. 1.
Sabidos son los pasos inútiles que el santo dio en 1628 para obtener la aprobación de su Instituto El único medio de conseguirla era enviar a Roma un procurador encargado de representarle y de negociar en su nombre.
Fue escogido Francisco du Coudray, que partió en mayo de 1631.
El 12 de enero de 1632, la congregación de la Misión era oficialmente reconocida, concediéndosele además los favores solicitados. 2.
El viaje que hizo a Roma san Vicente en 1607, después de su cautiverio, no era el primero.
El santo afirma en varias ocasiones, en sus conferencias a los misioneros (conf. del 17 octubre 1659, 2.º punto) y a las Hijas de la Caridad (conf. del 30 mayo 1647 y 19 septiembre 1649), que había visto a Clemente VIII, que ocupó la sede de san Pedro de 1592 a 1605.
Carta 79.
— Reg. 2, 1. 176
Si Su Santidad supiese esta necesidad, no tendría descanso hasta hacer todo lo posible para poner orden en ello; y que ha sido el conocimiento que de esto se ha tenido lo que ha hecho erigir la compañía para poner remedio de alguna manera a ello; que, para hacerlo, hay que vivir en congregación y observar cinco cosas fundamentales de este proyecto: 1.º dejar a los obispos la facultad de enviar misioneros [a la] parte de sus diócesis que les plazca; 2.º que estos sacerdotes estén sometidos a los párrocos de los sitios adonde vayan a hacer la misión, durante el tiempo de la misma; 3.º que no tomen nada de esas pobres gentes, sino que vivan a sus expensas; 4.º que no prediquen, ni catequicen, ni confiesen en las ciudades donde haya arzobispado, obispado o presidial, excepto a los ordenandos y a los que hagan ejercicios en la casa; 5.º que el superior de la Compañía tenga la dirección entera de la misma; y que estas cinco máximas tienen que ser como fundamentales de esta congregación.
Observe cómo la opinión del señor Duval 1 es que no es preciso cambiar nada del proyecto cuya memoria le envío.
Pase con las palabras; pero en cuanto a la sustancia, es menester que quede entera; de otra forma, no sería posible quitar ni añadir nada sin que se causase un gran perjuicio.
Este pensamiento es solamente suyo, sin que yo le haya hablado de ello.
Manténgase, pues, firme y dé a entender que hace largos años que se piensa en esto y que tenemos ya experiencia. ________ 1.
Andrés Duval, célebre doctor de la Sorbona, autor de varias obras importantes, amigo y consejero de Vicente de Paúl, nació en Pontoise el 15 de enero de 1564 y murió en París el 9 de septiembre de 1638.
El santo no tomaba ninguna decisión importante sin recurrir a sus luces.
Pidió su parecer antes de aceptar la casa de san Lázaro (L.
A BELL Y, o. c..
I, cap.
XXII, 97) y de establecer los votos en la congregación de la Misión (carta del 4 de octubre de 1647).
El humilde doctor se emocionó un día al ver su retrato en una de las salas de san Lázaro; insistió tanto, que san Vicente tuvo que quitar el cuadro (R.
D UVAL, Vie d'André Duval, docteur de Sorbonne, ms.; J.
CAL VET, Un confesseur de saint Vincent de Paul: Petites Annales de saint Vincent de Paul (may 1903), 135). 177
Tomo I · página PDF 113Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.