Carta · tomo II
A LUIS LEBRETON
1 de junio de 1640
469 [448,II,49-52] A LUIS LEBRETON París, 1 de junio de 1640 Padre: ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Recibí ayer tres cartas suyas a la vez, dos del segundo y del tercer domingo después de Pascua, y la tercera del día 18 de abril.
He aquí sucintamente la respuesta a todas ellas.
Alabo a Dios y siento un consuelo inexplicable por todo lo que nuestro Señor hace allí por usted, aunque no tengamos todavía lo que usted pide para nuestros negocios; pero ¡bendito sea Dios porque no lo quiere así y por todo el bien que usted hace, a pesar de todo!
Y si la cosa principal no puede conseguirse durante este pontificado 1, in nomine Domini!
Entretanto, le doy gracias a Dios porque el señor vicegerente le ha dado permiso verbal para comprar una casa en Roma y establecerse allí.
Me parece que tienen razón los que desean que no se sitúe usted en sitios mal aireados, ni demasiado lejos.
Le suplico, padre, que ponga atención en estas dos cosas, sobre todo en la primera.
Hay que contentarse al principio con poca cosa.
Todo lo más que podremos enviarle serán cuatro mil libras.
El título de la capilla será de la Santísima Trinidad, si le parece a usted bien, y la casa podrá llamarse de la Misión.
¿Ve usted algún inconveniente en tomar el estipendio que le den por las misas?
Me parece que no habrá ninguno en visitar a los po________ Carta 469 (CA).
— Archivo de Turín, original. 1.
El pontificado de Urbano VIII (1623-1644). 44
bres enfermos de alrededor, ni en que se ofrezca usted al señor vicegerente para recibir a los eclesiásticos que quieran hacer retiro y para las ceremonias; pero esto a su debido tiempo, cuando tenga usted los refuerzos que le enviaré, cuando sepa efectivamente que ya tiene usted casa.
Si la cosa urge, puede pedirle dinero al señor Marchand y nosotros se lo entregaremos aquí; si no, procuraré entregárselo al señor nuncio o al señor Mazarino 2.
Todavía no he podido ver al señor nuncio por ciertas razones de importancia que no le puedo decir por escrito, y no lo podré ver personalmente mientras no se hayan arreglado los asuntos de aquí y de allá.
Procuraré que le visite esta semana una persona que trata con él frecuentemente, que me ha prometido hacerlo y que lo habría hecho ya si no fuera porque acaba de venir del campo.
¿Que quiere que le diga de la propuesta de monseñor Ingoli 3?
Nada le diré, a no ser que la recibo con toda la reverencia y humildad que me es posible, como viniendo de parte de Dios; que haremos todo lo posible por aceptarla; pero que no tenemos en ninguna de las dos compañías a nadie del condado de Aviñón, y que sin embargo me parece que es absolutamente necesario que el obispo y las otras dos personas que tienen que acompañarle sean de la misma compañía.
Después de lo que le he escrito anteriormente, he ido a celebrar la santa misa.
Se me ha ocurrido el siguiente pensamiento: que, como el poder de enviar ad gentes reside en la tierra únicamente en la persona de Su Santidad, tiene por consiguiente el poder de enviar a todos los eclesiásticos por toda la tierra, para la gloria de Dios y la salvación de las almas, y que todos los eclesiásticos tienen obligación de obedecerle en esto; y según este principio, que me parece digno de crédito, le he ofrecido a su divina Majestad nuestra pobre compañía para ir adonde Su Santidad ordene.
Creo sin ________ 2.
Julio Mazarino, nacido en Pescina, en los Abruzzos, en 1602, estudió durante su juventud en España y sirvió en el ejército del papa.
Apenas entró en el estado eclesiástico (1632), le confiaron misiones importantes Vicelegado de Aviñón (1634), luego nuncio en Francia (16341636), demostró en esas funciones la habilidad y la agudeza de los más finos diplomáticos.
Antes de morir, Richelieu se lo recomendó al rey Luis XIII. 3.
Creemos que se trata aquí de la misión de Persia.
Efectivamente, en junio de 1640 el nuevo obispo de Babilonia, Juan Duval, en religión Bernardo de Santa Teresa, carmelita descalzo, dejó Francia con destino a Ispahan, adonde llegó el 7 de julio con tres religiosos de su Orden.
Monseñor Ingoli, secretario de Propaganda Fide, le había pedido a san Vicente que le diera dos auxiliares. 45
embargo, como usted, que es necesario que Su Santidad acepte con agrado que la dirección y la disciplina de los enviados esté en manos del superior general, con la facultad de retirarlos y de enviar a otros en su lugar, aunque sean siempre en relación con su Santidad como los siervos del evangelio con sus amos, que cuando les dice: Id allá, están obligados a ir; venid acá, tienen que venir; haced esto, están obligados a hacerlo.
En la compañía tenemos muy pocos que posean los talentos que se necesitan para una misión de semejante importancia, aunque hay algunos 4, por la misericordia de Dios.
No he podido hablar con Su eminencia 5 del asunto del señor Le Bret; hablaré con su sobrina, la señora duquesa de Aiguillon.
Saludo a dicho señor Le Bret con todo el respeto que me es posible).
Soy de ustedes dos su muy humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL Dirección: Al señor Marchand, banquero de la corte de Roma, para que haga el favor de entregársela al padre Lebreton, sacerdote de la Misión, en Roma.
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