Carta · tomo II
A ESTEBAN BLATIRON, SACERDOTE DE LA MISION, EN ALET
9 de octubre de 1640
511 [490,II,128-129] A ESTEBAN BLATIRON, SACERDOTE DE LA MISION, EN ALET 9 de octubre de 1640.
Todo lo que usted me escribe sobre sus ejercicios me llena de consuelo y me hace ver la dicha que supone tener delante de los ojos una buena dirección y un gran ejemplo 1 Utilícelos bien, padre, in nomine Domini.
Esfuércese continuamente y sin descanso en formarse sobre dicho modelo y llegará a ser un buen misionero, cada vez mejor.
Acuérdese siempre de que en la vida espiritual no se tienen muy en cuenta los comienzos; lo que importa es el progreso y el final.
Judas empezó bien, pero acabó mal; san Pablo acabó bien, aunque había comenzado mal.
La perfección consiste en la perseverancia invariable por adquirir las virtudes y progresar en ellas, ya que en el camino de Dios el no avanzar es retroceder, pues el hombre no puede nunca permanecer en el mismo estado y los predestinados, según dice el Espíritu Santo, ibunt de virtute in virtutem 2.
Pues bien, el medio para ello es el reconocimiento continuo de las misericordias y bondades de Dios con nosotros, junto con ________ 12.
El cardenal de Richelieu.
Carta 511.
— Reg. 2, 34. 1.
Nicolás Pavillon, obispo de Alet. 2.
Sal 83,8. 107
el temor continuo o frecuente de hacerse indigno de ellas y dejar de ser fiel a los pequeños ejercicios, especialmente en los de la oración, la presencia de Dios, los exámenes, la lectura espiritual y hacer todos los días algunos actos de caridad, de mortificación, dé humildad y de sencillez.
Espero, padre, que la observancia fiel de estas prácticas acabará convirtiéndonos en buenos misioneros, según el corazón de Dios.
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