Carta · tomo II
A LUISA DE MARILLAC
541 [519,II,165-167] A LUISA DE MARILLAC San Lázaro, domingo por la mañana [febrero o marzo de 1641] 1 Señorita: ¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Tengo un montón de cosas que decirle; no sé si me acordaré de todas.
La primera es que la hermana Mauricia, de San Suplicio, ha abandonado la Caridad, y que su madre fue ayer a buscarla.
Son los efectos de nuestra hermana María La señora duquesa 2 se enfadó en mi presencia cuando lo supo, pues la vi ayer, y dijo que era por el mal trato que esas hermanas recibían de su parroquia, que ella misma quería que se dejase por completo 3.
Bien, se trata ahora de proveer a ello.
En nombre de Dios, señorita, mire a ver a quién puede usted enviarles para hoy mismo.
Una de las que quedan está enferma y solamente hay una que pueda trabajar.
Le ruego, señorita, que haga todo lo posible.
Ayer mismo me habló ________ 2.
La señora de Chaumont.
Carta 541 (CA).
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.
Una frase de la carta nos permite opinar que fue escrita durante la cuaresma; el conjunto sólo se puede aplicar al año 1641. 2.
La duquesa de Aiguillon, presidenta de la Caridad de la parroquia de San Sulpicio. 3.
La parroquia de San Sulpicio se distinguía de las demás parroquias de la capital por su extensión y por su mala reputación (cfr.
FAILLON, o.c., t.
II, p. 12). 138
del establecimiento de esas hermanas y le dije que hablaríamos dentro de dos o tres días.
Creo que hará usted bien enviando a Juana 4 a San Germán 5.
Las señoras Le Roux y Lotin urgen para empezar mañana mismo el retiro en casa de ustedes; ¿qué le parece, señorita?
La segunda acostumbra tomar carne.
Me sería difícil ir a casa de ustedes debido a mi pequeña incomodidad; será preciso que vengan ellas por aquí.
Haga todo cuanto pueda por Saint-Jacques y los condenados a galeras.
Le daré prisas al padre Lamberto para las hermanas.
Sobre el asunto de Angers, me olvidé ayer de decírselo al señor de Cordes; ya veremos.
En la cuestión de los papeles, podría usted poner como excusa mi pequeña indisposición.
Hay que seguir rezando por la casa, por la que no me preocupo tanto como por los medios para que de momento se establezca usted aquí en alguna casa alquilada.
¡Ay Jesús!
Su asunto, señorita, no depende de una casa, sino de que Dios siga bendiciendo esta obra.
Hablaré con el padre du Coudray para ver si conoce jóvenes de Lorena adecuadas.
Escribiré también a otros sitios.
Es una solución que se me acaba de ocurrir ahora.
Dígame cuanto antes qué es lo que piensa sobre esas buenas señoras y su retiro.
Adiós, señorita.
Soy s. s.
V.
D .
Acabo de escribirle a la señora Le Roux que retrase el retiro.
Dirección: A la señorita Le Gras.
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