Carta · tomo III
A JUAN FRANCISCO DE GONDI, ARZOBISPO DE PARIS
1026 [54,XV ,72-74] A JUAN FRANCISCO DE GONDI, ARZOBISPO DE PARIS 8 septiembre 1647 1 «...Generalmente el santo desconfiaba de las nuevas comunidades.
Así se ve por una carta que escribió aquel mismo año de 1647 al señor arzobispo de París, en la que une un profundo respeto a una firmeza verdaderamente sacerdotal.
Un hombre 2, que tenía un priorato 3 dependiente de la abadía de Saint-Florent-les-Saumur 4, deseaba desde hacía años unirlo al seminario de Bons-Enfants 5, que andaba muy cargado por la manutención de cuarenta sacerdotes externos, que sólo pagaban siete sueldos al día 6.
Al arzobispo no le gustó aquella idea.
Dio a entender a los que se la proponían que estaba descontento de Vicente de Paúl, que sabía de buena fuente que era él el que, en el consejo del rey 7, había impedido ________ Carta 1026.
— COLLET, o. c., I, 430-431.
El autor resume la carta y de algunas citas textuales de ella.
Cf.
Mission et charité, 19-20 (1970) 72-74. n. 54. 1.
Fecha señalada por COLLET. 2.
M.
Ribier. 3.
El priorato de Bruyères-le-Châtel, priorato benedictino cerca de Etampes, entonces diócesis de París. 4.
La abadía benedictina de Saint-Florent-les-Saumur, situada en la diócesis de Angers, ayuntamiento de Saumur, estaba unida desde 1637 a la congregación de San Mauro. 5.
Antiguo colegio de Bons-Enfants, cuna de la congregación de la Misión, que se estableció allí en 1625; al trasladarse los misioneros a San Lázaro en 1632, el colegio sirvió a varios fines; en 1645 se fundó allí un seminario para los sacerdotes que deseaban formarse en las funciones de su estado. 6.
Sobre todo este asunto véase la carta de san Vicente a Juan Francisco de Gondi con fecha 3 de septiembre 1647, n. 1025. 7.
El consejo de conciencia, creado por la reina regente Ana de Austria en 1643 para el nombramiento de beneficios (obispos y abades) y para todo lo referente a cuestiones eclesiásticas y religiosas.
San Vicente formó parte de este consejo y fue algún tiempo relator del mismo. 212
que cierta religiosa fundase en Lagny 8; que si deseaba seguir siendo amigo suyo, tenía que cambiar de estilo e inducir a la reina a cambiar de sentimientos.
Con esta ocasión el santo le escribió al prelado una carta, que dice en substancia: es verdad que la reina, al regresar de Amiens, le habló de aquella fundación, también es verdad que él no la protegió, pero porque tenía buenas razones para ello; que hacía tiempo se había decidido en el consejo eclesiástico 9 no permitir nuevas fundaciones de religiosas, pues se reconocía que había demasiadas; que a su majestad llegaban quejas con frecuencia- que muchas fundaciones se deshacían por sí mismas, pues en poco tiempo se habían visto desaparecer seis o siete de estas congregaciones 10; finalmente, que no se conocía bastante el espíritu de la reina. cuando se la creía capaz de cambiar de lo blanco a lo negro, y que, por lo que a él concernía, no podía ni arrepentirse ni desdecirse de un consejo que sólo había dado pensando en Dios.
La firmeza de estas palabras iba templada con testimonios de gratitud, de sumisión y respeto, que aquí suprimo, ya que no se trata ahora de exponer el respeto que el santo les tenía a los obispos, sino de manifestar cómo no le seducía la apariencia del bien y que solamente daba su aprobación a las nuevas fundaciones de mujeres cuando el Espíritu de Dios, la naturaleza y el principio de sus institutos, y la experiencia sobre todo, le permitían juzgar que no había en ellas nada que temer, sino mucho que esperar 11.
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