Carta · tomo III
A BERNARDO CODOING, SUPERIOR DE RICHELIEU
1221 [1167,III,525-527] A BERNARDO CODOING, SUPERIOR DE RICHELIEU 18 diciembre 1649.
Creía que el hermano Admirault 1 se atendría a lo que le dije por medio del padre Benito 2, que nosotros seguimos el consejo del evangelio de no volver a casa de nuestros parientes después de haberlos dejado para seguir a Nuestro Señor.
Ya sabe usted lo que él dijo sobre este asunto y cómo no quería que sus discípulos volviesen a su país; él veía inconvenientes para los suyos, y nosotros los hemos visto siempre para los nuestros en parecidas ocasiones.
Si me pregunta usted, padre, por qué le hemos dejado ir a usted, le responderé que lo hemos hecho porque usted no nos lo pedía y de este modo usted fue allá por obediencia.
Además, hay mucha diferencia entre usted y una persona joven; usted es mayor y, por así decirlo, confirmado en la compañía; él es más bien frágil y novato.
Le ruego, pues, que le desaconseje esta visita y que les quite a sus parientes esa esperanza. ________ Carta 1221.
— Reg. 2,302 y 178.
El segundo fragmento empieza con las palabras ¿No es posible, padre, devolverle...?El fragmento que aquí ponemos en primer lugar será anterior o posterior al segundo en el original?
No podríamos decirlo. 1.
Claudio Admirault, nacido en Chinon, entró en la congregación de la Misión el 20 de septiembre de 1648, a los 16 años de edad; hizo los votos en 1651, fue ordenado sacerdote en diciembre de 1656, enviado al seminario de Agen, superior del seminario en Montauban de 1665 a 1675 y de 1686 a 1690, y del seminario de Agen de 1690 a 1694. 2.
Benito Bécu. 483
¿No es posible, padre, devolverle al padre Cuissot 3 el hermano que les prestó?
Esa palabra de prestar, ¿no obliga a la restitución?
Y si usted se lo prometió, ¿no está doblemente obligado a cumplirlo?
No vale decir que le dejó usted a Robin 4, ya que él no deja de reclamar a Bernardo 5.
Tienen que guardar ustedes dos la buena fe.
Por mucha necesidad que la casa de Richelieu tenga de ese hermano, la verdad es que pertenece a Cahors, que por otra parte necesita también mucha gente.
Ya sabe usted que hay allí unas 40 personas y solamente 3 ó 4 hermanos, mientras que ustedes tienen 5 por lo menos.
Si necesitan más, tome un criado y deje marcharse a ese hermano; le ruego que lo haga lo antes posible.
El buen orden exige que los hermanos, lo mismo que los sacerdotes, no puedan dejar una casa para ir a otra, ni permanecer en un sitio por su gusto o por el de sus superiores particulares, si el general no lo ha decidido así; es lo que les escribí recientemente a Cahors, a Agen y a La Rose, donde ha habido disgustos por el cambio de hermanos.
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