Carta · tomo III
A UNA RELIGIOSA DE LA VISITACION 1
6 de octubre de 1646
906 [866,III,63-65] A UNA RELIGIOSA DE LA VISITACION 1 [Entre el l y el 6 de octubre de 1646] 2 Querida hermana: Alabo a Dios por lo que me dice de las disposiciones de nuestra madre 3.
Y de lo que me dice que ella no haré nada en Chartres ________ Carta 905.
— COLLET, o. c., II, 236. 1.
La casa de Toul tuvo dos superiores en 1646, Juan Bécu (16421646) Y Carlos Aulent (1646-1647).
El destinatario de esta carta, dice COLLET, «se había embarcado en un asunto en el que fracasó».
Creemos que se trata de Juan Bécu. 2.
Tras haber recogido estas palabras del santo, añade COLLET: «Dios, sin embargo, permitió que hubiera algunos procesos, perdidos unos y ganados otros, es que la Providencia quiso hacer de él un modelo para todos los estados, ya que los litigantes tienen mucha necesidad de buenos ejemplos».
La verdad es que san Vicente sólo se metió en procesos cuando se trataba del bien de los demás, pero nunca por propio interés (Cf. carta 889).
Carta 906.
— Reg. 1, fº 23 v.º, copia sacada de la minuta autógrafa. 1.
La carta 914 nos hace pensar que ésta va dirigida a una hermana del primer monasterio de París, muy probablemente sor Luisa-Eugenia de Fonteines, que había sido anteriormente superiora. 2.
El anuncio del pronto regreso de Hipólito Féret, el tema de la carta y el hecho de que se escribió a finales del retiro anual, terminado el 6 de octubre de 1646, no dejan ninguna duda sobre la fecha que aquí indicamos. 3.
Elena Angélica Lhuillier. 63
si sus hijas no se lo piden de buena gana 4; por lo que se refiere a Perrines 5, aceptaré la resolución que se tome como venida de Dios.
De lo que me dice de que vaya a casa de ustedes para asistir a su conferencia, antes de que llegue su madre, le ruego que me excuse, ya que escandalizaría a nuestra gente si saliera durante el retiro.
Me atrevo incluso a pedirle que presente mis excusas a la madre y a su querida comunidad de no poder seguir atendiéndolas a ustedes, ya que este retiro me ha hecho ver claro como la luz del día que estoy en deuda con nuestra Compañía por haberme dedicado a otros menesteres distintos de los suyos, de lo que tendré que dar cuentas delante de Dios.
Hay también otra razón que me lo impide, y es que la Compañía tiene por regla no atender a las religiosas, para dedicarse por completo al servicio de la pobre gente del campo, y yo estoy faltando a esta regla.
Y como después de mí tengo miedo de que no se observe tanto el tenor de las reglas como la forma con que yo la he cumplido, esto me obliga en conciencia a retirarme.
Si hasta ahora no lo he hecho así, ha sido por sindéresis.
Y si tengo más ajetreo todavía 6, espero que también Nuestro Señor me librará de él.
Hay muchas personas en París que podrán atenderlas con la bendición de Dios.
Está el señor Féret, que será nombrado párroco de San Nicolás de Chardonnet 7, y también el señor Abelly.
Son personas que les atenderán con el espíritu de nuestro bienaventurado Padre 8 y con muchísima más gracia que yo; yo mismo me ofrezco para rogárselo, si no me escribe usted o la madre otra cosa ni me indica por medio de otra persona sus deseos, y me dispensan ustedes de ir a su casa, ya que he tomado la resolución de no volver, asegurándole, mi querida herma________ 4.
Se trabajaba por entonces en la fundación de un monasterio de la Visitación en esta ciudad. 5.
En la diócesis de Le Mans Sor Luisa de Fonteines había hecho revivir anteriormente la observancia monástica en la abadía de religiosas establecida en aquel lugar. 6.
Sus ocupaciones en el consejo de conciencia. 7.
Hipólito Féret llevaba varios años en Alet.
San Vicente, que lo había enviado al lado de Nicolás Pavillon, le mandó venir a París, probablemente atendiendo a la petición que le hizo el arzobispo Juan Francisco de Gondi. 8.
San Francisco de Sales. 64
na, que no lo hago así por estar descontento: no, se lo aseguro delante de Dios; sino que es por principio de conciencia, por las razones que le he dicho.
Bastante caridad y paciencia han tenido ustedes con mis miserias.
Le pido a Nuestro Señor que se lo pague y que me perdone las faltas que en ello he cometido.
Esté segura, mi querida hermana, que les seguiré honrando y amando en Nuestro Señor más que nunca y que seré en la vida y en la muerte...
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