Carta · tomo III
A ESTEBAN BLATIRON
926 [885,III,96-97] A ESTEBAN BLATIRON París, 2 de noviembre [1646] 1 ¡Bendito sea Dios, padre, por todo lo [que usted] me repite y que ya me había escrito! y [le ruego] que sea él mismo su gratitud por to[do el bien] que os hace en las formas que [me indica].
¡Dios mío! padre, ¡qué bien me parece eso, por [la gracia de] Dios, quien guía a vuestra familia por usted!
Estoy preocupado por su apreciable sa[lud]. [En nombre de] Dios, padre, cuide de ella en medio de los [trabajos en que él] desea ocuparle, y consuéleme enviándome [noticias suyas] en todas las ocasiones que pueda.
Hemos enviado a siete mi[sioneros para] Irlanda, y le he escrito al padre Bourdet en Br[etaña] para que haga el octavo.
No sé si podrá ir.
Dios bendice cada vez más los esfuerzos del padre Guérin en Túnez; y nuestro cónsul de Argel 2 se ha comprometido a pagar 7.000 piastras por la redención que se había hecho y no se había pagado de varios cautivos; estamos preocupados por ello, pero más por cierta persona de la Compañía 3, distinta del ________ Carta 926 (CA).— El original pertenece a las Hijas de la Caridad de Madrid, calle de Jesús.
El ángulo superior está estropeado por la humedad. (N. del T.: La casa provincial de la c/ de Jesús se trasladó, acabada la guerra de 1936 a la c/ General Sanjurjo 30). 1.
No hay duda sobre el año; está indicado desde muy antiguo en el dorso de la carta y lo pide el contexto. 2.
El hermano Juan Barreau. 3.
Francisco du Coudray. 94
padre C[odoing], que se ha dejado llevar por ciertas opiniones no ortodoxas, y lo que es peor, se obstina en defenderlas.
Cree que Nuestro Señor no ha subido todavía a los cielos y dice que ni Roma, ni los concilios, ni los Padres han entendido bien las sagradas escrituras, y otras invenciones semejantes.
No sabemos lo que vamos a hacer.
La curiosidad por la lengua hebrea y por los rabinos le han puesto en esas extravagancias que sostiene.
Se cree 4 que habrá que despedirle de la Compañía, si no se corrige de esos errores; y nos veremos obligados a ello.
¡Ay, padre, qué demonio tan extraño es la vanidad del espíritu!
Encomiendo este asunto a sus oraciones.
Tenemos en nuestro seminario de Bons-Enfants a setenta sacerdotes, entre los que hay incluso un bachiller; y aquí tenemos unos treinta de la Compañía.
Dios bendice a unos y a otros.
Le ruego que bendiga a los suyos de Génova.
Salude al padre Martin, postrado en espíritu a sus pies.
Soy en el amor de Nuestro Señor y de su santa Madre su más humilde y obediente servidor, V ICENTE DEPAUL, indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: Al padre Blatiron, sacerdote de la Misión, en Génova.
Tomo III · página PDF 97Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.