Carta · tomo IV
A SOR ANA HARDEMONT
30 de julio de 1651
1450 [1389,IV ,235-236] A SOR ANA HARDEMONT París, 30 de julio de 1651 Mi buena hermana: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Su carta del día 1 de este mes me ha dado muchos motivos de consuelo.
Doy gracias a Dios por su mejoría y por la total recuperación de la hermana Bárbara.
Estaba muy preocupado por su enfermedad y lo sigo estando por la de usted, aunque espero que ya estará usted totalmente restablecida 1 y las dos sirviendo con entusiasmo a los pobres.
Para agradecerle a Dios que les haya conservado para esto, ofrézcanse a él de nuevo; háganle un sacrificio continuo de sus pensamientos, de sus palabras y de sus acciones, deseando y anhelando que todo sea para su gloria y para bien del hospital.
Por este medio es como su divina bondad las hará dignas de la incomparable bondad que el buen señor Eudo manifiesta con ustedes.
El amor que tiene a los pobres le hace preocuparse por ustedes de esa manera, a fin de que ustedes se preocupen luego de ellos; sigan ustedes, mis buenas hermanas, respetándolo mucho y siguiendo sus consejos.
A usted, sor Ana, le pido que cuide mucho de sus hermanas, como hermana sirviente que es; y a ellas que la cuiden mucho a usted, como hijas de Nuestro Señor, al que deben mirar en usted y usted en él.
En fin, vivan todas unidas, sin tener más que un solo corazón y una sola alma, a fin de que ________ Carta 1450.
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.
Todavía duraba la enfermedad de sor Ana Hardemont. 228
por esta unión de espíritu sean una verdadera imagen de la unidad de Dios, ya que su número representa a las tres personas de la Santísima Trinidad.
Le pido para ello al Espíritu Santo, que es la unión del Padre y del hijo, que sea igualmente la de ustedes, que les dé una profunda paz en medio de las contradicciones y de las dificultades, que necesariamente tendrán que existir alrededor de los pobres; pero acuérdense también de que allí es donde está su cruz, con la que Nuestro Señor las llama a él y a su descanso.
Todo el mundo aprecia mucho el trabajo que realizan y las personas de bien no ven en la tierra ninguno que sea tan digno de veneración y tan santo, cuando se hace con devoción.
Me parece muy bien que hagan ustedes el retiro, puesto que Dios les ha dado deseos de hacerlo; pero ha de ser sin que los pobres sufran por ello y con tal de que su director esté también de acuerdo.
Puede empezar usted a hacerlo y luego lo harán las otras dos hermanas por turno; pero acuérdense de mí en sus oraciones.
La señorita Le Gras se encuentra bien, gracias a Dios, y su pequeña comunidad va creciendo en número y en virtud.
Soy en el amor de Nuestro Señor, mi buena hermana, su muy humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: A sor Ana Hardemont, hija de la Caridad, sirviente de los pobres enfermos, en Hennebont.
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