Carta · tomo IV

A PEDRO WATEBLED, SUPERIOR DE SAINTES

26 de noviembre de 1651

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
IV
Extensión
414 palabras
Página inicial
269 (PDF)
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1490 [1426,IV ,276-277] A PEDRO WATEBLED, SUPERIOR DE SAINTES 26 de noviembre de 1651 Siento un gran dolor por los disturbios que han surgido por allí; le pido a Nuestro Señor que haga mejorar la situación 1.

Entretanto habría que honrar su paciencia y hacer muchos actos ________ Carta 1490.

— Reg. 2, 316. 1.

Saintes, que estaba entonces en poder del partido de la Fronda, estaba gobernada por Chambois.

Al acercarse el ejército del rey, bajo las órdenes de d'- Harcourt, Chambois, para facilitar la defensa de la plaza, mandó prender fuego a los suburbios, respetando únicamente las casas de los benedictinos y de las hermanas de Santa Clara, que sirvieron de refugio a los habitantes sin asilo.

La miseria era grande en la ciudad y las alarmas continuas. 267

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de abandono en su voluntad y de aceptación de los designios de su justicia.

Doy gracias a Dios por la paz interior que conserva en usted y en su familia; no dudo de que usted se la pedirá insistentemente para el país y para todo el reino, así como también la gracia para el pobre pueblo de usar bien de las aflicciones de la guerra.

Veo que está usted dudando de lo que tiene que hacer.

Hay que resistir, padre; sería un gran mal dejar las cosas y un escándalo irreparable para la ciudad y para la compañía.

Si usted abandona la casa, no creo que en adelante nos quieran ya recibir.

No tema usted; la tranquilidad seguirá a la tempestad, y quizás pronto.

Si no puede usted gozar de las rentas, no por eso se verá abandonado; no morirá usted de hambre; le asistiremos en la medida que podamos.

No es que no tenga usted algunas provisiones ni que no pueda sacar nada de las rentas; al principio se asusta uno, pero no siempre permite Dios que venga el mal que tememos.

Desde que hay guerra en Lorena, en Flandes y en nuestras fronteras, las casas religiosas siguen resistiendo allí.

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No es que no sufran, pero logran escaparse y merecen mucho con su paciencia.

Ninguno de ustedes ha tenido todavía motivos para asustarse.

Le pido a Nuestro Señor que sea su protector y su consuelo, que los una entre ustedes y les dé la fidelidad conveniente a la práctica de las virtudes, especialmente a la oración, al recogimiento, a la mortificación y a la conformidad con la voluntad de Dios.

Confíe mucho en él y tenga ánimos.

Nuestras casas de Agen y de La Rose están tan preocupadas como la suya, y también la de Cahors, o poco menos.

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