Carta · tomo IV

A BALTASAR GRANGIER DE LIVERDI, OBISPO DE TRÉGUIER

28 de enero de 1652

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
IV
Extensión
341 palabras
Página inicial
314
Ver tomo

1518 [1453,IV ,314-315] A BALTASAR GRANGIER DE LIVERDI, OBISPO DE TRÉGUIER 28 de enero de 1652 Señor obispo: Nada tengo que decir de la propuesta que me hace sobre las confesiones en la capilla del seminario, respeto a los sacerdotes que hace usted educar allí; le toca a usted ordenar como le plazca.

Pero en cuanto a los nuestros, le suplico muy humildemente que acepte que le diga que nuestra Bula nos prohíbe expresamente confesar en los lugares en que residimos a las personas externas, a no ser a los que hacen allí los ejercicios espirituales 1; ninguna de nuestras casas obra de otra manera, a no ser las que tienen parroquias, como la de Sedán y la de Richelieu, o peregrinos, como la de Saint-Méen y la de La Rose; la razón de esto es para evitar el apego a que este ejercicio nos inclinaría y estar siempre dispuestos a ir a trabajar por la salvación de los pueblos del campo.

Los habitantes de las ciudades no carecen ordinariamente de ayudas espirituales.

Sin embargo, señor obispo, he querido saber si nuestros padres antiguos creían conveniente que en consideración a usted pasásemos ________ Carta 1518.

— Reg. 2, 69. 1.

Tomo IV · p. 314

La bula Salvatoris Nostri, por la que Urbano VIII erige la congregación de la Misión señala expresamente: «ln civitatibus et urbibus quae archipeiscopatum, episcopatum, parlamentorum et bajulatuum titulis insignitae sunt, clerici et sacerdotes dictae congregationis nulla publica eorum Instituti munera obeant». 300

Tomo IV · p. 314

por encima de esta regla; todos ellos han creído que no debería faltarse a nuestra Bula ni a la práctica que seguimos en estos casos.

Por eso, señor obispo, le suplicamos muy humildemente que no permita que nuestros misioneros den este mal ejemplo a sus hermanos; porque, con la inclinación que muchos sienten a trabajar en las ciudades, con los ricos en vez de con los pobres, sería de temer que, una vez acostumbrados a ello, no quisiesen ya ir al campo a buscar a la oveja extraviada, haciéndose así inútiles a la Iglesia de Dios e incapaces de obedecer a los señores obispos.

Tomo IV · p. 315

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