Carta · tomo IV
A UN ECLESIASTICO
1521 [1456,IV ,316-318] A UN ECLESIASTICO Espero que, después de haberme escrito usted su carta, Dios haya disipado esos nubarrones que le preocupaban, por eso no aludiré a ellos más que de pasada.
Me parece que anda usted en dudas de si será del número de los predestinados; le respondo que, aunque es verdad que nadie tiene señales infalibles de su predestinación sin una revelación especial de Dios, sin embargo según el testimonio de san Pablo, hay señales tan pro________ Carta 1520.
— Carta señalada en el proceso de beatificación por el testigo 102, Pedro Chollier.
Carta 1521.
— ABELL Y, o.c., III, cap.
III Sec.
III, 25. 302
bables para conocer a los verdaderos hijos de Dios que casi no cabe lugar a dudas.
Y esas señales, señor, yo las veo todas en usted, gracias a Dios.
La misma carta por la que me dice usted que no las ve me descubre parte de ellas; y el largo conocimiento que tengo de usted me manifiesta las demás.
Créame, padre, no conozco ningún alma en el mundo que sea más de Dios que la suya, ni un corazón más apartado del mal ni más deseoso del bien que el que usted tiene.
Pero a mí no me lo parece, dirá usted.
Y le respondo que Dios no permite siempre a los suyos discernir la pureza de su interior en medio de los movimientos de la naturaleza corrompida, a fin de que se humillen continuamente y que su tesoro, escondido de esta forma, se encuentre más seguro.
El santo apóstol había visto maravillas en el cielo; pero no por eso se creía justificado, ya que veía en sí mismo demasiadas tinieblas y combates.
Sin embargo, tenía tanta confianza en Dios que creía que no había nada en el mundo capaz de separarlo de la caridad de Jesucristo.
Este ejemplo debe bastarle a usted para permanecer en paz en medio de sus obscuridades y para tener una total y perfecta confianza en la infinita bondad de Nuestro Señor, el cual, al querer acabar la obra de su santificación, le invita a abandonarse en manos de su providencia.
Déjese, pues, guiar por su amor paternal; porque él le ama; y lejos de rechazar a un hombre de bien como es usted, le aseguro que ni siquiera abandona jamás a una persona mala que espere en su misericordia.
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