Carta · tomo IV
A UN SACERDOTE DE LA MISIÓN
1538 [1472,IV ,340] A UN SACERDOTE DE LA MISIÓN ¡Ay, padre!
¡Qué hermoso ornamento es para un misionero la santa indiferencia, ya que lo hace tan agradable a Dios que éste lo preferirá siempre a todos los demás obreros en los que no vea disposición de indiferencia para cumplir sus designios!
Si alguna vez nos despojamos totalmente de nuestra propia voluntad, estaremos entonces en situación de hacer con seguridad la voluntad de Dios, en la que los ángeles encuentran toda su felicidad y los hombres toda su dicha.
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