Carta · tomo IV

A UN SACERDOTE DE LA MISIÓN

16 de abril de 1652

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
IV
Extensión
723 palabras
Página inicial
343 (PDF)
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1552 [1485,IV ,360-362] A UN SACERDOTE DE LA MISIÓN 1 16 de abril de 1652 El señor obispo de Tréguier, al volverse a su diócesis, va decidido a empezar su seminario lo antes posible.

Creo que se sentirá usted lleno de gozo y que dará muchas gracias a Dios por servirse de usted para ir a poner los fundamentos del mismo.

Ya le he destinado a usted para eso; pero le ruego, padre, que entretanto emplee el tiempo para entregarse sinceramente a Nuestro Señor, en el espíritu y en las prácticas de un verdadero misionero, a fin de que produzca usted frutos dignos de su vocación.

¡Ay, Dios mío!

¿Habrá que estar yendo y vinien________ 1.

Baltasar Grangier de Liverdi.

Carta 1552.

— Reg. 2, 319. 1. «A un misionero relajado que tenía grandes talentos para las funciones de la compañía», escribe el copista del registro 2. 341

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do, haciendo y recibiendo visitas por seguir una vana satisfacción, y privar así a Dios de la gloria que podría usted darle?

¿Será necesario que por una tontería, que quizás le halague a usted un poco, su hermosa alma deje de contribuir a la salvación de otras muchas?

Si yo hubiera visto alguna vez a alguien al que le haya resultado bien seguir su sensualidad, le diría a usted: haga lo mismo, me parece muy bien.

Pero no es así, ni mucho menos; así es como se han arruinado todos los que han seguido ese camino, que es muy ancho y que conduce a muchos a la perdición.

Va siendo hora, padre, de que siga usted a Nuestro Señor por el camino estrecho de una vida conforme con su condición.

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Hace ya unos nueve meses que se advierte en usted cierto relajamiento, a pesar de las muchas obligaciones que tiene de buscar la perfección: 1.º Dios le llama a ella, 2.º le ha dado un carácter muy bueno; 3.º le ha dotado de muchas gracias interiores y de dones exteriores; 4.º le ha concedido bendiciones especiales en sus cargos anteriores; y finalmente su bondad ha sido tan grande con usted que le ha dado fuerzas para consagrarse a su servicio y al de la Iglesia de una forma particular.

Acuérdese de que comenzó bien y de que continuó mejor, y que sería faltar a la fidelidad con Dios el dejarse ahora llevar por su propia naturaleza; eso sería abusar de sus gracias; sería exponerse a su indignación, de lo que tendría que arrepentirse durante toda su vida y en el más allá.

No dudo, padre, de que su espíritu se encuentra muy agitado por lo que le digo y de que el espíritu maligno se está esforzando por derrumbar sus ánimos y aplastarle, si pudiera; pero también espero que hará usted el propósito de responder en adelante a los designios de Dios sobre usted, para abrazarlos sin descanso en todo tiempo y lugar.

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Si así lo hace, padre, le aseguro que le dará la gracia más que suficiente para ello.

Lo conjuro expresamente por el amor que él le tiene, por las recompensas que le promete, por las gracias que le ha dado y por los bienes que usted mismo hará, tanto con los eclesiásticos como con los pueblos, a que lo haga así.

Ya ha remoloneado demasiado; el tiempo perdido no se recupera nunca; la muerte se acerca, la cosecha es grande; los obreros son pocos y Nuestro Señor está esperando en usted.

Acuérdese también de que el divino Salvador 342

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dijo que se santificó a sí mismo, a fin de que también fueran santificados los suyos, enseñándonos con estas palabras que, para trabajar útilmente por el prójimo, hemos de trabajar nosotros mismos en la virtud.

Usted está en un sitio propicio para ello, libre de cualquier otra preocupación.

Si me hace caso, empezará por un buen retiro y continuará con dedicación, con seriedad y con esfuerzo despertando en usted el fervor y el celo; luego llegará la hora en que el señor obispo de Tréguier le dé ocasión para practicar estas virtudes y fomentarlas entre su clero.

La estima y el afecto que Dios me ha dado por usted me hace hablarle de esta manera.

Le ruego que reciba bien mis palabras y que pida a Dios por mí, para que yo mismo no me retrase en lo que aconsejo a los demás, asegurándole que seguiré ofreciéndole a Dios para el cumplimiento de su santa voluntad en usted y por medio de usted.

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