Carta · tomo IV
A CLAUDIO DUFOUR, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN SEDAN
24 de abril de 1652
1556 [1489,IV ,368-369] A CLAUDIO DUFOUR, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN SEDAN 24 de abril de 1652 El embarco a Madagascar ha vuelto a retrasarse hasta el mes de septiembre.
Ya que hemos esperado hasta ahora, seguiremos esperando todavía otros cuatro o cinco meses; un bien tan grande vale la pena que lo deseemos tanto.
Y como usted ha recibido de Dios tanta inclinación hacia esa misión y se ha ofrecido para ella, debe usted conservarse con los mismos ánimos tanto porque ésa será una señal de vocación, como porque la compañía le ha destinado a ello desde el principio y le sigue destinando todavía, que es una segunda señal de vocación.
Y para decirle una tercera. le diré que no solamente le hemos presentado a usted en Roma, como le escribí anteriormente, ________ Carta 1556.
— Reg. 2, 321. 347
sino que ya le han enviado las facultades que se suelen dar a los que van a trabajar por la conversión de los infieles, y se las guardamos aquí.
Después de todo esto, padre, no cabe dudar de que Dios le está esperando a usted para una obra tan santa.
Por tanto, hará usted bien en mantenerse en el propósito que tomó de no pensar ya más en los cartujos, pues usted mismo me ha dicho que, si Dios quisiera hacerle antes artesano que cartujo, usted seguiría respetando y adorando esa amorosa voluntad de Dios.
Ofrézcase a él de nuevo, como un obrero al que ha llamado para una labor tan elevada, la más útil y santificadora que hay en la tierra, como es la de atraer a las almas al conocimiento de Jesucristo y marchar a extender su imperio en los lugares donde el demonio reina desde hace tanto tiempo.
Los apóstoles y los mayores santos se han considerado muy felices en consumirse por esto.
Y ahora vemos incluso cómo muchos religiosos salen de sus claustros, y muchos sacerdotes de su país, para ir a predicar el evangelio a los infieles.
Y si llegaran a faltar, sería menester quitarles a los cartujos su soledad, para enviarles allá.
Por tanto, padre, le ruego en nombre de Nuestro Señor que espere con paciencia a que llegue la hora que él ha señalado para su marcha.
Entretanto está usted sirviendo a Dios muy útilmente en donde está; y si no se lo parece a usted, mucho mejor.
No dejo de alegrarme mucho de ello, por el conocimiento que tengo de sus trabajos y de la edificación que da a toda la compañía.
Siga sencillamente haciendo lo mismo que ha hecho hasta ahora.
Si esa manera de vivir le resulta menos agradable a su espíritu que la vida de retiro, debe usted quererla más por ser la que más le agrada a Nuestro Señor, y porque en ella habrá más amor de él y menos satisfacción suya.
Los buenos deseos que usted ha demostrado a Nuestro Señor y su amor a su gloriosa Madre le valdrán a usted lo mismo que si, en vez de ir a Nuestra Señora de Liesse 1, hace usted en Sedán las oraciones de agradecimiento y de devoción por todas las gracias recibidas y deseadas.
Esto me obliga a aconsejarle que no haga esa pequeña peregrinación, junto con los peligros que actualmente hay por todas partes. ________ 1.
En el Aisne. 348
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