Carta · tomo IV
A FRANCISCO HALLIER 1 Y JERONIMO LAGAULT 2, EN ROMA
21 de junio de 1652
1578 [1510,IV ,400-403] A FRANCISCO HALLIER 1 Y JERONIMO LAGAULT 2, EN ROMA 21 de junio de 1652 Señor: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Me ha alegrado mucho saber por su carta que ya está usted en Roma, adonde ha llegado felizmente con esos buenos señores que están con usted 3.
Le doy gracias a Dios y le pido que le conserve en perfecta salud, a lo que le pido también a usted que contribuya, lo mismo que ellos, en todo lo que dependa de sus cuidados, ya que va en ello la gloria de Dios, por la conservación de tres de sus mejores servidores que trabajan en llevar a cabo un asunto de tanta importancia.
No tengan prisas, por favor, y no salgan durante el calor del día; Nuestro ________ 8.
Mt 5,10.
Carta 1578.
— Reg. 1, f.º 50 v.º, copia sacada de «la minuta sin firmar». 1.
Francisco Hallier nació en Chartres en 1595, fue primero oficial en su diócesis de origen, luego doctor en la Sorbona síndico de la facultad de teología (1645), obispo de Cavaillon (1657), murió el 23 de julio de 1659.
Compuso diversas obras de filosofía y de teología, todas ellas en latín. 2.
Jerónimo Lagault nació en París, doctor en la Sorbona, murió en Suiza a su regreso de Roma en octubre de 1653. 3.
Pedro Colombet, párroco de San Germán de Auxerre, habiendo leído en una carta llegada de Roma estas palabras: «Esos fanfarrones de molinistas que hacían tanto ruido en París no se atreven a aparecer en Roma», decidió aceptar el desafío.
Hizo una colecta en su parroquia, recogió mil escudos y se los llevó a Francisco Hallier, a quien juzgaba el más apto para hacer triunfar la buena causa.
Hallier aceptó la propuesta.
Dejó París en compañía de Jerónimo Lagault y de Francisco Joysel, doctor en la Sorbona, y llegó a Roma el 24 de mayo de 1652.
En la audiencia que les concedió, el papa les mostró una gran benevolencia. 376
Señor verá con agrado que, para servirle mejor, cuiden ustedes sus fuerzas.
Aquí procuraremos ayudarles con nuestras oraciones y nuestra solicitud todo lo que podamos 4; ya se han pedido a la corte otras cartas, para enviárselas cuanto antes 5.
Ahora se habla muy poco de estas cuestiones; quizás sea por causa de las preocupaciones de la guerra que a todos nos afecta y porque empiezan a dejarse sentir las miserias del tiempo.
Sin embargo ha surgido un incidente que ha vuelto a poner estas cuestiones sobre el tapete; ha sido que esas gentes han hecho una carta impresa con este título: Carta de un obispo a un sacerdote , enviando copia de la misma a muchas personas, a mí entre ellas; pero se ha descubierto que no es una pieza de su cosecha, sino una carta de san Próspero, que han traducido y han arreglado a su gusto.
No dudo de que estará usted enterado de todo esto.
Le diré solamente, a propósito de las reliquias de santa Genoveva que se han sacado solemnemente en procesión general para pedir a Dios el cese de todas las calamidades públicas, por intercesión de esta santa, que nunca se había visto en París más afluencia de gente ni tanta devoción exterior 6.
El resultado de ello ha sido que, al octavo día, el duque de Lorena que tenía su ejército a las puertas de París, estando él mismo en la ciudad, ha levantado el campo para volverse a su país, habiendo tomado esta decisión cuando el ejército del rey estaba ya a ________ 4.
San Vicente ayudó económicamente a los tres doctores, aparte de ayudarles con sus consejos y su crédito; dio orden a sus sacerdotes de Roma para que les atendiesen en todo lo que pudieran (Cf.
C OLLET, o.c., I, 546). 5.
La reina les había dado cartas de recomendación para el embajador de Francia, que les invitó a su mesa, así como a los doctores del partido opuesto, y les trató 11 todos magníficamente. 6.
El arzobispo de París había ordenado procesiones especiales que acabaron el 11 de junio con la procesión de santa Genoveva.
Las reliquias de la patrona de París fueron trasladadas con gran solemnidad desde su iglesia hasta Nuestra Señora, en medio de un inmenso concurso de fieles.
Asistían los príncipes y las cortes soberanas, los miembros del parlamento con sus ropajes rojos y las demás corporaciones de la ciudad en traje de ceremonia.
Puede verse un relato detallado de estas manifestaciones de piedad en los Registres de l'Hôtel de ville de Paris pendant la Fronde, II, 370-377. 377
punto de lanzarse sobre el suyo 7.
Desde entonces se están llevando a cabo los intentos de paz con los príncipes 8.
Y se espera que la bondad de Dios hará que se consiga, tanto más cuanto que se procura aplicar su justicia con las grandes limosnas que se hacen actualmente en París para ayudar a los pobres vergonzantes y a los campesinos que están aquí refugiados.
Todos los días se les da de comer a 14.000 ó 15.000 personas, que morirían de hambre sin esa ayuda.
Además se ha retirado a las jóvenes a casas particulares, en número de 800 ó 900 9; se va a reunir a todas las religiosas refugiadas que viven por la ciudad, algunas — según se dice — en lugares sospechosos, en un monasterio preparado para ellos, que dirigirán las hijas de Santa María 10.
Y ya va bien de noticias, señor, en contra de la máxima que tenemos de no escribir cosas de esas; pero ¿quién podría impedir que se publicase la grandeza de Dios y sus misericordias?
Soy en su amor, señor, su... ________ 7.
Carlos, duque de Lorena, había entrado en París el 2 de junio.
El día 6 pactaba con el rey: se comprometía a salir del reino en el plazo de quince días si el rey, por su parte, mandaba levantar el sitio de Etampes el día 10, en el caso de que siguiera aún resistiendo la ciudad, y retiraba sus tropas a cuatro leguas de los muros.
Carlos mantuvo su palabra; dejo París, saqueándolo todo a su paso. 8.
El mismo día de la partida del duque de Lorena, los diputados del parlamento recibían de la corte la seguridad de que, si los príncipes prometían dejar las armas, invitar a sus seguidores a la sumisión, romper sus tratos con el extranjero, y daban garantías serias de la sinceridad de sus promesas, «se permitiría al cardenal retirarse, dándole un cargo alejado, después de haber hecho justicia para la reparación de su honor».
Las negociaciones no concluyeron. 9.
La madre Angélica refiere en una de sus cartas (Lettres, II, 139) que algunas personas emboscadas a las puertas de la ciudad esperaban allí a las jóvenes llevadas a París por la miseria, para abusar de ellas o traficar con su juventud y su belleza.
Los párrocos y otras personas caritativas reunieron a aquellas pobres criaturas en casas comunes, donde encontraron a la vez su alimento corporal y espiritual.
Se les dio además un trabajo remunerado, que tenía la doble ventaja de evitarles los peligros de la ociosidad y procurarles algunos recursos para cuando volviesen a sus casas. 10.
Véanse los Annales de la Compagnie du Saint-Sacrement, 127. 378
Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.