Carta · tomo IV
AL CARDENAL MAZARINO
11 de septiembre de 1652
1620 [1551,IV ,473-478] AL CARDENAL MAZARINO 11 de septiembre de 1652 Monseñor: Me tomo la confianza de escribir a Su Eminencia; le suplico que lo acepte y que le diga que veo ahora a la ciudad de París recuperada de la situación en que estaba, pidiendo y aclamando a gritos al rey y a la reina; no voy a ningún sitio ni trato con ninguna persona con quien no se tenga este mismo discurso 1.
Hasta las mismas damas de la Caridad que son de ________ Carta 1620.
— Reg. 1, f.º 45, copia sacada de la «minuta firmada y apostillada». 1.
El clero de París, conducido por el cardenal de Retz, había ido a Compiègne el 9 de septiembre para invitar al rey a entrar en la capital; el rey se había contentado con pedir «que los parisienses hicieran algo por apresurar su vuelta, no pudiendo ya tolerar por más tiempo los 440
las personas principales de París, me dicen que, si Sus Majestades se acercan, irán un regimiento de damas a recibirlos en triunfo 2.
Según esto, monseñor, creo que Su Eminencia hará un acto digno de su bondad si aconseja al rey y a la reina que vuelvan a tomar posesión de su ciudad y del corazón de París.
Pero como hay muchas cosas que decir en contra de esto, he aquí las dificultades que considero de mayor importancia y la respuesta que les doy, suplicando muy humildemente a Su Eminencia que las lea y considere.
La primera es que, aunque haya muchas buenas almas en París y gran número de buenos ciudadanos que sienten como le he dicho, también hay sin embargo otros muchos que tienen sentimientos contrarios y otros que están vacilantes.
— A ello respondo, monseñor, que no creo que haya más que muy pocos de sentimientos contrarios; por lo menos yo no conozco a ninguno; y que los indiferentes, si los hay, se verán arrastrados por la multitud y por la fuerza de los entusiastas, que son la mayoría de París, a no ser quizás aquellos que temerían el castigo, si no estuvieran seguros de la amnistía.
En segundo lugar, que hay motivos para temer que la presencia de los jefes del partido contrario haga que se repita la jornada del palacio 3 y la del ayuntamiento 4.
— A ello respondo que uno de ellos 5 estará muy contento de que se le presente esta ocasión para ponerse a bien con el rey, mientras que el otro 6, al ver que París ha vuelto a la obediencia del rey, se someterá; no me cabe ninguna duda de ello, pues me consta por buenos informes. ________ abusos de quienes deseaban prolongar la agitación».
La respuesta había sido evidentemente sugerida por Mazarino.
Para vencer las resistencias del cardenal ministro es para lo que san Vicente le escribe esta carta. 2.
Mazarino desconfiaba de algunas damas de la Caridad y especialmente de su presidenta, la duquesa de Aiguillon, a quien suponía en tratos con los de la Fronda (Cf.
Lettres du cardinal Mazarin, publicadas por Chéruel, tomo V , 4. 213. 346. 358. 438. 439. 475). 3.
Alusión a la jornada del 25 de junio durante la cual el pueblo invadió el palacio y golpeó a los consejeros del parlamento, para obligarles a que terminaran su deliberación. 4.
Alusión a las agitaciones del 4 de julio, que llevaron a los asesinatos en el ayuntamiento de París. 5.
El duque de Orléans. 6.
El príncipe de Condé. 441
En tercer lugar, quizás algunos puedan decirle a Su Eminencia que hay que castigar a París para hacerlo prudente.
— Yo creo, monseñor, que conviene que Su Eminencia se acuerde de cómo se han portado los reyes bajo los cuales se revolucionó París en otras ocasiones; verá que procedieron con mansedumbre y que Carlos VI, por haber castigado a un gran número de rebeldes, desarmando y encadenando a otros muchos ciudadanos, no hizo más que echar leña al fuego e inflamar todo los demás, de forma que duró la sedición dieciséis años, oponiéndose al rey más que antes y aliándose para ello con todos los enemigos del Estado 7, y que finalmente Enrique III 8 y el propio rey 9 se tuvieron que arrepentir de haber sido duros con ellos.
Si se dice que Su Majestad hará la paz con España, para venir triunfante a echarse sobre París y ponerlo en razón, responderé, monseñor, que tan lejos está de conquistarse las simpatías del reino con la paz de España que, por el contrario, se atraerá los-odios más todavía, sobre todo si devuelve a los españoles todo lo que se posee de ellos, como se dice que desea hacer Su Eminencia; y en ese caso, Su Eminencia debe temer con motivo lo que le pasó a Carlos III, regente del reino y coronado como presunto rey, que habiendo abandonado a los ingleses la Normandía y algunas ciudades de Flandes, con la condición de que reconocieran la soberanía de la corona, excitó tanto los espíritus en contra suya que se reunieron los Estados en sesión extraordinaria contra él y aquel pobre príncipe se vio obligado a huir como un desconocido y a morir miserablemente en una aldea, en la que se había ocultado 10 ________ 7.
Tomo IV · página PDF 444Revuelta de los Maillotins, a quienes el rey castigó severamente después de la victoria de Rosbecque; intento de reforma constitucional del carmelita Eustaquio de Pavilly; excesos de los Cabochiens; guerra civil de los Bourguignons y de los Armagnacs. 8.
Después del asesinato de los Guisa, Enrique III puso a París en estado de sitio; fue asesinado en Saint-Cloud por Santiago Clément. 9.
Luis XIV . 10.
San Vicente confunde las cosas.
Carlos III no cedió la Normandía a los ingleses, sino a los normandos; no murió oculto en una aldea, sino prisionero en el castillo de Péronne; no fue él, sino Carlos V , el que dejó a los ingleses algunas ciudades de Flandes. 442
Y si se cree que, antes de la entrada de Sus Majestades en la ciudad, conviene tratar con España y con los señores príncipes, permítame, monseñor, que le diga que en ese caso París se verá comprendido en los artículos de paz y gozará del bien de su amnistía como de un beneficio de España y de dichos señores, y no del rey, por lo que se quedará con la idea de declararse en favor de ellos en la primera ocasión.
Algunos podrán decir a Su Eminencia que sus intereses particulares requieren que el rey no reciba en su gracia al pueblo y que no vuelva a París sin ella, sino que hay que enredar los asuntos y seguir manteniendo la guerra, para hacer ver que no es Su Eminencia quien excita la tempestad, sino la malicia de ciertos espíritus que no desean someterse a la voluntad de su príncipe.
— Respondo, monseñor, que no tiene gran importancia el que el regreso de Su Eminencia sea antes o después del regreso del rey, con tal que venga y que, una vez restablecido el rey en París, Su Majestad podrá hacer venir a Su Eminencia cuando mejor le parezca.
Estoy seguro de ello.
Por otra parte, si es verdad que Su Eminencia, que mira ante todo y sobre todo al bien del rey, de la reina y del Estado, contribuye a la unión de la casa real y de París bajo la obediencia del rey, seguramente, Monseñor, volverá a ganarse el entusiasmo del pueblo y dentro de poco tiempo le volverán a llamar, y con gran aplauso, según creo; pero mientras los espíritus anden revueltos, es muy de temer que jamás se consiga la paz con esa condición, ya que en eso consiste precisamente la locura de los pueblos y la experiencia demuestra que los que están heridos por esta enfermedad no curan jamás, dado que sus ideas siguen por falsos derroteros.
Tomo IV · página PDF 445Y si es verdad, como se dice, que Su Eminencia ha dado órdenes para que el rey no escuche a los señores príncipes, que no les dé pasaportes para que acudan a Sus Majestades, que no se escuche a ningún delegado o representante de ellos, y que con esa finalidad ha puesto Su Eminencia al lado del rey y de la reina a personas extrañas, criados suyos, que cierren el acceso por todas partes, para impedir que se hable con Sus Majestades, si esto continúa, es muy de temer, monseñor, que se pierda la ocasión y que el odio de los pueblos se convierta en rabia.
Por el contrario, si Su Eminencia aconseja al rey que venga a recibir las aclamaciones de este pueblo, se 443
ganará a todos los corazones del reino que tan bien saben lo que puede al lado del rey y de la reina, y todos considerarán que esta gracia les ha venido de parte de Su Eminencia 1.
Esto es, monseñor, lo que me tomo el atrevimiento de exponerle, con la confianza de que no lo verá mal, sobre todo cuando sepa que no le he dicho absolutamente a nadie, excepto a un servidor de Su Eminencia, que me he tomado el honor de escribirle, y que no tengo ninguna comunicación con aquellos antiguos amigos que están ahora con sentimientos contrarios a la voluntad del rey 12, que no le he enseñado la presente absolutamente a nadie, y que viviré y moriré en la obediencia que debo a Su Eminencia, bajo la que Nuestro Señor me ha puesto de una manera especial 13.
Así se lo aseguro, ya que soy y seré siempre, monseñor, su muy humilde, obediente y fiel servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión
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