Carta · tomo IV

A JUAN DEHORGNY, SUPERIOR DE ROMA

20 de septiembre de 1652

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
IV
Extensión
491 palabras
Página inicial
447 (PDF)
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1622 [1553,IV ,479-480] A JUAN DEHORGNY, SUPERIOR DE ROMA 20 de septiembre de 1652 Ya le rogué y vuelvo a rogarle ahora que no tenga prisas con esos buenos sacerdotes de Orvieto y que no se comprometa, si le hablan de unión.

En ese caso, sería menester que le ________ 3.

Francisco de Chandenier. 4.

La madre y la hermana de los Chandenier.

Esta última, María de Chandenier, permaneció soltera.

Murió en París en 1701, a los 87 años de edad, y dejó sus bienes al presidente Lamoignon. 5.

La abadía de l'Aumône o del Petit-Cîteaux, situada en el ayuntamiento de La Colombe (Loire-et-Cher) en el bosque de Marchenoir, dependía de la orden de San Benito.

Claudio Carlos de Chandenier, que era su abad, se convirtió en 1655 en abad de Moutiers-Saint-Jean.

Su vida, de 1650 a 1660, se confunde con la de su hermano, el abad de Tournus, con quien marchó a Alet, a París, a Roma.

Su mutuo afecto llegaba hasta el punto de que no podían separarse.

Ambos rehusaron el episcopado; ambos querían a san Vicente y a su congregación con un amor sincero.

Claudio vivió hasta el 18 de mayo de 1710.

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Francisco Watel, entonces superior general, anunció su muerte a los misioneros y encomendó su alma a sus sufragios.

En C OTTEL, o.c., I, 584-588 puede verse el largo y hermoso epitafio que se puso en la tumba de Claudio de Chandenier.

Carta 1622.

— Reg. 2, 89 y 72. 445

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pidieran con mucha insistencia y totalmente dispuestos a acomodarse a nuestro pequeño Instituto y a nuestras costumbres; indíqueme con claridad cuáles son sus intenciones y todo lo que ocurra sobre esto.

Quizás lo único que quieren es que fundemos en aquella diócesis y entregarse luego a la compañía, como si no hubiera ninguna sociedad entre ellos.

Me dice usted que no sabe cómo arreglar con ellos el asunto de nuestros votos.

No hay que andar con fingimientos, padre, sino decirles claramente que hacemos votos simples, para que, si no tienen ganas de hacerlos, no se anden con ilusiones de entrar con nosotros 1.

Reconozco, lo mismo que usted, que no conviene hacer tantas pequeñas fundaciones y me propongo en adelante tener cuidado con esto, mediante la gracia de Dios; pero también resulta muy difícil hacer grandes fundaciones al comienzo de una compañía como la nuestra.

No nos ocurre como a los mendicantes: a ellos les basta con plantar la piqueta para quedar fundados.

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Pero a nosotros, que no recibimos nada del pobre pueblo, nos hace falta tener rentas; y esas rentas, que deben ser suficientes, no vienen de golpe ni siempre en las ciudades, para establecernos allí.

Si no hubiéramos aceptado Nuestra Señora de Lorm, que está en el campo, quizás no se nos hubiera presentado nunca la ocasión para fundar en la diócesis de Montauban; y puede ser que con el tiempo Dios se sirva de este medio para llamarnos a la ciudad 2.

Así pues, al principio se hace lo que se puede, y poco a poco la Providencia va disponiendo las cosas mejor.

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