Carta · tomo IV
A MARCOS COGLEE, SUPERIOR DE SEDAN
25 de septiembre de 1652
1624 [1555,IV ,484-487] A MARCOS COGLEE, SUPERIOR DE SEDAN 25 de septiembre de 1652 Le agradezco el aviso que me ha dado usted sobre el padre...
Siento mucho su proceder, ya que puede producir efectos bastante perniciosos.
Lo ha hecho así por una exuberancia del celo, creyendo que por ese medio podría procurar algún alivio al pobre pueblo.
Le he escrito exponiéndole mi modo de pensar.
La verdad es que en el alma del padre... hay un buen fondo de bondad, aunque tiene un exterior demasiado activo y poco ordenado; por eso le toca a él soportar una parte de su ________ tió los votos el 2 de diciembre de 1642, ordenado de sacerdote en diciembre de 1646, trabajó varios años en el seminario de Bons-Enfants, en donde pasó mucho tiempo enfermo; murió en agosto de 1661. 7.
Juan de Fonteneil, amigo de San Vicente Carta 1624.
— Reg. 2, 153. 449
manera de ser, para que se corrija, y otra parte le corresponde a los demás, advirtiéndole oportunamente y con espíritu de caridad, mansamente y con mucho cariño.
No hay por qué preocuparse mucho de las quejas que se han hecho de nosotros, cuando se trata de una cosa buena que se practica en la compañía, como el no ir a comer a casa de personas de fuera.
El señor de Santeuil no es un hombre capaz de molestarse porque deje usted de ir a comer en su casa, si le dice usted la razón, que es, por un lado, la máxima que seguimos y que nos lo prohíbe y, por otro, las consecuencias contrarias, si faltásemos a lo establecido.
Por lo que se refiere a lo que me dice de abrirse más que hasta ahora a los principales habitantes, no veo en ello ningún inconveniente en cuanto a las cosas principales de la parroquia que se refieren a su bien y a su oficio pastoral, con tal que no pase de esos asuntos externos a los asuntos internos de la casa, ni a las noticias mundanas.
No, no es conveniente que pida usted consejo al señor gobernador de las cosas que tiene que decir en la predicación, tanto si se refieren a las cosas controvertidas, como si no; me extraña que se le haya ocurrido a usted pensar en eso.
Se ha propuesto usted, cuando vaya a casa de dicha persona 1, amonestarle en particular de los despropósitos que dice.
Me parece, padre, que no debe usted hacerlo, tanto porque, si lo excusa atribuyéndolo a su buena intención, podría recibir mal esa advertencia, como porque él es indudablemente más listo que nosotros.
Ha hecho usted bien en cultivar el trato con los padres jesuitas de Charleville; pero lo de decir que es para que ellos nos defiendan cuando hablen mal de nosotros, es un motivo bastante rastrero y muy lejos del espíritu de Jesucristo, según el cual hemos de mirar puramente a Dios en nuestras acciones y hacer que todas las cosas sirvan para el amor que le debemos; usted por el contrario, pensando en nuestra reputación, quiere hacer servir esa caridad que les liga con esos padres para la conservación de su reputación, que es una cosa totalmente vana, si no está basada en la virtud; y si está basada en ese fundamento, ¿qué es lo que hay que temer? ________ 1.
El gobernador de Sedán 450
Me escribe usted además otra cosa que también sabe a respeto humano, a saber, que cuando me habla usted bien de persona alguna, yo haga lo posible para que lo sepan sus amigos, para que se lo comuniquen.
¡Dios mío!
¿Qué es lo que está usted pensando?
¿Dónde está la sencillez de un misionero que debe ir recto hacia Dios?
Si no ve usted ningún bien en esas personas, no lo diga; pero si descubre en ellas algo bueno, dígalo para honrar a Dios en ellas, ya que todo bien procede de él.
Nuestro Señor reprendió a un hombre que lo llamaba bueno, porque no lo hacía por buena intención; cuánto mayor motivo tendrá para reprenderle a usted, si alaba a los hombres por complacencia, para granjearse su aprecio, o por algún otro fin bastardo, aunque ese fin tenga como mira otra meta que sea buena, como en su caso.
Porque sé muy bien que no anda buscando usted ganarse la estima o el afecto de nadie más que para que progrese la gloria de Dios y el bien de la compañía; pero acuérdese de que la doblez no es agradable a los ojos de Dios y que no hemos de mirar más que a él para ser verdaderamente sencillos.
Dice usted además que uno de esos padres jesuitas predicó en su iglesia el día de su santo patrono, y desea usted saber si, en casos parecidos, conviene que les devuelva usted el favor, suponiendo que lo deseen.
No, padre, le ruego que se excuse, ya que nuestra manera de predicar es para las pobres gentes del campo y no tenemos gracia ni costumbre para predicar en las ciudades.
Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.