Carta · tomo IV

A UN CARTUJO

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
IV
Extensión
393 palabras
Página inicial
576
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1681 [1609,IV ,576-577] A UN CARTUJO Mi reverendo padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Leí su carta con respeto y ciertamente con gran confusión al ver cómo se dirige usted al más sensual y al menos espiritual de los hombres, a quien todos conocen como tal.

No dejaré, sin embargo, de exponerle mis humildes ideas sobre lo que usted me propone, no para aconsejarle, sino sólo por esa condescendencia que Nuestro Señor quiere que tengamos con el prójimo o, por mejor decir, por pura obediencia.

Empezaré diciéndole, mi reverendo padre, que me ha consolado mucho ver los deseos que usted tiene de unirse perfectamente a Nuestro Señor, la fidelidad con que le corresponde y los favores con que su divina bondad le distingue con frecuencia, las grandes dificultades y contradicciones que usted ha encontrado en los diversos estados por los que usted ha pasado y finalmente el gran amor que usted siente por esa gran maestra de la vida espiritual, santa Teresa.

Tomo IV · p. 576

Pues bien, aunque así sea, mi reverendo padre, creo que hay mayor seguridad en la vida común de su santa orden y en que se someta usted por entero a la dirección de su superior: 1.º porque es una máxima que el religioso debe aspirar a animarse del espíritu de su orden; de lo contrario, sería ser religioso de una orden solamente de hábito y no de espíritu Y como su santa orden es conocida como la más perfecta de la iglesia y por eso todos los demás pueden pasar a ser cartujos, tiene usted gran obligación de trabajar por la adquisición de este espíritu.

Y como el espíritu de su santa orden consiste en ________ Carta 1681.

— Reg. 1, f.º 21, copia sacada de «la minuta manuscrita». 538

Tomo IV · p. 576

el silencio, la soledad y la oración vocal, animada de la mental, por eso creo que hará usted bien en entregarse a Nuestro Señor para entrar en ese espíritu. 2.º Es una máxima que el espíritu de Nuestro Señor actúa mansa y suavemente, mientras que el del espíritu maligno obra con aspereza y acritud.

Pues bien, por todo lo que usted me dice de que sus impulsos son ásperos y duros y que le inclinan a aferrarse tenazmente a sus sentimientos en contra de los de sus superiores, aparte de que su complexión natural le inclina a ellos, por eso deberá usted resistirles.

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