Carta · tomo V
AL HERMANO SANTIAGO RIVET, EN TREGUIER
11 de febrero de 1654
1779 [1704,V ,73-74] AL HERMANO SANTIAGO RIVET, EN TREGUIER 11 de febrero de 1654 Alabo a Dios por su candor en descubrirnos todo lo que está ocurriendo en usted.
Estoy seguro de que sus tentaciones no prevalecerán.
Hay pocas personas que no estén sujetas a las que usted sufre, ni siquiera los más grandes siervos de Dios, que ha permitido que hasta los santos y los apóstoles se hayan visto probados de ese modo.
Pero su gracia basta para no sucumbir; y esa gracia se la da a todo el que la pida, sobre todo a los humildes y a los que, para no dar motivo a esas sucias tentaciones, huyen de las ocasiones.
Esto es absolutamente necesario.
Como usted ya ha superado semejantes peligros, gracias ________ 3.
La presencia de Renato Alméras en la región de Laón fue muy útil para el restablecimiento del culto.
En la Rélation de abril-mayo 1654 leemos: «El sacerdote de la Misión... ha reunido a los párrocos pobres por arciprestazgos; les ha infundido nuevos deseos de servir a sus parroquias.
Algunos han tomado dos o tres, en donde sólo quedan los restos de algunas pobres familias ocultas en cabañas o refugiadas en las iglesias.
Se les ha dado algunas sotanas y se les ha asegurado una pequeña ayuda todos los meses.
Se les han mandado ornamentos para sus iglesias y misales para celebrar misa.
Ha habido que cubrir algunas iglesias en el sitio del altar y hacer algunas ventanas, para impedir que la lluvia cayera sobre la santa hostia o que el ímpetu de los vientos se la llevase durante la celebración de los sagrados misterios.
En fin, estas visitas han sido tan fructuosas que puede decirse que no hay ya ninguna aldea, exceptuando sólo a una, que esté privada del consuelo de su pastor».
Carta 1779.
— Reg. 2, 330. 70
a Dios, incluso en los momentos más difíciles y en los que se encontraban también mezclados los honores y los intereses temporales, espero que los superará también ahora con su gracia, dada sobre todo su sinceridad en manifestarse y su disposición para seguir las órdenes de la santa obediencia.
Pues bien, se dice que el verdadero obediente hablará de sus victorias; esto es lo que me hace considerar que es segura la suya, con la gracia de Dios, a quien le ofrezco en mis oraciones.
No puedo contestar a fondo a su querida carta, ya que me urgen otros asuntos.
En conclusión, le ruego que venga para acá con el mensajero de la presente.
Le escribo al padre Pennier 1 que le dé lo que necesite.
Tendré mucha alegría en volver a verle, como puede usted imaginarse, lo mismo que también se alegrará mucho su madre, que se encuentra bien.
Le esperamos, pues, con ilusión y paciencia.
Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.