Carta · tomo V
A SANTIAGO DESCLAUX, OBISPO DE DAX
1788 [1712,V ,90-91] A SANTIAGO DESCLAUX, OBISPO DE DAX [1653 ó 1654] 1 Le confieso, señor obispo, que sentiría una gran alegría de verle por París, pero que también sentiría mucho que su venida fuera inútil, pues creo que su presencia aquí no puede conseguir absolutamente nada en unos tiempos tan calamitosos como los que vivimos, en los que esos males de que usted se queja son casi universales por todo el reino.
Por todo los lugares por los que han pasado los ejércitos se han cometido los mismos sacrilegios, los mismos robos y las mismas impiedades que en su diócesis; y no solamente en la Guyena y en el Périgord, sino también en Saintonge, en Poitou, en Borgoña, en Champaña, en Picardía y en otros muchos lugares, incluso en los alrededores de París.
Por todas partes los eclesiásticos, lo mismo que el pueblo, se ven muy afligidos y desolados, de forma que hay que enviar desde París a las provincias más cercanas ropa y trajes ________ 7.
Pedro Le Roy fue elegido canónicamente abad el 28 de abril de 1654 y dirigió la abadía de Mont-Saint-Eloy hasta el 17 de febrero de 1685, fecha de su muerte.
Fue, dice C ARDEVACQUE, L'abbaye du Mont-Saint-Eloy .
Arras 1859, 105, «una de las lumbreras de los estados de la provincia y en varias ocasiones obtuvo el honor de ser nombrado delegado en la corte por el clero.
El consejo de Artois asistió corporativamente a sus funerales».
Se encuentran detalles interesantes de su elección en o.c.
M OLINER, Histoire des chanoines réguliers de l'Ordre de St Augustin, 5 vol. in f.°, t.
III, f.° 144 s, en la biblioteca Sainte-Geneviève, ms. 604.
Carta 1788.
— ABELL Y, o.c., 1.
I, cap. 43, 203. 1.
El contenido de esta carta demuestra que fue escrita al final de las guerras de la Fronda y antes de 1655. 86
para que puedan cubrirse y algunas limosnas para ayudarles a vivir; si no, quedarían muy pocos sacerdotes para administrar los sacramentos a los enfermos.
De lo de dirigirse a los señores delegados del clero para que disminuyan los diezmos, dicen que la mayor parte de las diócesis están pidiendo lo mismo y que, como todas se resienten de las desgracias de la guerra, no saben sobre quién cargar esa disminución.
Se trata de un azote general con el que Dios ha querido probar a este reino.
Por eso, señor obispo, lo mejor que podemos hacer es someternos a la justicia divina, esperando que su misericordia ponga remedio a tantas miserias.
Si le nombran a usted diputado para la próxima asamblea general de 1655, será entonces cuando podrá justamente pretender que le concedan alguna ayuda a su clero 2 Nos consolará entretanto saber que continúa usted en su diócesis en la que hace tanto bien, incluso para el servicio del rey...
Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.