Carta · tomo V
A ESTANISLAO ZELAZEWSKI, EN VARSOVIA
27 de marzo de 1654
1797 [1721,V ,104-107] A ESTANISLAO ZELAZEWSKI, EN VARSOVIA París, 27 de marzo de 1654 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Su carta me ha llenado de alegría, dado que venía de una persona a la que tanto quiero y estimo; pero me ha traído tam________ Carta 1797.
— Archivo de Cracovia, copia del siglo XVII o XVIII 97
bién una gran pena, al ver la decisión que ha tomado usted de dejar la compañía, abandonando así la obra de Dios, precisamente cuando más obligación tenía, al parecer, de aficionarse a ella.
Ciertamente, si pensara usted en los planes de Dios, que le hizo venir a Francia y le ofreció la ocasión de entrar con nosotros y educarse en las letras, en la piedad y en las funciones eclesiásticas, que le condujo luego de nuevo a su país abriéndole al mismo tiempo las puertas para una enorme cantidad de bienes que puede usted hacer allí, permaneciendo en el estado en que le ha puesto, entonces no se empeñaría usted en apartarse de su vocación y en hacerse responsable en el día del juicio de haber perdido tan buenas ocasiones.
Dice usted que no está contento en la Misión.
Pero esto no es ninguna señal de que el Señor no lo quiera aquí, pues en cualquier lugar y condición en que estemos nunca encontraremos una satisfacción completa.
Esta vida está llena de molestias y de penas tanto espirituales como corporales; es una continua agitación, que les quita el descanso a los que creen poseerlo y aparta de él a quienes lo buscan.
¿ Acaso Nuestro Señor llevó una vida tranquila?
¿No experimentó personalmente las dificultades y las tribulaciones que nosotros tememos?
El fue hombre de dolores, ¿y queremos vernos nosotros libres de sufrimientos?
El sólo nos habla de la cruz para que podamos participar de su gloria, ¿y querríamos nosotros seguirle sin padecer nada?
Es imposible.
Hay que renunciar a sí mismo para servirle, y el evangelio de mañana nos asegura que el que ama su alma la perderá y que el que odia su alma en este mundo la guardará en la vida eterna 1.
Esto mismo puede servir también de respuesta al pretexto que pone usted para salirse, que no tiene salud, como si tuviéramos que preocuparnos de ella más que de la gloria de Dios.
Sabe muy bien usted cómo se encuentra ahora, pero no sabe cómo estará mañana.
¿Quién le ha dicho que dejando su vocación se pondrá mejor, o que conservándola seguirá usted con molestias?
Nadie lo sabe, y sin embargo, imaginándose lo que le puede pasar, quiere usted cometer una falta irreparable.
En la compañía vemos a otras personas que se encuentran con las ________ 1.
Jn 12, 25. 98
mismas molestias que usted, pero sin que se les ocurra marcharse por ello.
Yo mismo tuve esa enfermedad en mi juventud y me curé; espero que también curará usted cuando con los años se vaya templando su sangre.
Tampoco tiene que moverle a marcharse el pensamiento de su señora madre, ya que sabe usted muy bien lo que la reina dijo y lo que ha prometido la compañía hacer por ella; estoy seguro de que, si sigue siendo misionero, podrá atenderla usted mejor que si se volviera al mundo.
Después de todas estas razones tiene usted muchos motivos para temer que haya cierta ligereza en su conducta y que, por cierto espíritu de libertad, desee usted sacudirse el yugo de Jesucristo.
¿Qué le dirá usted el día en que le reproche la pérdida de tantas almas, si se niega usted a prestarles su ayuda, viéndolas en grave peligro de hundirse por falta de instrucción y de alientos para el bien?
Me responderá usted que sigue estando decidido a trabajar por su salvación fuera de la Misión, pero le diré que quizás haga usted lo mismo que algunos otros que se salieron y que, al verse privados de la gracia de su vocación, no han hecho casi nada de lo que se habían propuesto, disipándose muchos de ellos en sus vanas pretensiones.
El ejemplo de tantos eclesiásticos como hay en el mundo y que por amor a su propia comunidad evitan el trabajo, corren tras su ambición y se apegan a las satisfacciones de la vida presente, tiene que hacerle temer a usted que le arrastre también ese torrente, si se sale de la barca en la que Dios le ha puesto, en la que puede usted hacerle grandes servicios mediante las gracias que él le ha asignado en ella y los talentos que ha puesto en usted.
¿Cómo no va a temer que él le abandone si usted abandona la empresa que le ha confiado?
Y si la compañía llega a fracasar allí por culpa de usted, él le podrá presentar una cuenta muy severa, ya que con su salida habrá impedido que otros entren en ella; y por este escándalo, al dar a conocer que usted no aprecia su finalidad ni sus funciones, le quitará usted su buen olor y por consiguiente los medios para conseguir algún fruto.
Fíjese hasta dónde puede llegar la cosa y, en nombre de Dios, resista esta tentación. 99
En cuanto a lo que usted pide de quedarse con los misioneros sin ser de la congregación, trabajando con ellos pero permaneciendo en libertad, es algo que no consentiremos; nunca se lo hemos concedido a nadie; sería dar motivos a los demás para que se salieran e hicieran lo mismo, ya que naturalmente a todos les gusta la libertad, aunque hay que guardarse de ello como de un camino fácil que conduce a la perdición.
Así pues, le ruego que deje de pensar en ello y que se entregue a Dios para servirle durante toda la vida en la forma y en el estado en que él le ha puesto.
Tiene usted ahí unas ocasiones tan favorables que no puede usted rehusarlas sin ponerse en peligro de perderse usted y con usted una infinidad de almas; por el contrario, trabajando en la santificación de los demás asegurará usted su salvación y, conservándose en la Misión, la mantendrá usted y será la causa de que entren en ella por su ejemplo otros muchos polacos, para recibir en ella el espíritu eclesiástico y multiplicar los obreros en la viña del Señor, que tanto los necesita.
Para eso es para lo que ha sido usted llamado.
Espero que su divina bondad le concederá la gracia de perseverar por la intercesión de san Casimiro, a quien le encomiendo.
Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión
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