Carta · tomo V
A CARLOS OZENNE, SUPERIOR DE VARSOVIA
2 de abril de 1655
1938 [1857,V ,344-352] A CARLOS OZENNE, SUPERIOR DE VARSOVIA París, 2 de abril de 1655 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Le mando la respuesta a las preguntas que usted me hace pidiendo mi parecer sobre los siguientes puntos de su última ________ 2.
Primera redacción: dando para ello algún beneficio o renta 3.
Primera redacción: su afecto y su respeto 4.
Esta posdata es de mano del santo.
Carta 1938 (CA).
— Archivo de Cracovia, original. 322
carta.
Me pregunta usted si la compañía (me refiero a su familia) convendrá que asista a los banquetes a los que les convidan a algunos de ustedes.
Pues bien, le responderé que será conveniente que se abstenga de ellos y de que no acuda nunca, bajo ningún pretexto: 1.° Porque, comúnmente hablando, tiene que haber algo de malo en los banquetes cuando la Sagrada Escritura no da ninguna otra razón de la condenación del rico epulón, sino la de que estaba todos los días en banquetes y ricamente vestido. 2.° Porque la gula y la embriaguez son pecados ordinariamente mortales, y raramente tienen lugar esos banquetes sin excederse en la bebida y en la comida, que son actos de gula, y no es posible ir a esos lugares sin ponerse en peligro de caer en el mismo exceso. 3.° Porque aprobarían ustedes tácitamente el mal que se hace de ordinario en los banquetes, por no reprenderlos, a saber: la maledicencia, los excesos, la pérdida de tiempo y tantos otros males que allí ocurren y que uno está obligado a reprender. 4.° Porque de ordinario los que asisten a los banquetes hacen todo lo posible por obligar a los demás a los excesos en la comida y bebida, sobre todo cuando se trata de 1 sacerdotes o de religiosos; y si son personas distinguidas, nadie se atrevería a negarse a complacerles cuando invitan a beber a los demás; y es imposible dejar de emborracharse en esas 2 ocasiones. 5.° Porque siempre que va uno a los banquetes se pone en peligro de ofender a Dios y por consiguiente de perecer, al menos en urbanidad: qui amat periculum peribit in illo 3. 6.° Porque, asistiendo a esos banquetes, se pone uno en situación de no poder predicar contra ellos ni contra los abusos que allí se cometen. 7.° Porque de esa manera le priva usted a Dios de la gloria que él quiere obtener de la compañía, al llamarla a Polonia servirle quitando por completo o moderando los excesos que se cometen en los banquetes. ________ 1.
Tomo V · página PDF 323Palabra olvidada en el original. 2.
Palabra olvidada en el original. 3.
Eclo 3, 27. 323
8.° Porque una de las prácticas de esta compañía es no ir nunca a comer a la ciudad y nunca se ha oído que haya asistido jamás ninguno de la compañía a ningún banquete, en todos los treinta años que hace que se fundó.
Pues bien, padre, permítame que le diga que me extraña que usted haya ido 4 a los banquetes, o permitido que hayan ido otros, conociendo la costumbre de nuestra compañía, que incluso se abstiene de comer fuera de casa, a no ser en caso de necesidad o en algunos monasterios, como lo hizo el padre Alméras en casa de su padre enfermo en una sola ocasión durante los diecisiete años que hace que entró en la compañía.
Me extraña más todavía que haya sometido esto a discusión en su familia, ya que sabe muy bien que nunca jamás hay que deliberar sobre si hay que hacer alguna cosa que la compañía practica y de si hay que abstenerse de algo que ella reprueba, como en el caso de ir a comer a casa de personas externas 5.
Permítame también, padre, que le diga que me extraña que usted delibere, en presencia de todos los padres, lo que solamente debería proponer y deliberar con sus dos asistentes, ya que sabe usted que es ésta la práctica de la compañía y que nunca actúa de otra manera; que todas las cosas tienen que decidirse por el superior y por sus dos asistentes solamente, de forma que, si el superior es de una opinión y los asistentes de otra, puede y tiene que obrar según la suya si delante de Dios cree que es la mejor, con la condición de dar cuenta al visitador si se ha equivocado, ante la queja que los asistentes tendrán que presentar al dicho visitador.
Así es como le ruego que obre usted en adelante.
Y entonces hará usted lo que suele hacerse en las compañías más santas de la iglesia de Dios y como el bienaventurado obispo de Ginebra lo hace practicar a las hijas de Santa María, como podrá explicarle la madre de Polonia 6.
En una palabra, ésta es nuestra regla y nuestra práctica en todas nuestras casas.
Quizás me diga usted que no le he nombrado a sus asistentes.
Si no lo he hecho, nombro actualmente a los padres Des________ 4.
Primera redacción: me extraña que haya usted permitido que vayan. 5.
Primera redacción: como en los banquetes. 6.
La madre María Catalina de Glétain, superiora del convento de la Visitación de Varsovia. 324
dames y Guillot, a quienes ruego que se entreguen a Nuestro Señor para ello, y a usted, padre, que empiece cuanto antes con esta práctica, una vez que haya recibido la presente, y que continúe todas las semanas una vez, a no ser que algún asunto urgente requiera hacerlo con más frecuencia.
Acabo de hacer una digresión, al verme inducido a ello por la pregunta que usted me hace de cuál era mi opinión sobre la asistencia a los banquetes.
Pasemos a la segunda pregunta.
Pero me olvidaba de contestar a las objeciones que puede usted hacerme, de que se trata de un uso en ese país, que siguen hasta los religiosos.
Le respondo a ello en una palabra, ya que estoy muy atareado, diciéndole que, como esos banquetes están acompañados de ordinario del pecado de la gula y la embriaguez, la costumbre no puede prescribir nunca en contra de las prohibiciones que ha puesto Dios, y que por eso la costumbre no le excusa delante de Dios.
Y que, si los sacerdotes y los religiosos obran de otro modo, quizás es porque tienen más virtud para moderarse en esos banquetes, quedando en pie, a pesar de todo, que la compañía no debe acudir a ellos.
En cuanto a la segunda pregunta que usted me hace de si tienen que observar la cuaresma al estilo de Polonia o al de Roma y de todo el resto de la cristiandad, me parece, padre, que harán ustedes bien en seguir lo que se usa en Roma: ayunar todos los días, excepto el domingo, y no hacer más que una comida, la del mediodía, y la colación por la tarde, a saber, unas cuatro onzas de pan, un plato y un poco de fruta.
¡Qué vergüenza para nosotros, los sacerdotes, ver a las religiosas que no toman más que un trozo de pan por la noche con un poco de agua durante los ocho meses al año que ellas ayunan.
En cuanto a los viernes, pueden ustedes pasar a hacer abstinencia como aquí, si no es de temer algún motivo de escándalo.
La tercera cuestión es de si puede ir uno solo a visitar a los enfermos de la parroquia.
¡Ay, padre!
¡Hay que guardarse mucho de ir uno solo!
Cuando el Hijo de Dios mandó que los apóstoles fueran de dos en dos es porque veía los grandes males que hay en ir solos.
Pues bien, lo que él introdujo entre 325
los suyos, ¿quién querrá derogarlo en la compañía que tiene esta práctica por seguir su ejemplo?
La experiencia ha demostrado en un gran número de comunidades religiosas que es menester que la puerta de la enfermería quede abierta y las cortinas del lecho corridas en los monasterios de las religiosas, mientras están los confesores solos administrando los santos sacramentos y están al lado de las enfermas, por los abusos que ha habido en esos lugares y en esas ocasiones.
Un padre de la compañía me ha dicho que, estando una vez de confesor en un monasterio de religiosas le preguntó d una religiosa enferma, a la que acababa de administrar la extremaunción, si le quedaba acaso en el corazón alguna cosa que quisiera decirle, y ella le respondió que no tenía nada que decirle sino que moría de amor por él.
Estos son los inconvenientes que se originan en la visita a los enfermos del otro sexo; por eso los señores párrocos de París y ordinariamente todos aquellos que siguen la práctica de la virtud no van nunca solos a visitar enfermos.
Esto en lo que se refiere a la visita de los enfermos.
Lo mismo digo respecto a aquellos que van a la ciudad por cualquier motivo que sea.
No vale decir que son ustedes pocos en número; hay que ir menos a la ciudad.
Nosotros lo hacemos así y no vamos a la ciudad más que por necesidades urgentes.
Nunca le damos permiso a los seminaristas para ir a la ciudad; la mayor parte se perdían antes por eso, pero ahora viven como angelitos.
Lo mismo digo de los otros alumnos.
¡Ojalá lo hubiéramos hecho así hace veinte años!
La compañía habría hecho más progresos en la virtud y habría guardado mejor a esa juventud de como lo ha hecho.
En cuanto a los ropones no veo ningún inconveniente en que los lleven por la ciudad, y hasta forrados, si tenemos en cuenta el frío y que también los llevan los padres jesuitas; tampoco me parece mal que las mangas del ropón tengan la largura del brazo.
Convendrá que tengan ustedes un oratorio en su casa, en donde puedan hacer el examen y rezar el oficio, especialmente en invierno.
También convendrá que vuelvan ustedes a los exámenes públicos de la noche, que interrumpieron en invierno, así como también tener una campanilla a la puerta para llamar 326
a las personas por las que preguntan y, si es posible, hablar con las personas del otro sexo en la iglesia.
En fin, padre, le ruego que acomode todas las cosas a las prácticas comunes de la compañía, incluso la clase de comida y la cantidad que aquí se usa, sin cambiar la calidad ni aumentar la cantidad; le ruego que tenga la mano en esto, y sobre todo que la compañía se vaya haciendo cada vez más observante y cumplidora en todas las cosas.
Si así lo hace, puede estar segura de que responderá a los designios de Dios; si no, estará en contra de los planes que Nuestro Señor tiene sobre ella para la salvación del pobre pueblo y la santificación de los eclesiásticos.
¡Qué pena pensar que podría ser así!
Hay un párroco de Bretaña que acaba de publicar un libro en el que dice que los mayores enemigos que tienen la iglesia son los malos sacerdotes, y lo demuestra sin gran esfuerzo, añadiendo que Dios ha dado su espíritu a los sacerdotes de la Misión para remediar esta desgracia, pues trabajan en esta tarea con mucha bendición, así como también en la enseñanza de las cosas de la fe al pueblo de los campos, asistiéndoles, instruyéndoles y haciéndoles apreciar las virtudes cristianas.
¡Ay, padre!
¡En nombre de Dios, dé este tema de meditación a su familia e indíquele los medios que usted crea que puedan producir este efecto en ese sitio en que ustedes están!
Me gustará mucho que usted me diga cuáles han sido los sentimientos de la compañía sobre esos medios que ustedes señalarán en la repetición de la oración que tengan sobre esto.
Estas creo que son las preguntas que me hizo; las he contestado quizás un poco rápidamente, porque acabo de salir de una pequeña enfermedad que he padecido durante un mes y de la que he salido hace tres o cuatro días.
Me dice usted que el señor de Fleury les ha obtenido la concesión de un beneficio considerable.
¡Ay, padre!
¿Cómo se lo podremos agradecer?
Le confieso que la importancia de las obligaciones que tenemos contraídas con su incomparable bondad me llena de confusión hasta el punto de que no encuentro palabras suficientes para poder darle las gracias; lo haré esta vez en silencio, esperando hacerlo mejor que como lo he hecho hasta ahora, ya que me veo desconcertado por la grandeza de todos los beneficios que nos hace.
Pasado mañana celebraré con 327
gusto la santa misa para pedirle a Dios que sea él su recompensa por todos los bienes que nos ha hecho.
Me dice usted que el rey y la reina se van de viaje y que podrán llegar hasta Cracovia, y que sería conveniente que fueran con ellos algunos de la compañía para intentar allí alguna fundación.
A esto he de decirle, padre, que la compañía tiene como norma inviolable no solicitar nunca ninguna fundación, y así lo ha practicado hasta el presente, por la gracia de Dios, en cuyas manos nos hemos puesto para que nos ponga y nos funde donde a él le plazca; si me hace usted caso, así es como tiene que actuar siempre.
¡Qué dicha, padre, estar precisamente en donde él nos pone!
¡Y qué desgracia sería fundar en donde Dios no nos ha llamado!
Es preciso que seamos llamados por algún obispo o por un fundador; según esto, no envíe usted a nadie a aquel sitio con la idea de que intervenga en esa fundación.
Además, ¿a quién iba a poner usted de superior?
¡Ay, padre!
Sería menester que fuera una persona práctica en las normas de gobierno de la compañía, si fuera posible.
La experiencia nos ha hecho ver que muchos de los jóvenes a los que pusimos en el cargo de superiores, por muchas buenas cualidades de inteligencia y de manejo de las cosas del mundo que tuvieran, como éste es el enemigo de los verdaderos siervos de Dios que deben ser los misioneros... 7.
Según esto, es conveniente que su familia se esfuerce mucho en las virtudes sólidas, que se ejercite en las misiones del campo, en llevar el seminario, y después de esto es como estará preparada para extenderse, y no antes.
Le suplico, padre, que se lo haga entender así a la reina; y si a pesar de todo ello insiste Su Majestad, después de todo lo que le he dicho, no creo que el padre Desdames pueda todavía hacer este ensayo, mientras que los demás han salido de aquí muy jóvenes y sin ningún conocimiento del espíritu de la compañía; pero como tienen todos ellos buen espíritu y buena voluntad, espero que se formarán pronto bien, con la ayuda de Dios.
Si anteriormente di mi aprobación para que el padre Guillot 8 fuera a Suecia, es porque lo había llamado allá una persona que podía hacerlo, que era el señor em________ 7.
El santo ha dejado la frase sin acabar. 8.
Este nombre ha sido tachado en el original. 328
bajador, y por la necesidad que había; además no se trataba de gobernar a una familia en el espíritu de la compañía, sino sólo de hacer allí el mayor bien que pudiera como una persona particular.
Le ruego, padre, que me haga una copia de esta carta mal pergeñada, que le he escrito aprisa y corriendo y sin poderla leer de nuevo, y que me la envíe.
Entretanto abrazo a su pequeña familia con todo el cariño de mi corazón, postrado en espíritu a los pies de todos, y soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Le ruego que lea la presente a toda la compañía.
Al pie de la primera página: Padre Ozenne.
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