Carta · tomo V
A UN SACERDOTE DE LA MISION
1 de febrero de 1656
2087 [2003,V ,536-540] A UN SACERDOTE DE LA MISION 1 de febrero de 1656 No me ha sorprendido en nada su carta, como usted se imagina, pues está ya dicho que los que quieran seguir a Je________ 3.
Luis de Bassompierre (16491676). 4.
Ayuntamiento del distrito de Cognac (Charente).
Carta 2087.
— Reg. 2, 335. 512
sucristo tienen que sufrir la tentación 1.
Al contrario, me ha consolado mucho, tanto por ser la primera que recibo de usted como por venir de una persona a la que tanto quiero y cuya bondad tanto aprecio, desde que Dios le llamó a esta compañía, que siempre se ha sentido muy edificada con su ejemplo.
Por consiguiente, si ahora se encuentra usted inquieto por causa de sus parientes, y de una forma tan intensa que casi está usted a punto de ceder a sus insinuaciones, no tiene por qué extrañarse; es una prueba a la que Dios quiere someter su fidelidad para unirle más a él, después de haberse librado de este peligro; porque entonces reconocerá usted mejor que ahora que el mundo está lleno de engaños, ya que en lugar de las satisfacciones que promete no da más que preocupaciones de espíritu, tal como usted mismo acaba de experimentar; y si sigue sirviendo a Dios como hasta el presente, gozará usted de una paz abundante y divina, que es propia de los hijos de Dios, tal como ya la ha saboreado usted muchas veces.
¡Animo, pues, padre y no se rinda!
Si ha resistido usted durante quince días a las propuestas que le han hecho, es porque ha visto que van en contra de la voluntad de Dios y de su vocación; y si al final les ha prestado alguna atención, no ha sido sin lamentarlo mucho, pues sabía muy bien que no podía hacerlo en conciencia.
Por eso no ha hecho todavía nada, ya que sigue queriendo renunciar a la parroquia y mantenerse en el estado en que Dios le ha puesto.
Por eso, padre, creo que seguirá usted en su intención primera, si piensa bien en las siguientes razones: Primero, en la gracia de su vocación, en la que Dios le concede tantos medios para la perfección de su alma y para la salvación de otras muchas. «No sois vosotros los que me habéis elegido, dice Nuestro Señor; soy yo el que os ha escogido a vosotros» 2, Pues bien, él no se sentirá obligado a darle esas gracias en una vocación distinta de la que le ha llamado.
Segundo, en las bendiciones que hasta el presente ha querido Dios conceder a todos sus ejercicios, por medio de los cuales ha hecho muchos bienes dentro y fuera y que, aparte ________ 1. 2 Tim 3, 2.
Jn 15, 16. 513
del mérito que con ello habrá adquirido delante de Dios, le Han granjeado el aprecio y el afecto de todo el mundo.
Tercero, en la promesa que ha hecho a Dios de servirle en esta pequeña congregación; si falta usted a la palabra dada a Dios, ¿podrá alguien fiarse de usted?
Cuarto, en aquellas palabras de Nuestro Señor: «El que no deja a su padre y a su madre por amor a mí no es digno de mí» 3.
Gracias a Dios, dejó usted a los suyos para entregarse enteramente a él; ¿qué ocurriría si ahora abandonase usted a Dios para volver a sus padres?
Quinto y último, en la pena que sentiría usted en la hora de su muerte y en lo que tendría que responder en el juicio de Dios, si por respeto humano o por algún bien temporal o por pasar la vida más cómodamente o por todo esto juntamente, aunque bajo otros pretextos, cayera usted en la infidelidad que acabamos de decir y perdiese la ocasión que ahora tiene de hacer avanzar la gloria de nuestro Amo, tanto entre los eclesiásticos como entre el pobre pueblo.
¡No quiera Dios que le caiga semejante desgracia!
Quizás le dirán, como ya le han dicho, que en todas partes puede usted conseguir la salvación y que una parroquia es una continua misión.
Es verdad; pero también le respondo que es muy difícil, por no decir imposible, salvarse en un lugar y en un estado en el que Dios no nos quiere, sobre todo después de haberse salido sin motivo alguno de una verdadera vocación, tal como ha reconocido usted que era la suya.
Siendo esto así, tendría usted muchos motivos para temer que llegara a faltarle la gracia para las funciones de una parroquia, así como para su propia perfección, puesto que habría querido reducir sus ocupaciones a un solo lugar, a pesar de que su Providencia le destinaba a muchos otros.
Si dice usted que le faltan las fuerzas para las funciones de la compañía, ya sabe usted, padre, que por la gracia de Dios nuestras funciones son muy variadas, que los ejercicios de cada uno se acomodan a la salud y al talento que tiene, y que los que más trabajan tienen sin embargo menos faena que un párroco del campo que quiera cumplir debidamente con su obligación. ________ 3.
Mt 10, 37. 514
Si se le objeta que está usted más obligado con las almas de sus paisanos que con las de los extraños, dígales con energía que una misión que podría usted tener en su parroquia les haría mucho más bien en un mes o en tres semanas que el que pudiera usted hacerles, viviendo entre ellos, durante toda su vida.
La razón de esto es que el trato frecuente disminuye la estima y con frecuencia la quita por completo; y entonces uno es incapaz de producir ningún fruto.
Por eso es muy raro que uno sea profeta en su patria.
Nuestro Señor volvió una sola vez a Nazaret y en aquella ocasión sus paisanos quisieron precipitarle desde lo alto de un monte.
Quizás permitió aquello para enseñarles a los obreros evangélicos que les puede suceder, por volver a su patria, que corren el peligro de perder la buena fama que han adquirido con sus obras y de caer en algún desorden y vergüenza.
Por eso mismo no quiso tampoco que dos de sus discípulos se volvieran a casa de sus padres, cuando le pidieron permiso, uno para ir a enterrar a su padre que acababa de morir y otro para vender sus bienes y repartírselos a los pobres.
Si dice usted que se siente obligado a asistir a su madre, esto es verdad solamente en el caso de que ella careciera de las cosas necesarias para la vida y que, sin su socorro, se viera en peligro de morir de hambre; pero, gracias a Dios, dispone de algunos bienes de este mundo y puede prescindir de usted en el futuro, lo mismo que ha hecho hasta ahora.
Pero podré impedir, me dirá usted, los procesos y las divisiones en mi familia.
Puede ser que lo consiga, pero no es tan seguro; más bien lo que debe temer usted es que su madre, sus hermanos y hermanas le atraigan a su pasión y le enreden juntamente con ellos en su,s intereses temporales.
Suele ocurrir esto con frecuencia a los eclesiásticos que intentan mezclarse en esos asuntos.
Podía finalmente añadir usted que ya se ha comprometido a ese beneficio y que al señor..., que se lo ha conferido, podría parecerle mal que usted renunciara al mismo, después de haberlo aceptado.
Ciertamente, padre, más vale quedar mal con los hombres que fallarle a Dios, puesto que no puede usted satisfacer a uno y a los otros en esta ocasión, por haber renunciado a toda clase de beneficios por amor al mismo Señor. 515
Tomo V · página PDF 515Pero no creo que ese buen señor se moleste, sino al contrario, que se quedará muy edificado al ver que, para cumplir con su primera resolución, le devuelve el beneficio.
Por todas estas razones, padre, quiero esperar que de nuevo se pondrá usted en manos de Dios para servirle en la compañía, según sus eternos designios, sin volver a pensar más ni en la parroquia ni en sus parientes, más que para alejarse de ellos efectiva y afectivamente, y para encomendarlos a su misericordia.
De esta forma su divina bondad seguirá derramando sobre usted sus bendiciones y, por medio de usted, sobre las almas que estén en contacto con usted.
Así se lo pido de todo corazón.
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