Carta · tomo VI

A JUAN MARTIN, SUPERIOR DE TURIN

14 de julio de 1656

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VI
Extensión
869 palabras
Página inicial
30 (PDF)
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2186 [2100,VI,26-29] A JUAN MARTIN, SUPERIOR DE TURIN París, 14 de julio de 1656 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Desde que está usted en Turín, recibo sus cartas con más frecuencia que cuando estaba en misiones.

La del 1 de este mes ________ 5.

La carta 2183. 6.

El asunto no se llevó a cabo.

Puede leerse en los Etudes de los padres jesuitas, t. 150 (20 marzo 1917) 703-718, un interesante artículo de R.

RISTEL-HUEBER sobre L'etablissement des missionaires français au Liban Carta 2186 (CF).

— Archivo de Turín, original. 30

Tomo VI · página PDF 30

me dice que han tratado en el senado de la conveniencia de echarles como perturbadores de la paz pública; pero, como se trataba de falsos informes, Dios ha deshecho esa tempestad.

Nunca tenemos que decir ni hacer nada en contra de las leyes y de los impuestos de los príncipes, pues ellos creen, y con motivo, que su dominio es de derecho divino.

Nuestro Señor no fue en contra de ellos; al contrario, cuando sospecharon de él, para demostrar a sus acusadores que no tenían razón, les pidió que le enseñaran una moneda y viendo allí la imagen del César, les dijo que había que dar al César lo que era del César, y prefirió hacer un milagro antes que dejar de pagar el tributo que le pedían, aunque tenía pleno derecho para quedar exento de él.

Le ruego que haga comprender bien esta verdad a todos los que están trabajando con usted, a fin de que no se les escape nada en contra de las órdenes del soberano.

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Me gustaría mucho saber quién es el que ha ido tan adelante que no ha querido acomodarse a los sentimientos del resto de la compañía, a no ser que se sienta usted obligado a callar su nombre, asegurándole que guardaré el debido secreto, si me lo dice.

La nueva propuesta que le ha hecho el señor marqués de Pianezza supera toda obligación, no sólo por la bondad incomparable que demuestra al interesarse tanto por el progreso de nuestra pequeña compañía, como por las grandes ventajas que intenta concederle; ¡quiera Dios hacernos dignos del honor que nos hace!

La respuesta que usted le dio sobre esos buenos padres es muy prudente y muy conforme con el espíritu por el que tenemos que dejarnos guiar; aunque hubiera pensado usted más en ello, no habría podido darle una respuesta mejor.

¡Que Dios nos guarde de pretender establecernos sobre las ruinas de otros!

No obstante, si ellos dan motivos para que los echen de un sitio y los poderes espirituales y temporales creen conveniente ponernos en su lugar, sin que lo hayamos buscado nosotros, entonces se trata de una vocación de Dios, a la que tenemos que someternos.

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Si este asunto sigue adelante, haga el favor de comunicármelo.

Hemos aceptado la fundación de dos misas diarias por las 400 libras de renta que le ofrece ese buen señor.

Me parece 31

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que ya se lo había dicho; pero todavía no hemos podido enviarle ni al sacerdote con el que hay que incrementar el número de ustedes, teniendo en cuenta su fundación, ni al que usted nos pedía para sustituir al Padre Deheaume.

Estamos esperando que regrese nuestra gente que está trabajando desde hace tres meses en Borgoña y en Normandía, ya que tendremos que escoger de entre ellos a los dos obreros que usted pide.

Procuraremos que les acompañe un hermano y seguiremos ofreciendo a Dios a su familia, a su persona y su gobierno, para que quiera su divina bondad sacar gloria de todo ello.

Por aquí no tenemos más novedad que la del regreso del Padre Berthe.

Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor.

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Lo que desea el señor marqués ¿es que le enviemos dos sacerdotes por esas 400 libras para las dos misas, o bien que enviemos otro sacerdote y que la comunidad se encargue de celebrar las dos misas indiferentemente y mandarlas decir cada día?

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Eso de enviar dos sacerdotes para que se encarguen de celebrar la misa todos los días por ese mismo fin, nos resultará difícil hacerlo pues no habrá probablemente quienes se quieran encargar de ello.

Cada uno tiene sus devociones particulares y sus compromisos con sus parientes y amigos, vivos y difuntos, y les costaría privarse del derecho de celebrar alguna vez por su intención y por sus parientes.

Los reverendos padres jesuitas son muy circunspectos en mandar decir misas a sus padres por la razón que he dicho; tampoco nosotros hemos querido encargarnos de ello, por la misma razón, a no ser con ocasión de las fundaciones que se hacen, así como tampoco de ir a hacer misiones en ciertos lugares cada cinco años, como hacíamos al principio, ya que esas fundaciones ocuparían a la compañía, de manera que al poco tiempo no se podría acudir a otros sitios adonde nos obligaría a ir otra necesidad más acuciante.

No me acuerdo del número de misas con que se han cargado ustedes por su fundación; le ruego que me lo indique, así como también la intención del señor marqués y su opinión sobre todo antes de 32

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aceptar ningún compromiso.

Ese buen señor es tan razonable, que no creo quiera obligarle a nada que no se pueda ejecutar 1.

Dirección: Al Padre Martín.

Tomo VI · p. 29

Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.

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