Carta · tomo VI

A MARIA ANTONIETA BRIDOUL

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VI
Extensión
405 palabras
Página inicial
102
Ver tomo

2243 [87,XV ,108-109] A MARIA ANTONIETA BRIDOUL 1, ABADESA DE LAS BRIGIDAS DE ARRAS [Comienzos de octubre de 1656] 2 Al final de su vida, la madre María Antonieta Brioul mandó escribir al reverendo Padre Vicente de Paúl, fundador y primer superior general de los misioneros en Francia, esperando que este santo personaje le daría algún buen consejo y aliento, como lo hizo efectivamente.

Pero su respuesta llegó después de la muerte de esta buena madre, a la que Dios quiso privar de este gozo y consuelo.

Tras un saludo muy urbano y afectuoso, el reverendo Padre declaraba que había sentido un gran deseo de poderla aliviar, ayudar y servir, al menos con sus oraciones, y añadía estas palabras: ________ Carta 2242.

— Reg. 2, 135.

Carta 2243.

— Original perdido; extracto de Abregé de la Vie de la vénérable dame Marie-Antoinette Bridoul, très digne abbesse du Monastère de Notre-Dame de la Sainte-Espérance.

Lille 1667, 110, este extracto fue publicado con una introducción en los Annales de la C.

M. (1959) 399-401. 1.

Tomo VI · p. 102

María Antonieta Bridoul nació en Lille en 1950, ingresó en las Brígidas de Arras donde profesó en ]611; elegida abadesa en 1623, ocupó el cargo hasta su muerte, el 13 de octubre de 1656. 2.

Fecha probable, según los datos que nos ofrece el texto que publicamos: «al final de su vida» (falleció el 13 de octubre de 1656); por otra parte, la respuesta de san Vicente llegó después de la muerte de la madre María Antonieta. 99

Tomo VI · p. 102

Así lo he hecho con nuestra comunidad, para que quiera la divina bondad aliviarle en sus penas; me parecen tan sensibles que tengo compasión de usted.

Hablo según la carne, pues según el espíritu la juzgo dichosa de verse probada de ese modo, ya que ese trato tan riguroso sólo se les da a las almas que Dios quiere y sobre las que tiene designios extraordinarios.

Nunca he visto a ninguna persona de mala vida llena de esas aflicciones, pues Nuestro Señor sólo permite eso en las almas a las que desea santificar.

Y después de haberla alentado con hermosas razones a seguir el ejemplo de Nuestro Señor, acababa su carta diciendo que con ello obtendrá un aumento de felicidad que sólo podrá conocer en el cielo, si muere en esa cruz; su paciencia se verá coronada y sus dolores se transformarán en goces eternos.

Viva con esta esperanza y permanezca humildemente sometida a la voluntad amorosa de su divino Esposo, en el que soy, etcétera.

Tomo VI · página PDF 100

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