Carta · tomo VI

A SOR MARGARITA CHÉTIF

21 de octubre de 1656

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VI
Extensión
785 palabras
Página inicial
109 (PDF)
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2250 [2160,VI,113-116] A SOR MARGARITA CHÉTIF París, 21 de octubre de 1656 Hermana: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

La señorita Le Gras me ha puesto al corriente de la carta que usted le ha escrito y hemos tratado juntos de la propuesta ________ 1.

Esta posdata es de mano del santo.

Carta 2250 (CF).

— Archivo de las hijas de la Caridad, original. 109

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que usted le hace de llevar sarga en la cabeza, según se acostumbra en esa región.

He de decirle, hermana, que la razón que usted indica no tiene por qué inclinarle a ese deseo.

Dice usted que es por la vergüenza de que, al estar en la iglesia con un tocado diferente de las demás, todo el mundo se pone a mirarlas; pero yo creo que es el orgullo el que le da esa vergüenza, si no activamente, al menos pasivamente, haciéndole creer que en esas miradas hay algún desprecio, de modo que aceptando eso aceptarían ustedes una imperfección.

Además, crearía usted una división en su compañía, que debe guardar la uniformidad en todo; porque, si en Arras las mujeres se cubren de una manera, resultará que en Polonia e incluso en Francia se cubrirán de otra.

Y si siguen ustedes esas modas, nacerá la diversidad.

¿No van los capuchinos y los recoletos vestidos del mismo modo por todas partes, sin que la diferencia con el vestido ordinario de los pueblos en donde viven les obligue a cambiar sus hábitos, ni tampoco la vergüenza de ir con un paño burdo y con los pies desnudos como van?

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La misma iglesia es tan rígida en querer que los eclesiásticos vayan siempre debidamente vestidos que, si un sacerdote deja su sotana, lo declara apóstata de hábito.

Nuestro Señor no cambió el suyo cuando fue a Egipto, aunque sabía muy bien que sería menospreciado por ello; y cuando fue llevado de Herodes a Pilato, dejó que le cubrieran con un hábito vergonzoso.

Por tanto, hermana, no creo que después de este ejemplo del Salvador quieran evitar ustedes un poco de confusión, ya que no podemos ser sus hijos más que amando lo que él ama; y si el profeta dijo de él que, cuando le daban un bofetón en la mejilla, presentaba la otra, ¡cuán lejos estaríamos de seguirle si, en vez de buscar las ocasiones de extender nuestros sufrimientos, rechazásemos las más pequeñas que se nos ofrecen!

Por eso, hermana, le conjuro, por ese deseo que usted tiene de hacerse agradable a Dios, que soporte con paz esa humillación que sufre con esa manera de fijarse en ustedes.

Quizás no sea tanto como usted se imagina; y aunque así fuera, sería sólo por la novedad, que poco a poco se irá convirtiendo en costumbre.

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Pero incluso me gustaría que siguieran fijándose en ustedes; ¿no es preferible edificar a esas personas con su modestia que 110

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ocultarse bajo un trozo de tela, por falta de humildad?

El santo recogimiento, tan conveniente en las iglesias, les pondrá perfectamente a cubierto de ese inconveniente, sobre todo porque no verán ustedes si alguien se está fijando; y su recogimiento les advertirá al mismo tiempo de la forma como hay que comportarse en esos lugares sagrados.

Y si, por ser diferentes del vulgo tienen que soportar alguna broma, bendigan a Dios por ese medio que les ofrece para abatir la soberbia y pisotearla con su humildad.

Además de todos esos bienes, hermana, harán ustedes otro muy importante: que conservarán la uniformidad en la compañía, sin hablar de la dicha inestimable que alcanzarán por hacerse semejantes a Nuestro Señor; y esto lo deben ustedes apreciar mucho, ya que su vocación las hace hijas suyas de una manera particular y, en calidad de tales, tienen que procurar parecerse a él en la práctica de las virtudes.

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No dudo de que habrá otras personas que le indicarán razones muy poderosas en contra de lo que le he dicho; pero serán razones humanas que proceden de los sentimientos de la naturaleza y no razones cristianas y saludables, como son las que le he expuesto.

Pido a Nuestro Señor que les conceda la gracia de cumplir su santa voluntad en todas las cosas, como han hecho hasta el presente, que la una a usted cada vez más con sor Radegunda, a la que saludo.

Me encomiendo a las oraciones de ambas, ya que soy de las dos, en el amor de Nuestro Señor, su más afectuoso servidor.

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Estamos esperando que se presente alguna ocasión o mensajero para enviar a los padres Canisius y Delville el... 1 que nos pedían.

Dirección: A sor Margarita Chétif, hija de la Caridad, sirviente de los pobres enfermos, en casa de la señorita Le Flond, delante de los capuchinos de Arras. ________ 1.

Una palabra ilegible. 111

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